Podemos aprender aquí algo acerca de cada uno de los personajes de esta historia.
(i) Se nos revela Herodes.
(a) Era una curiosa mezcla. Temía y respetaba a Juan al mismo tiempo. Temía la lengua de Juan, y sin embargo encontraba placer en escucharle. No hay nada en este mundo tan extraño como la mezcla que se da en algunos seres humanos. Les es característico el ser tales mezclas. Boswell, en su Diario de Londres, nos dice que asistía a la iglesia y participaba del culto al mismo tiempo que hacía sus planes para encontrarse con una prostituta en las calles de Londres aquella misma tarde. Lo raro de algunas personas es que están igualmente atraídas por el pecado y por la bondad. Robert Louis Stevenson habla de personas « aferrándose a los restos de la virtud en el burdel o en el patíbulo.» Sir Norman Birkett, el famoso consejero de la Reina y juez, dice de los criminales que había juzgado: «Puede que intenten evadirse, pero no pueden; están condenados a una cierta nobleza; a lo largo de toda su vida los sigue a los talones el deseo del bien, el implacable cazador.» Herodes era capaz de temer y amar a Juan al mismo tiempo; podía aborrecer su mensaje, y sin embargo no podía sustraerse a su atractivo. Herodes no era más que un ser humano. ¿Somos nosotros tan distintos de él?
(b) Herodes era una persona que actuaba por impulso. Le hizo aquella promesa insensata a Salomé sin pensar en las consecuencias. Puede que la hiciera cuando estaba ya más que medio bebido. Que cada uno tenga cuidado. Que piense antes de hablar. Que nunca se encuentre por autoindulgencia en un estado en que pierda sus poderes de juicio y sea capaz de hacer cosas que luego le van a pesar.
(c) Herodes tenía miedo al qué dirán. Le cumplió su promesa a Salomé porque se la había hecho delante de su pandilla, y no quería quedar mal. Le tenía miedo a su risa y burla y chistes. Le tenía miedo a que le tuvieran por débil. Muchas personas han hecho cosas que después han lamentado amargamente porque no tuvieron el coraje moral de hacer lo que debían. Muchas personas se han hecho a sí mismas aparecer peores de lo que son porque le tenían miedo a las risas de sus supuestos amigos.
(ii) Salomé y Herodías se nos revelan aquí totalmente. Herodías tenía una cierta grandeza. Unos años después de esto, su Herodes procuró conseguir el título de rey. Se fue a Roma a solicitarlo. En vez de dárselo, el emperador le desterró a la Galia por tener la insolencia y la insubordinación de pedir tal título. Se le dijo a Herodías que no tenía necesidad de compartir el destierro de Herodes, que podía ser libre; pero ella contestó con orgullo que iría donde fuera su marido.
Herodías nos muestra lo que es capaz de hacer una mujer amargada. No hay nada mejor en el mundo que una buena mujer, ni nada peor que una mala. Los rabinos judíos tenían un dicho pintoresco. Decían que una buena mujer podía casarse con un mal hombre, y hacerle tan bueno como ella. Pero también decían que un buen hombre nunca debía casarse con una mala mujer, porque ella le arrastraría inevitablemente a su propio nivel. Lo malo de Herodías era que quería eliminar, y eliminó, al único hombre que tuvo el coraje de enfrentarla consigo misma. Ella quería vivir su vida sin que nadie le recordara sus fallos. Ella asesinó a Juan para poder vivir a su aire en paz. Se olvidó de que, aunque ya no tuviera que enfrentarse con Juan, todavía tenía que enfrentarse con Dios.
(iii) Juan el Bautista se nos revela totalmente como un hombre de coraje. Era un hijo del desierto y de los amplios espacios abiertos, y el encerrarle en las mazmorras oscuras de Maqueronte tiene que haber sido el colmo de la tortura más refinada. Pero Juan prefería la muerte a la falsedad. Vivía para la verdad, y murió por la verdad. La persona que les trae a sus semejantes la voz de Dios hace el papel de su conciencia. Muchos acallarían su conciencia si pudieran; así es que el que habla de parte de Dios siempre tiene que arriesgarse a sí mismo y su vida.
LO PATÉTICO DE LA MULTITUD
Marcos 6:30-34
Los apóstoles se reunieron otra vez con Jesús, y Le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Y Jesús les dijo:
-Veníos a un lugar tranquilo, a descansar un poco de tiempo.
Porque había tanto jaleo que no podían encontrar tiempo ni para comer. Así es que se marcharon en la barca a un lugar solitario ellos solos. Pero muchos los vieron marcharse, y los reconocieron; y fueron corriendo juntos de todos los pueblos de por allí, y se les adelantaron.
Cuando Jesús desembarcó, vio una gran multitud, y se Le conmovieron las entrañas de piedad, porque Le parecían como ovejas que no tenían pastor; y Se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando los discípulos volvieron de su misión, informaron a Jesús de todo lo que habían hecho. Las multitudes a la expectativa eran tan insistentes que Jesús y los Suyos no tenían tiempo ni para comer; así es que Jesús les dijo a los apóstoles que fueran con Él a un lugar solitario al otro lado del lago para tener tranquilidad y descansar un poco de tiempo.
