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Salmo 43: Anhelo por la comunión con Dios

Salmo 43:1  Hazme justicia, oh Dios, y defiende mi causa contra una nación impía; líbrame del hombre engañoso e injusto.

Algunos manuscritos antiguos unen los Salmos 42 y 43, aunque la Septuaginta griega los presenta como dos salmos separados, pese a que éste es el único salmo, en el «Libro segundo», que carece de título. En algunas iglesias tradicionales, el Domingo de Ramos se canta como un introito el Salmo 43:1, en recordación del último viaje de Jesús a Jerusalén para ser juzgado.

Salmo 43:2  Ya que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has rechazado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo?

Salmo 43:3  Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen, que me lleven a tu santo monte, y a tus moradas.

«Santo monte» es el monte de Sion, en Jerusalén, la ciudad de David nombrada capital de Israel. El templo se construyó allí, como lugar donde el pueblo se reuniría con Dios en adoración y oración.

Tus moradas : El regreso a la adoración unida en el santuario ante la presencia de Dios constituye el mayor deseo de los verdaderos creyentes de todas las épocas.

Salmo 43:4  Entonces llegaré al altar de Dios, a Dios, mi supremo gozo; y al son de la lira te alabaré, oh Dios, Dios mío.

El salmista pidió a Dios que enviara su luz y su verdad para guiarlo hacia el monte santo, el templo, donde encontraría a Dios. La verdad de Dios brinda el buen camino que debemos seguir, y la luz de Dios nos ofrece una visión clara para seguirlo. Si se siente rodeado de oscuridad e inseguridad, siga la luz y la verdad de Dios. El le guiará.

Salmo 43:5  ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios!

Estas palabras describen la agonía del alma de Jesús en el jardín de la traición (Mat_26:38).

Salmo 43: Anhelo por la comunion con Dios

Este Salmo continúa la misma composición literaria con el anterior (cf. Salmo 42) y forma su tercera estrofa. En el primer párrafo (del Salmo 43) el salmista deja de hablar consigo mismo y se dirige a Dios.

Clamor a Dios

Como en muchos salmos, el salmista pide que Dios le vindique, que haga justicia. La nación impía podría ser una nación extranjera, pero también puede ser su propia nación. En el versículo 2 se usa la forma reflexiva de andar; va caminando despacio, reflexionando sobre su condición. El versículo 2 es casi igual a 42:9.

Luz y … verdad.

En el arte del antiguo Cercano Oriente es común representar al rey (u otro oficial) con dos espíritus guardianes que lo protegen. En el arte literario del AT jesed  y ?emet   “amor” (o misericordia) y “verdad” (o fidelidad) toman su lugar. Aquí es luz y… verdad en vez de amor y verdad, pues el salmista pide que Dios las use para conducirlo (en vez de conducirán puede ser “que me conduzcan”). El salmista siempre, en toda situación de angustia o crisis o batalla, reconoce que necesita que Dios guíe sus decisiones.

Declaración de confianza

En los Salmos 42 y 43 los sentimientos de desánimo alternan con oraciones y declaraciones cada vez más confiadas. Ya está viviendo lo que espera: la comunión con Dios y con el pueblo de Dios. Oh Dios, Dios mío toma el lugar de Jehová, Dios mío en los salmos “yahvistas”).

De nuevo el estribillo indica la reflexión, decisión y fe del salmista. El es franco consigo mismo y con Dios; reconoce que la comunión con Dios es el sentido supremo del culto. El adorador verdadero no busca lo que puede recibir de Dios sino busca a Dios mismo, agradarle, colaborar con él y compartir su amor.

La relación humana con Dios se describe en términos de obediencia y servicio.

La actitud humana hacia Dios suele aparecer descrita como un sentimiento de “temor”.

A veces el “temor de Dios” es sinónimo de culto religioso, pero indica a menudo una actitud de reconocimiento de las diferencias que existen entre Dios y su pueblo.

Podemos hablar de “reverencia” y “honor” en lugar de “temor”, y así traducen muchas versiones modernas del AT.

Temer a Dios, en este sentido, tiene poco que ver con las imágenes populares de un Dios terrible ante el cual los hombres sólo pueden caer anonadados.

Se trata, más bien, de atribuir a Dios el lugar que le corresponde. Si Dios se da a conocer en la vida de los hombres, es porque él ha tomado la iniciativa.

Las relaciones con Dios se basan en su gracia y amor. Dios desea comunicarse con toda la humanidad, y con este fin llamó a Abraham y a toda su descendencia abrahámica.

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