Otra manera de verlo, que parece preferible, es entender la primera palabra como un título llamativo que introduce el versículo: “Oráculo: La transgresión (o rebelión) pertenece al impío, está dentro de su corazón.”
Así se aclara lo que el salmista quiere mostrar, que el problema del impío es profundo, es la rebelión contra Dios que está en su corazón. Por no reconocer a Dios, el impío mismo viene a ser la medida de la moralidad. Su propio orgullo le ciega tanto que no puede detectar ni odiar su propio pecado. (El versículo 2 también es difícil de traducir. Literalmente es: “Se lisonjea… [demasiado] para encontrar su iniquidad y odiarla”.)
Este orgullo y la ceguera resultante afectan sus palabras y sus hechos. Sigue un camino de degeneración, pues ha dejado de ser sensato porque dejó el temor de Dios que es el principio de la sabiduría. Está preso por su propia maldad y por fuerzas malignas.
En su cama indica el rumbo de su vida. Lo que uno piensa cuando se despierta en la noche, a menudo muestra lo que está en su corazón. Lo que uno no hace también define su maldad. El temor de Jehová también es aborrecer el ma.
La bondad de Jehová
La primera estrofa sirve de contraste para resaltar la misericordia de Dios. Ahora el salmista llega a la médula de su mensaje, la grandeza del amor de Dios. Usa las figuras superlativas más grandes que conoce; la misericordia de Dios no tiene límites.
La justicia y los juicios de Dios son parte de la misericordia de Dios. También son grandes sin límites; y esta grandeza nos invita a explorarlos. Aunque hay mucha maldad en el mundo y pareciera que la injusticia predomina, la justicia de Dios prevalecerá. El pone límites a la maldad, sigue obrando en todo el mundo, conservas (o “preserva”, lit. salva) al hombre y al animal.
¡Cuán preciosa… tu bondad! (jesed). Esta bondad de Dios no es impersonal y lejana, está disponible para los hijos del hombre, pueden “refugiarse” en Dios mismo, porque Dios se interesa en y se compadece de cada uno. Lo que comparte Dios generosamente con sus hijos, el versículo 8 lo explica con figuras de abundancia, paz y satisfacción.
El manantial de la vida. Dios es la fuente de vida en todo sentido, material y espiritual. El nos creó, y creó y sostiene todo aquello de lo que depende la vida. En lo espiritual, él es la única fuente; el salmista sabe que no hay ningún sustituto para la comunión con Dios. La luz sugiere gozo, pureza y verdad. Dios comparte lo que él es con los que tienen comunión con él.
Una oración
El salmista nos da un buen ejemplo: primero alaba a Dios por su misericordia, después ora para que los “conocedores” de Dios la experimenten más. También ora para no caer en manos de los impíos y para no caer en los mismos errores.
