Pablo inicia la tarea de remediar la situación que ha surgido en la iglesia de Corinto. Escribía desde Éfeso. Esclavos cristianos que pertenecían al establishment de una señora llamada Cloe habían tenido ocasión de visitar Corinto, y habían vuelto con la triste historia de la disensión y desunión.
Dos veces se dirige Pablo a los corintios llamándolos hermanos. Como el antiguo comentarista Beza dijo, «También en esa palabra hay escondida una razón.» Por el mismo uso de la palabra Pablo hace dos cosas. Primera, suaviza la reprensión dándola, no con la palmeta como un maestro de escuela, sino como alguien que no tiene más argumentos que los del amor. Segunda, debería habérseles ocurrido lo equivocadas que eran sus disensiones y divisiones. Eran hermanos, y deberían vivir unidos en amor fraternal.
Al tratar de aproximarlos, Pablo usa dos frases interesantes. Los exhorta a dirimir sus diferencias. La frase que usa es la habitual entre partidos hostiles que llegan a un acuerdo. Quiere que se suelden, un término médico que se refiere a los huesos que han estado fracturados, o que se coloque en posición una coyuntura dislocada. La desunión es contraria a la naturaleza y debe curarse para restaurar la salud y eficacia del cuerpo de la iglesia.
Pablo identifica a cuatro partidos en la iglesia de Corinto. No se han separado de la iglesia; las divisiones son por lo pronto internas. La palabra que usa para describirlas es sjísmata, que es la que se usa para una ropa que se rasga. La iglesia corintia corre peligro de ponerse tan fea como una ropa hecha jirones. Debe notarse que las grandes figuras de la Iglesia que se mencionan -Pablo, Cefas y Apolos- no tenían nada que ver con las divisiones. No había disensiones entre ellos. Sin su conocimiento y sin su consentimiento, aquellas facciones corintias se habían apropiado de sus nombres. No es infrecuente el que los supuestos partidarios de una figura le traigan más problemas que sus enemigos declarados. Echémosles una ojeada a estos partidos a ver si podemos descubrir lo que representaban.
(i) Había algunos que pretendían estar de parte de Pablo. Sin duda serían principalmente gentiles. Pablo siempre había predicado el Evangelio de la libertad cristiana y el fin de la ley. Es muy probable que los de este partido estaban convirtiendo la libertad en libertinaje, y usando el Cristianismo como excusa para hacer lo que les daba la gana. Bultmann ha dicho que el indicativo cristiano siempre conlleva el imperativo cristiano. Aquellos corintios habían olvidado que al indicativo de la Buena Nueva va unido inseparablemente el imperativo de la ética cristiana. Habían olvidado que eran salvos para ser libres del pecado, no libres para pecar.
(ii) Había algunos que pretendían estar de parte de Apolos. Tenemos un boceto de Apolos en Hechos 18:24. Era judío, de Alejandría, elocuente y versado en las Escrituras. Alejandría era un centro de actividad intelectual. Fue allí donde los estudiosos crearon la ciencia de la interpretación alegórica de las Escrituras, descubriendo los significados más recónditos en los pasajes más sencillos. Veamos un ejemplo de la clase de cosas que hacían. La epístola de Bernabé, una obra cristiana alejandrina cuya inclusión en el Nuevo Testamento se discutió durante un tiempo, deduce de la comparación de Génesis 14:14 con 18:23 que Abraham tenía 318 varones en su familia a los que había circuncidado. En griego se usan las letras como números, y el 18 se pone con la iota seguida de la eta, que son las dos primeras letras del nombre de Jesús (lésús); y 300 se indica en griego con la letra tau, que tiene la forma de la Cruz; por tanto, ¡este antiguo incidente es un anuncio de la muerte de Jesús en la Cruz! La erudición alejandrina estaba llena de cosas así. Además, los alejandrinos eran unos entusiastas de los recursos literarios. De hecho, eran personas que intelectualizaban el Evangelio. Los que se presentaban como partidarios de Apolos serian, sin duda, los intelectuales que se estaban dedicando a toda prisa a convertir el Evangelio en una filosofía.
(iii) Había algunos que pretendían estar de parte de Cefas. Cefas, o Kefa, era el apodo original de Pedro, Petros, y los dos quieren decir piedra. Estos serían muy probablemente judíos que trataban de enseñar que los cristianos tenían que observar la ley tradicional judía. Serian legalistas que exaltaban la ley aun a costa de rebajar la gracia.
(iv) Había algunos que pretendían estar de parte de Cristo. Esto puede querer decir una de dos cosas.
(a) No se usaban los signos de puntuación en los manuscritos antiguos griegos, ni se dejaba un espacio entre las palabras. Puede que aquí no se trate de otro partido corintio, sino del comentario de Pablo mismo. Tal vez deberíamos puntuarlo así: «Yo soy de Pablo», o «Yo soy de Apolos», o « Yo soy de Cefas»… ¡Pero yo soy de Cristo!» Bien puede ser esta la reacción de Pablo a toda esa desgraciada situación.
(b) Si no es eso y aquí se describe a otro partido, como ha dicho alguien, « ¡Serían los peores!»: puede que fueran una secta rígida e intolerante que pretendían ser los únicos cristianos que había en Corinto. El mal no estaba en decir que pertenecían a Cristo, sino en actuar como si Cristo les perteneciera exclusivamente a ellos. No hay que pensar que Pablo menospreciara el Bautismo. Los que él mismo bautizó eran conversos muy especiales.
