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1 de Crónicas 5: Descendientes de Rubén

Primogenitura y soberanía de Dios Es sabida la gran importancia que los hebreos daban al primer hijo varón. El primogénito debía ser consagrado a Dios; era destinado a continuar el nombre del clan o tribu en su tiempo, designación que éste transmitía a su primogénito y así sucesivamente a través de las generaciones. No sólo perpetuaba su nombre, sino que también ocupaba su cargo y oficio. Sin embargo, en varios casos bíblicos el derecho a la primogenitura fue anulado por razones diversas: Esaú la perdió por un plato de lentejas; Rubén por haber seguido sus deseos profanando el lecho de su padre; Amnón, primogénito de David, deshonró a Tamar, su hermana paterna: esto le costó la vida, ya que Absalón vengó la deshonra familiar. Daniel (o Quileab) el mayor de los hijos vivos, desaparece de los relatos, quizás por una muerte prematura. Absalón es muerto en su intento rebelde de posesionarse del trono. Adonías, el siguiente, luego de intentar por la fuerza apoderarse del trono en vida de David, fue despedido por Salomón ya coronado rey. A la muerte de David, un pedido desafortunado de Adonías lleva a Salomón a condenarlo a muerte. Esto confirma el juramento de David que Betsabé recuerda al rey. El otro caso, dramático por cierto es el del mismo pueblo de Israel, a quien Dios llama mi primogénito, pero que más tarde iba a rechazar al Ungido de Dios. Pablo anhela que el Israel de la carne vuelva a ser incluído entre los hijos de la promesa.

Cada uno de estos incidentes confirman que la soberanía de Dios trasciende todo tipo de costumbres, tradiciones o leyes. Es válido, entonces, recordar las palabras del apóstol Pablo: Por lo tanto, no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios quien tiene misercordia.

Descendientes de Gad

Este material del Cronista es totalmente diferente a la información respecto a Gad que se halla en Numeros 26:15-18. Esto quiere decir que aquí el escritor depende de una fuente extrabíblica cuya procedencia se ignora.

Nombres de los hijos de Jacob y José

Rubén: «Ved un hijo»; Simeón: «(Dios) oye»; Leví: «Unión», «ligadura»; Judá: «Alabanza»; Dan: «El que hace justicia»; Neftalíx: «Mi conflicto»; Gadx: «Fortuna»; Aser: «Felicidad»; Isacar: «Hay recompensa»; Zabulón: «Honra»; DINA: «La que hace justicia»; José: «El añade»; Benjamín: «Hijo de mi mano derecha», es decir «preferido»; Manasés: «El que hace olvidar»; Efraín: «Fructífero»

Se nota también que se diferencia de las demás genealogías en que comienza con alusiones geográficas en lugar de referencias a los integrantes de las familias mismas. Se observa que el Cronista muy adrede conecta editorialmente esta sección con la inmediatamente anterior: … frente a ellos. Además, va a asociar a los hijos de Gad con los de Rubén y con los de la media tribu de Manasés lo cual refleja no tan sólo los énfasis del Cronista, sino también revela elementos históricos tocante a las batallas libradas por estas tribus aliadas contra los árabes (ismaelitas). Respecto a estas batallas y las cifras dadas por el Cronista), hay algunos que opinan que éste es muy dado a las exageraciones numéricas. Sin duda, el Cronista hace sus cálculos en base a su fuente propia, y aunque las cifras son admitidamente grandes, son bastante menores que las que se encuentran en Numeros 1:25 (45.650) y Numeros 26:18 (40.500) respectivamente. Eso sí, muchos eruditos creen que al Cronista se le fue la mano en sus cifras respecto al botín mencionado en el versículo 21.

Tocante a los lugares mencionados, se debe advertir que Basán, tal y como reza Deuteronomio 3:10 es una región colindante con Galaad. Conviene reconocer, además, que el Sarón aludido en el versículo 16 no es la llanura en las cercanías de Carmel o sea al occidente del río Jordán. Este Sarón era más bien una región en el territorio de Basán al oriente del mencionado río. Según el comentarista Clarke, hay tres sitios con el mismo nombre mencionados en la Biblia. Esta ambigüedad ocasiona bastante confusión al estudiante de la Biblia. Es evidente en base al mismo versículo 11 que los gaditas tomaron para sí algunos territorios hacia el norte a expensas de sus hermanos, los descendientes de Manasés. Esto se aprecia cuando se comparan las extensiones territoriales que se detallan en los versículos 23 y 24 de este capítulo con el versículo 11.

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