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1 de Samuel 3: Su llamamiento

1 de Samuel 3:1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

Esta es la cuarta comparación que se establece entre Samuel y los impíos hijos de Elí. La palabra de Jehová escaseaba porque el pecado bloqueaba la revelación de Dios en el centro espiritual de la nación.

Aunque Dios había hablado directa y audiblemente con Moisés y Josué, era rara la vez que lo hizo durante los tres siglos gobernados por los jueces. En los tiempos de Elí, no hubo profetas que dieran a Israel mensajes de parte de Dios. ¿Por qué? Observe la actitud de los hijos de Elí. O se negaban a escuchar a Dios o permitían que la ambición se interpusiera entre ellos y cualquier comunicación con El.

Escuchar y responder es vital en una relación con Dios. Aunque Dios no siempre usa el sonido de una voz humana, nos habla con igual claridad por medio de su Palabra. Para recibir sus mensajes, debemos estar listos a escuchar y a actuar sobre lo que nos diga. Como Samuel, esté listo para decir «Heme aquí» cuando Dios lo llame para actuar.

1 de Samuel 3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,

El arca de Dios estaba guardada en el Lugar Santísimo, la parte más íntima del tabernáculo, adonde sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Frente al Lugar Santísimo estaba el Lugar Santo, un pequeño cuarto donde se guardaba el otro mobiliario sagrado del tabernáculo (el altar de incienso, la mesa del pan de la proposición, el candelabro). Exactamente afuera del Lugar Santo había un patio con cuartos pequeños donde debían permanecer los sacerdotes. Probablemente Samuel dormía ahí con los otros sacerdotes, sólo a unos cuantos metros de distancia del arca.

1 de Samuel 3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,

La lámpara de Dios se refiere al candelabro de oro cuyas siete lámparas eran encendidas cada noche y se mantenían ardiendo hasta que se consumía el aceite en la mañana siguiente. Antes que la lámpara . . . fuese apagada indica que era una hora muy temprana.

1 de Samuel 3:4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

1 de Samuel 3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.

1 de Samuel 3:6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.

1 de Samuel 3:7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

Samuel no había conocido aún a Jehová de una forma directa y personal.

1 de Samuel 3:8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

Uno esperaría como algo natural que Dios hubiera dado un mensaje audible al sacerdote Elí y no al niño Samuel. Elí era mayor y más experimentado, y ocupaba la posición adecuada. Pero la cadena de mando de Dios se basa en la fe, no en la edad o en la posición. Para encontrar seguidores fieles, Dios puede utilizar canales inesperados. Prepárese para trabajar para el Señor en cualquier lugar, en cualquier momento y a través de cualquiera persona que El escoja.

1 de Samuel 3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

1 de Samuel 3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

Era importante que Samuel supiera, al iniciarse como profeta, que el Señor le había hablado y le conocía por nombre. Tu siervo oye : Samuel había aprendido a ser humilde. De la misma forma que se puso a disposición de Elí, ahora estaba a disposición de Jehová. Comenzaba a conocer al Señor.

1 de Samuel 3:11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.

Le retiñirán ambos oídos : Expresión utilizada para indicar el horror que caería sobre Elí y sus hijos.

1 de Samuel 3:12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.

1 de Samuel 3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.

Los sacrificios y ofrendas destinados a obtener el perdón no podían servir como expiación de sus pecados porque se habían corrompido, habían sido desdeñados por Elí y sus hijos.

Elí había pasado su vida entera al servicio de Dios. Su responsabilidad era supervisar toda la adoración en Israel. Pero al dedicarse a esta gran misión descuidó las responsabilidades de su propia casa. No permita que su deseo de llevar a cabo la obra de Dios lo haga descuidar su familia. Si lo hace, su misión puede degenerar en una búsqueda de importancia personal y su familia sufrirá las consecuencias de su descuido.

1 de Samuel 3:14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

Expiada significa «perdonada». Dios estaba diciendo que el pecado de los hijos de Elí no podía ser cubierto por sacrificio y que serían castigados.

1 de Samuel 3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.

1 de Samuel 3:16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.

1 de Samuel 3:17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.

1 de Samuel 3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.

1 de Samuel 3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.

Sus palabras no cayeron a tierra porque Dios hizo que se cumpliera lo que Samuel profetizó.

1 de Samuel 3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.

Samuel sirve como sacerdote, profeta y juez. Es el último juez de Israel y representa la transición del período de los jueces al de los reyes.

Profeta, nabi: Profeta; uno que proclama o declara un mensaje recibido; un vocero, heraldo o anunciador. Un profeta es alguien que anuncia un mensaje por mandamiento de otro (usualmente Dios). Nabi aparece más de 300 veces en el Antiguo Testamento. En seis ocasiones la palabra está en su forma femenina, nebiyah que se traduce «profetisa». En estas seis referencias se habla de María, Débora, Hulda (dos veces), Noadías y la esposa de Isaías (sin lugar a dudas una profetisa por derecho propio). En todas las ocasiones restantes nabi se emplea en su forma masculina, «profeta». La palabra puede aplicarse a falsos profetas y a profetas de dioses falsos, pero casi siempre alude a los interlocutores de Jehová.

