La sección termina con un breve anuncio nupcial: Boaz tomó a Rut, y ella fue su mujer.
La letra de la ley
Boaz insistió en cumplir con la ley en forma exacta. No quería reclamos posteriores de un pariente más cercano. Vale la pena hacer las cosas en forma legal.
1. Las leyes son para la protección de la mayoría. Aunque a veces no conviene a uno, es lo mejor para todos.
2. Las leyes dan legitimidad a los asuntos. Los arreglos entre hermanos a veces se vuelven amargos, y si no hay arreglo legal, puede crear problemas graves.
3. La legalización de las relaciones da seguridad, tranquilidad y permanencia a la relación. Es importante para el matrimonio, para la adopción de hijos y para contratos de negocios.
Una herencia agradable
1. Para Boaz: la felicidad del matrimonio y el hogar.
2. Para Rut: la seguridad y la oportunidad de tener prole.
3. Para Noemí: la tranquilidad de ver que su nuera estaba en buenas manos.
Nace un hijo y Noemí es restaurada a plenitud
El anuncio del primogénito de Boaz y Rut es acompañado de un reconocimiento: Si bien es cierto que la procreación requiere la unión sexual de un hombre y una mujer, es realmente Jehová quien permite la concepción y quien protege y provee durante el embarazo para que al fin de los nueve meses la mujer dé a luz. Y aunque, físicamente hablando, el nacimiento de este niño no tenía nada que ver con Noemí, legalmente llega a ser considerado su nieto, hijo del primer marido de Rut. El autor en estos versículos cumple su propósito de mostrar la resolución a la problemática de la muerte y la desolación que Noemí había experimentado en Moab. Ahora, en vez de muerte, hay un nacimiento; en vez de la sepultura, una cuna; en vez de callejón sin salida, un nuevo camino, con todas las posibilidades imaginables. Y las mujeres del pueblo, que habían escuchado, y seguramente se habían unido al lamento de Noemí cuando volvió a Belén con las manos vacías, ahora prorrumpen en alabanzas y profecías de bienestar:
(1) Alaban (esto es, dan gracias) a Jehová Dios porque le ha dado a Noemí un “pariente redentor” (la referencia podría ser a Boaz, pero probablemente es al niño recién nacido).
(2) Piden a Dios un lindo futuro en Israel para el bebé (efectivamente llega a ser el abuelo del rey David).
(3) Profetizan que el niño será una bendición para Noemí, especialmente en su vejez (él será el canal que Dios usará para la completa restauración de Noemí a plenitud de vida; seguramente lo fue).
(4) Reconocen que el “nieto” viene a Noemí, cortesía de Rut, como podemos decir, y que el amor que Rut ha tenido para con Noemí equivale por siete hijos.
(5) Lo aceptan como hijo legítimo de Noemí (!Un hijo le ha nacido a Noemí!).
(6) Y le ponen nombre: Obed. (Extraña, tal vez, que las vecinas le dieron nombre; y algunos críticos procuran encontrar aquí evidencia de trabajo editorial en el texto; pero no tiene que ser así, y ganamos más aceptando el texto como está.
La familia llega a conectar con el linaje real
La historia de Noemí y Rut, como mujeres que también edificaron la casa de Israel, está completa: No sabemos más de Rut y Boaz, de ninguna otra fuente; pero lo más probable es que hayan realizado sus vidas con la plenitud que las mujeres profetizaron para Noemí con su “nieto” Obed. Los nombres de Boaz y Rut aparecen en la genealogía que Mateo da de Jesucristo, y el de Boaz aparece en la que Lucas da del Salvador como también en la genealogía de Judá hasta David.
El libro termina donde el autor quería llegar: a David. La familia de Noemí, Rut y Boaz llega a conectar con el linaje real del segundo rey de Israel, David.
Y cualquier lector cristiano fácilmente hace el salto al “Hijo de David” que llegó “cuando vino la plenitud del tiempo” para ser no sólo el Goel (Redentor) de una familia ni de una nación sino de toda la humanidad.
