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1 Corintios 1: La introducción de un apóstol

Esteban fue probablemente el primer convertido (1 Corintios 16:15); Crispo había sido antes nada menos que el moderador de la sinagoga de Corinto (Hechos 18:8); Gayo probablemente había hospedado a Pablo (Romanos 16:23). Lo que Pablo quiere subrayar aquí es que el Bautismo era hacia dentro del nombre de Jesús: que representa nuestra incorporación a la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

La frase en griego implica la más íntima conexión posible. En griego eis, en inglés into, quieren decir hacia dentro. El dar dinero eis el nombre de alguien quería decir meterlo en su cuenta. El vender a un esclavo eis el nombre de una persona era pasarlo a su indiscutible posesión. Un soldado juraba lealtad eis el nombre del César; pertenecía totalmente al emperador. Hacia dentro del nombre de implica absoluta posesión. En la Iglesia implicaba todavía más: no sólo que el cristiano era posesión de Cristo, sino que, de alguna manera, estaba identificado con Él. Lo que Pablo está diciendo es: «Me alegro de haber estado tan ocupado predicando; porque, si hubiera bautizado, a lo mejor os habría hecho creer que por ello estabais conmigo en esa relación tan absoluta que no tenéis realmente nada más que con Cristo.» No es que para él el Bautismo fuera algo que no tenía importancia, sino que tenía tanta que no se podían correr riesgos con él. Pablo estaba contento de no haber hecho nada que pudiera haberse interpuesto en la relación que los convertidos debían tener solamente con Cristo.

Pablo no se proponía más que presentar lo más claramente posible delante de las personas la Cruz de Cristo. El decorar la historia de la Cruz con retórica o dialéctica habría hecho que las personas prestaran más atención al lenguaje que al mensaje. El propósito de Pablo era poner a la gente, no ante sí mismo, sino ante Cristo en toda Su absoluta grandeza.

Escándalo para los judios y estupidez para los griegos

Porque la historia de la Cruz les parece una estupidez a los que siguen el camino que lleva a la destrucción, pero es el poder de Dios para los que estamos en el camino de la Salvación. Por algo dice la Escritura: «Borraré la sabiduría de los sabios, y anularé la listeza de los listos.» ¿Qué ha sido de los sabios? ¿Y qué de los expertos en la ley? ¿Adónde han ido a parar los que discutían acerca de la sabiduría de este mundo? ¿Es que no ha dejado Dios la sabiduría de este mundo como pura necedad? Porque cuando vio la sabiduría de Dios que el mundo, con toda su sabiduría, no llegaba a conocerle, Le plugo a Dios salvar a los que creen con lo que llama la gente la estupidez que proclama el mensaje cristiano. Y es que dos judíos no quieren más que señales, y los griegos, sabiduría; pero nosotros proclamamos a un Cristo en una Cruz, blasfemia flagrante para los judíos e insultante estupidez para los griegos; pero para los llamados por Dios, tanto de los judíos como de los griegos, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios; y es que cuando Dios actúa como necio demuestra más sabiduría que toda la humanidad, y cuando Se presenta como impotente, es más fuerte que toda la humanidad.

Tanto a los cultos griegos como a los piadosos judíos, lo que contaban los cristianos les sonaba a pura necedad. Pablo empieza haciendo un uso libre de dos citas de lsaías (29:14, y 33:18) para demostrar que la mera sabiduría humana está abocada al fracaso. Cita el hecho innegable de que, con toda su sabiduría, el mundo no ha llegado a encontrar a Dios, y sigue buscándole a tientas. Esa búsqueda le ha sido asignada por Dios para que comprenda su propia incapacidad, y prepararle el ‹camino para la aceptación del Que es el único Camino.

¿Cuál era, entonces, el Mensaje cristiano? Si estudiamos los cuatro grandes sermones del Libro de los Hechos (2:14-39; 3:12-26; 4:8-12, y 10:36-43) nos encontramos con que hay ciertos elementos constantes en la predicación cristiana.

(i) Se anuncia que el gran momento prometido por Dios ha llegado.

(ii) Se presenta un resumen de la vida, muerte y resurrección de Jesús.

(iii) Se afirma que todo aquello ha sido el cumplimiento de la profecía.

(iv) Se anuncia que Jesús volverá otra vez.

(v) Se invita a los oyentes a que se arrepientan y reciban el don del Epíritu Santo que Dios había prometido.

(i) Para los judíos, eso era un escándalo por dos razones.

(a) Para ellos era inaceptable el que Uno que había acabado Su vida en una Cruz pidiera ser el Escogido de Dios. Señalaban a su ley, que declaraba de forma inconfundible: «¡Maldito por Dios es el colgado!» (Deuteronomio 21:23). Para los judíos, el hecho de la crucifixión descartaba definitivamente el que Jesús pudiera ser el Hijo de Dios. Puede parecernos extraordinario; pero, hasta con Isaías 53 delante de los ojos, los judíos no habían soñado jamás con un Mesías doliente. La Cruz era y es para los judíos la barrera infranqueable para creer que Jesús es el Mesías prometido.

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