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1 de Samuel 10: El ungimiento y las tres señales

Durante el período de los jueces, Israel debe de haber tenido más de una capital. Esto explica por qué las Escrituras omiten algunas ciudades.

Samuel reunió a los israelitas en Mizpa donde ungiría a Saúl como su primer rey. Hasta este momento, el centro político de la nación parecía ser también el centro religioso. Arriba se encuentran las ciudades que probablemente sirvieron como centros religiosos y políticos de Israel desde los días de Josué. Saúl parece haber sido el primer líder israelita en separar el centro religioso de la nación (probablemente Mizpa en esos momentos) del centro político (Gabaa, 1Sa_11:4; 1Sa_26:1). Por un tiempo, la nación se fortaleció políticamente. Pero cuando Saúl y sus oficiales dejaron de buscar la voluntad de Dios, los celos internos y las rivalidades comenzaron la decadencia de la nación desde adentro. Cuando David se convirtió en rey, trajo de regreso el arca del pacto a Jerusalén, su capital. Posteriormente, el rey Salomón unió completamente los centros religioso y político en Jerusalén.

El ungimiento y las tres señales

El ungimiento

Samuel ungió a Saúl con aceite que tenía en un frasco o redoma. Vemos en 16:1 que usa un cuerno y en 16:20 un odre. Sea cual fuere el recipiente, el aceite simbolizaba primeramente la separación o santificación de algo o alguien para usos santos. Este aceite de oliva, especialmente compuesto, se usaba comúnmente para ungir a los reyes, profetas o sacerdotes. Puesto que el mismo Espíritu Santo se llama la unción, vemos que simboliza el acto de la venida del Espíritu sobre el siervo de Dios, capacitándole para el ministerio al cual ha sido llamado. El Hijo de Dios se llama el Mesía, que es el “ungido”, o especialmente señalado y apartado por Dios. Cristo es el mismo título pero tomado del griego y significa lo mismo. En Isaias 61:1 se hace una referencia clara a él. Y Jesucristo reúne en sí los tres oficios antiguos de profeta, sacerdote y rey como manifiestan su ministerio terrenal, su muerte expiatoria y su segunda venida.

El beso que Samuel le dio a Saúl sería una expresión de homenaje y lealtad. Podemos suponer que así le comunicó también la amistad y amor que merecía su ungimiento. Estas dos indicaciones de aprobación habrán dejado pasmado a Saúl. Sabiendo el profeta que este hombre necesitaría una mayor confirmación de su selección por Dios y preparación personal para la misma, a continuación le da tres señales que verificarían la palabra de Dios.

La primera señal

Dos hombres junto al sepulcro de Raquel le avisarían acerca de las asnas perdidas y de la preocupación de su padre por el bienestar de ellos. Esto satisfaría su curiosidad mental por saber el estado de las cosas materiales.

La segunda señal

Más adelante en el camino a la casa encontraría a tres hombres cerca de la encina (un árbol fuerte y resistente como el roble) de Tabor. Este Tabor no puede ser el mismo monte que está en el valle de Jezreel. Por la ortografía en hebreo probablemente se refiere a un lugar de cantera donde se cortaban las grandes piedras. De ahí subirían los tres a Betel para ofrecer un sacrificio. Del pan que llevarían para este propósito le darían a Saúl dos de las tres tortas. Esto lógicamente supliría su necesidad física, su hambre, pero a la vez le daría evidencias de que otros estarían dispuestos a ayudarle y compartir sus vidas con él. Mejor dos que uno solo, pues tienen mejor recompensa por su trabajo, dice Proverbios 4:9.

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