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1 de Crónicas 5: Descendientes de Rubén

El versículo 17 alude a dos registros de genealogías: uno durante el tiempo de Jotam y otro durante el reinado de Jeroboam II del Norte. El registro hecho bajo la autoridad de Jotam se hizo cuando Judá estaba en problemas después de la invasión de Tiglatpileser. En cambio, el período del reinado de Jeroboam II se caracterizaba por fuerza, pujanza y vitalidad.

Los versículos 18-22 vienen siendo un comentario adicional sobre la guerra aludida en el versículo 10. En esta descripción se acentúa la costumbre del Cronista de dar pormenores en torno a batallas. Por lo tanto, es muy probable que en esta sección el Cronista haga una relectura de sus fuentes. Es decir, el escritor toma bastantes libertades con sus fuentes, y el resultado demuestra claramente las señales características del Cronista. No es que falsifique sus fuentes; simplemente las utiliza de tal modo que se destaquen sus propios énfasis. Un ejemplo de este énfasis es la idea de que esta guerra con los agarenos era de Dios. Precisamente la asociación de Dios con la matanza de tanta gente inquieta a muchos lectores contemporáneos de la Biblia. Aunque esta guerra no era exactamente una de las “guerras santas” i (cheremi ) como cuando la conquista y descritas en el libro de Josué, sí se nos dice que estas tribus orientales eran enviadas en una misión divina. Sobre todo, para los lectores que conocen a Dios en Jesucristo, esta alusión a Dios como directamente involucrado en la guerra es preocupante si no escandalosa. Aunque no hay una solución fácil (el que los destruidos fuesen paganos no resuelve el problema), sí ayuda recordar que estos relatos reflejan la teología del Cronista quien, dicho sea de paso, no tenía la revelación completa de Dios en Cristo y quien compartía la idea de su día: que Dios efectivamente libraba las batallas directamente por ellos. Pareciera, según el relato, que los integrantes de estas tribus comenzaron la batalla por su cuenta, y luego pidieron socorro a Dios.

Como un aparte, se debe aclarar que el exilio mencionado se refiere al asirio y no al babilónico. El primero tuvo lugar en el siglo VIII a. de J.C. y el último durante el siglo VI a. de J.C.

Descendientes de Manasés

Es probable que estos textos sean un comentario extendido sobre el versículo 22 cuyo contenido se basa en 2 Reyes 26b. El propósito principal del comentario es indicar que lo que pasó a los hijos de Manasés ocurrió también a los rubenitas y a los gaditas. Algunos escritores opinan que este material no corresponde al Cronista, sino a un editor posterior; sin embargo, es patentemente difícil comprobar tal hipótesis.

En cuanto a la ubicación geográfica de esta tribu, se debe aclarar que los límites sureños hasta Baali -hermon y Senir, es decir, el monte Hermón no se refieren a tres lugares sino simplemente a uno solo: el monte Hermón. Según Deuteronomio 3:9, diferentes pueblos tenían nombres distintos para el monte. Parece que en este caso el Cronista ha incluido tres nombres conocidos pero todos alusivos al mismo monte. Una explicación alternativa es la que alega que los tres nombres, Baalhermón, Senir y el monte Hermón, aluden a tres partes diferentes del mismo monte.

Respecto a la misma familia de Manasés, se advierte que hay una sección adicional sobre ella en 1 de Cronicas 7:14-19. El Cronista alude en estos versículos presentes sólo a los elementos tribales orientales, porque estos comparten el mismo destino que Gad y Rubén; es decir, desaparecen con el exilio a manos de Tiglatpileser. Se mencionan, al parecer, los nombres de dos reyes: Pul y Tiglatpileser, pero el Cronista alude a una sola persona con los dos nombres.

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