En el crecimiento de la fe, el salmista habla de lo positivo, confiar, y habla de lo negativo, es necesario guardarse contra los ejemplos que tienden a alejarle de Dios. Algunos ponen “Dioses falsos” en vez de falsedad. Los dos tienen sentido, pero falsedad es más correcta; además, es muy relevante a nuestro contexto, pues muchos son tentados a enredarse en negocios que se nutren de la falsedad.
Toda la experiencia pasada de la misericordia de Dios dirige al salmista a exaltarlo. Está maravillado de sus obras del pasado y de sus pensamientos o “planes” para el futuro. Debemos reflexionar e intentar entender lo que Dios hace y quiere hacer, pero hemos de reconocer con el salmista que nunca alcanzaremos a entender todo; tal reflexión debe dirigirnos a adorar más a Dios.
La respuesta del salmista
A primera vista, los versículos 6-8 pueden parecer como una polémica contra los sacrificios que hacían los sacerdotes. Pero, más bien, el salmista quiere mostrar que estos sacrificios en sí no son suficientes, Dios quiere el amor y la entrega del corazón. Tú has abierto mis oídos indica que ya Dios le ha dado esta comprensión. (Hebreos 10:5-10 cita una recensión de la LXX, “me preparaste un cuerpo”, que no cambia el significado, pero sí lo amplía.)
He aquí, yo vengo (para presentarme delante de ti) era una frase para mostrar sumisón a un superior. Está escrito acerca de mí, según algunos, se refiere a las leyes del rey en Deuteronomios 17:14-20; en el enfoque mesiánico, se refiere a las profecías del Mesías.
Tu ley… en… mi corazón. Esto se promete en el nuevo pacto; es la obra del Espíritu Santo grabar su palabra en nuestros corazones. Lo que dicen los versículos 7 y 8 es la descripción del que realmente ama a Dios. Jesucristo es el mejor ejemplo.
El que ama a Dios quiere hacerle conocer; el salmista inmediatamente comparte su alabanza, gozo y testimonio con los demás. La misión del pueblo de Dios es proclamar el amor de Dios. Es de la esencia de la fe proclamar lo que Dios ha hecho. En el versículo 10, el salmista resalta lo que Dios es y lo que hace; habla de su justicia, su fidelidad, su misericordia y su verdad.
Clamor a Dios
Después de la alabanza, el salmista ora de nuevo porque se encuentra en una nueva crisis. Siempre necesitamos la misericordia de Dios. El salmista tiene muchos problemas. Cree que, por lo menos en parte, son resultado de sus propias iniquidades en el pasado. Si el Salmo fue escrito por David, puede referirse a su caída en el caso de Bestabé. De hecho mucho del libro de 2 de Samuel muestra las terribles consecuencias de su pecado. Dios perdonó y bendijo a David, pero el perdón a menudo no borra todas las consecuencias, que en este caso afectaron tanto a la familia de David.
Clamor contra los enemigos
Los versículos 13-17 aparecen en el Salmo 70 (todo el Salmo). Aunque algunos de los problemas del salmista puedan ser resultado de su propia iniquidad, esto no da el derecho a los enemigos para que se aprovechen de sus fallas. Dios puede humillarle a él, pero no tienen derecho de hacerlo los enemigos de Dios. Los que se aprovechan de las fallas y debilidades del creyente pueden ser enemigos físicos, pero es claro que también los enemigos espirituales, los poderes malignos, se aprovechan de las debilidades del creyente para causarle problemas. De modo que las palabras de este Salmo bien le sirven para pedir a Dios que los vuelva atrás y que sean confundidos.
Confianza en Dios
Este final es como el del Salmo 35. El salmista, de nuevo, alaba a Dios. Piensa en el plan de Dios que es más grande que sus propias necesidades. No quiere estorbar la gloria de Dios. Su primer interés es que Jehová sea engrandecido.
A la vez sabe que Dios le ama a él y le va a ayudar. Así puede mantener su gozo y su confianza en Dios, porque sabe sujetar su propio clamor de socorro al plan global y la gloria del Dios a quien ama con todo su corazón.
