obstinadamente.
Dios vio en Samuel, sin embargo, un instrumento limpio que podía usar. El muchacho dormía dentro del santuario (lo que sería cosa desconocida hasta aquí). Evidentemente Elí tenía un cuarto al lado del santuario. En la madrugada Dios le habló a Samuel. La lámpara de Dios sería ese candelero de oro con sus siete brazos que iluminaban el santuario toda la noche. Siempre ha sido un símbolo común de Dios entre su pueblo y se conoce hoy como menorah entre los israelitas. Típicamente nos habla de Jesucristo, la luz del mundo.
Carlos Wilson, del Fondo para la Exploración de Palestina, ubicó el tabernáculo hace más de cien años en el sitio de Seilun, una aldea árabe donde antiguamente estaba Silo. Al norte del pueblo se encuentra un terreno nivelado sobre piedra pura, suficientemente grande como para acomodar el tabernáculo y sus atrios. Asher Kaufman, un físico y arqueólogo israelí en Jerusalén, está de acuerdo que esta sería la ubicación original. Para llegar al sitio obligadamente tiene que pasar por el lugar donde estaba el pueblo de Silo porque hay declives escarpados al norte, oeste y al este. El lugar se hubiera podido defender fácilmente. Evidentemente el tabernáculo fue ubicado en dirección esteoeste, ocupando un espacio rectangular aprox. de 43 m. de largo por 21 m. de ancho. En 1:24 se hace referencia al tabernáculo como la casa de Jehová en Silo sugiriendo que ya había tomado una forma más permanente. De hecho la Mishnah, escrita 200 años d. de J.C., dice que el tabernáculo no tenía techo pero que era una casa de material en su fundamento y techada de las cortinas arriba. Esto sugiere entonces que fue una estructura semipermanente en la época de Samuel. Y si Kaufman tiene razón, el tabernáculo ocupaba un sitio separado, pero cerca, del pueblo de Silo.
Dios llama tres veces a Samuel sin que el muchacho reconozca su voz. El versículo 7 aclara que todavía Samuel no conocía (personalmente) a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido aún revelada. Esa palabra se trata en este caso de juicio como en Romanos 1:17 donde se usa la misma expresión que emplea aquí la versión griega LXX. Pero en Romanos se revela algo más, y es el evangelio que nos libra de nuestros pecados. Samuel responde tres veces: Heme aquí. Solamente cuando Elí le enseña, él responde: Habla, que tu siervo escucha (versículo 10). Dios entonces le da el mensaje. Samuel no había recibido este mensaje antes porque él estaba atento al hombre. Ahora está atento a Dios. El versículo justo en medio de la Biblia es el Job 118:8 que dice: Mejor es refugiarse en Jehová que confiar en el hombre. Este versículo debe estar también en el centro de nuestra experiencia. Como Samuel fue inspirado por Dios para recibir y relatar esta revelación divina, nosotros seremos iluminados para entender las cosas divinas confiando y dependiendo del Espíritu de Dios.
El mensaje explicado
El efecto del mensaje se explica primero. Todo oído iba a retiñir. La palabra hebrea es “temblar”, demostrando la profunda emoción que acompañaba la recepción de esta palabra. Esta expresión tiene que ver con el árabe para “címbalo” y nos da la idea de un sonido fuerte que impacta y llama la atención. Hasta ahora Elí y sus hijos no habían escuchado atentamente. Con esto tendrían que atenderlo. Parece que la expresión fue común en Israel para impartir el temor y horrorizar.
El pecado que Dios juzgaría era la blasfemia (versículo 13). La idea principal de la palabra es “tomar livianamente” pero cuando se usa en su forma intensiva como aquí, quiere decir “maldecir”. Y realmente vemos que aquí el verbo es reflexivo indicando que los hijos de Elí habían traído sobre sí mismos la maldición de Dios. Ellos eran los culpables y nadie más. Y Elí sabiendo esto no les reprochó. No sintió profundamente el peso de su pecado. El verbo sugiere que no palideció de horror ni se sintió débil por él.
