Salmo 78:61 y entregó al cautiverio su poderío, y su gloria en manos del adversario.
Salmo 78:62 Entregó también su pueblo a la espada, y se indignó contra su heredad.
Salmo 78:63 El fuego consumió a sus jóvenes, y no tuvieron canciones de bodas sus doncellas.
Salmo 78:64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no pudieron llorar.
Salmo 78:65 Entonces despertó el Señor como de un sueño, como guerrero vencido por el vino,
Salmo 78:66 e hizo retroceder a sus adversarios, poniendo sobre ellos una afrenta perpetua.
Salmo 78:67 Desechó también la tienda de José, y no escogió a la tribu de Efraín,
Salmo 78:68 sino que escogió a la tribu de Judá, al monte Sion que El amaba.
Salmo 78:69 Y edificó su santuario como las alturas, como la tierra que ha fundado para siempre.
Salmo 78:70 Escogió también a David su siervo, lo tomó de entre los apriscos de las ovejas;
Salmo 78:71 lo trajo de cuidar las ovejas con sus corderitos, para pastorear a Jacob, su pueblo, y a Israel, su heredad.
Referencias al pastor o a su labor, aquí y en los Salmos 77, 79 y 80, dio lugar a que se les llamara a estos salmos asáficos «salmos pastorales».
Salmo 78:72 Y él los pastoreó según la integridad de su corazón, y los guió con la destreza de sus manos.
A pesar de que David reinaba cuando se escribió este salmo, se le llama pastor y no rey. Ser pastor, una profesión común en los tiempos bíblicos, era un trabajo de mucha responsabilidad. Los rebaños dependían completamente de la guía, protección y provisión de los pastores. David pasó sus primeros años como pastor. Esto fue una especie de preparación para las responsabilidades futuras que Dios le tenía preparadas. Cuando estuvo listo, Dios lo sacó de cuidar ovejas para cuidar a Israel, el pueblo de Dios. No tome a la ligera ni con insensatez su situación actual. Quizás sea el campo de entrenamiento en el que lo puso Dios para su futuro.
Lecciones de la historia
Este Salmo es el más largo de los históricos. Los Salmos 105, 106, 107 y 136 también relatan los grandes hechos de Dios en la historia de Israel, aunque son de diferentes géneros literarios (El Sal. 105 es un himno, el 106 una súplica colectiva, el 107 una súplica individual y el 136 un himno). Aquí el salmista empieza con lenguaje común en escritos sapienciales, quiere enseñar a sus destinatarios; y lo hace connsiderando las desobeciencias del pueblo y recordando las grandes maravillas que Dios ha hecho.
