Ruth 1:15 Y Noemí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus dioses; vuélvete tú tras ella.
Ruth 1:16 Respondió Ruth: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
El pueblo. Esta palabra, que aparece cerca de dos mil veces en el Antiguo Testamento, se refiere a un grupo de seres humanos unidos como una nación. Dios llama frecuentemente a Israel ami que literalmente quiere decir «mi pueblo», o haam «el pueblo». Am en contraste con goi se refiere a una nación vista desde dentro.
Ruth era una moabita, pero eso no le impidió adorar al Dios verdadero, ni tampoco impidió a Dios aceptar su adoración y colmarla de grandes bendiciones. Dios no amaba únicamente a los judíos. Dios eligió a los judíos como instrumento para que el resto del mundo lo conociera. Esto se cumplió cuando Jesús nació como judío. A través de El, todo el mundo puede conocer a Dios. «Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia». Dios acepta a todos los que lo adoran; actúa a través de las personas sin importar raza, sexo o nacionalidad. El libro de Ruth es un ejemplo perfecto de la imparcialidad de Dios. Aunque Ruth provenía de una raza a menudo despreciada por los israelitas, fue bendecida por su fidelidad. Llegó a ser la bisabuela del rey David y un antepasado directo de Jesús.
Ruth 1:17 Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.
Ruth insiste: No me ruegues que te deje y me aparte de ti . Su muy citada frase de sumisión no constituye una mera reacción emocional, sino que se proyecta más allá de la amistad, como un acto de fe. Así me haga Jehová da a entender que Ruth comprende la naturaleza de Jehová. Ella invoca su nombre en un juramento. Su compromiso se funda en un acercamiento al Dios vivo, a quien ha conocido por intermedio de Noemí.
Ruth 1:18 Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más.
Estaba tan resuelta connota estar firmemente decidida.
Ruth 1:19 Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemí?
La forma como recibieron a Noemí sugiere que pertenecía a una familia de la aristocracia local.
Ruth 1:20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí,[a] sino llamadme Mara;[b] porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.
Noemí compara el dulce significado de su nombre con lo amargo de su suerte.
Ruth 1:21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?
Noemí experimentó varias penurias. Abandonó Israel casada y segura; regresó viuda y pobre. Se cambió el nombre para expresar su amargura y el dolor que sentía. Noemí no rechazaba a Dios al manifestar abiertamente su dolor. Sin embargo, tal parece que perdió la visión de los tremendos recursos que tenía en su relación con Ruth y con Dios. Cuando enfrente momentos amargos, Dios recibirá con agrado sus oraciones sinceras, pero cuídese de no pasar por alto el amor, la fuerza y los recursos que El provee en las presentes relaciones. Y no permita que la amargura y la desilusión lo cieguen ante las oportunidades.