La frase «desde Dan hasta Beerseba» era usada con frecuencia para describir los límites de la tierra prometida. Dan era una de las ciudades que quedaba más al norte del país y Beerseba una de las ciudades más al sur. En este contexto, era una forma de enfatizar que todos en Israel sabían que Samuel había sido llamado para ser profeta.

1 de Samuel 3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.

Hemos pasado del momento cuando la Palabra de Dios «escaseaba» a la restauración de la Palabra y de la presencia de Dios.

Su llamamiento

El medio empleado

No sabemos exactamente cuántos años habrá tenido Samuel cuando Dios le llamó. Josefo, el historiador judío (37-100 d. de J.C.), comenta en su quinto libro de Antigüedades que Samuel tenía 12 años. Pero lo dice sin dar explicación alguna. Posiblemente los judíos lo aceptaban como algo de conocimiento común. La palabra traducida joven es lit. “creciendo”. Se usa de manera muy amplia refiriéndose al muy joven como también al joven de 20 años. Se usa en 17:58 refiriéndose a David delante del rey Saúl. Se usa también en el Job 119:9. Nos da la impresión de que Samuel ya no era un niño pequeño.

Samuel servía, atendía y cumplía quehaceres en el santuario. El verbo servía nos hace entender que ya se acostumbraba a su acolitazgo. Pero a pesar de toda la liturgia que se practicaba, Dios no hablaba. Escaseaba es una palabra que nos da la idea de algo sumamente caro o de gran precio. Algo muy apreciado generalmente escasea porque todos lo buscan. La palabra visiones por lo general se refiere a la profecía aunque el verbo quiere decir contemplar, mirar fijamente o clavar la vista. Ni los profetas recibían revelaciones de Dios. Este no se revelaba y el motivo es obvio. Los líderes de la vida espiritual de Israel no tomaban en serio la obediencia. Y cuando hay desobediencia, Dios no se revela. El hambre de las palabras de Dios es una consecuencia de haberla despreciado obstinadamente.

Dios vio en Samuel, sin embargo, un instrumento limpio que podía usar. El muchacho dormía dentro del santuario (lo que sería cosa desconocida hasta aquí). Evidentemente Elí tenía un cuarto al lado del santuario. En la madrugada Dios le habló a Samuel. La lámpara de Dios sería ese candelero de oro con sus siete brazos que iluminaban el santuario toda la noche. Siempre ha sido un símbolo común de Dios entre su pueblo y se conoce hoy como menorah entre los israelitas. Típicamente nos habla de Jesucristo, la luz del mundo.

Carlos Wilson, del Fondo para la Exploración de Palestina, ubicó el tabernáculo hace más de cien años en el sitio de Seilun, una aldea árabe donde antiguamente estaba Silo. Al norte del pueblo se encuentra un terreno nivelado sobre piedra pura, suficientemente grande como para acomodar el tabernáculo y sus atrios. Asher Kaufman, un físico y arqueólogo israelí en Jerusalén, está de acuerdo que esta sería la ubicación original. Para llegar al sitio obligadamente tiene que pasar por el lugar donde estaba el pueblo de Silo porque hay declives escarpados al norte, oeste y al este. El lugar se hubiera podido defender fácilmente. Evidentemente el tabernáculo fue ubicado en dirección esteoeste, ocupando un espacio rectangular aprox. de 43 m. de largo por 21 m. de ancho. En 1:24 se hace referencia al tabernáculo como la casa de Jehová en Silo sugiriendo que ya había tomado una forma más permanente. De hecho la Mishnah, escrita 200 años d. de J.C., dice que el tabernáculo no tenía techo pero que era una casa de material en su fundamento y techada de las cortinas arriba. Esto sugiere entonces que fue una estructura semipermanente en la época de Samuel. Y si Kaufman tiene razón, el tabernáculo ocupaba un sitio separado, pero cerca, del pueblo de Silo.

Dios llama tres veces a Samuel sin que el muchacho reconozca su voz. El versículo 7 aclara que todavía Samuel no conocía (personalmente) a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido aún revelada. Esa palabra se trata en este caso de juicio como en Romanos 1:17 donde se usa la misma expresión que emplea aquí la versión griega LXX. Pero en Romanos se revela algo más, y es el evangelio que nos libra de nuestros pecados. Samuel responde tres veces: Heme aquí. Solamente cuando Elí le enseña, él responde: Habla, que tu siervo escucha (versículo 10). Dios entonces le da el mensaje. Samuel no había recibido este mensaje antes porque él estaba atento al hombre. Ahora está atento a Dios. El versículo justo en medio de la Biblia es el Job 118:8 que dice: Mejor es refugiarse en Jehová que confiar en el hombre. Este versículo debe estar también en el centro de nuestra experiencia. Como Samuel fue inspirado por Dios para recibir y relatar esta revelación divina, nosotros seremos iluminados para entender las cosas divinas confiando y dependiendo del Espíritu de Dios.

El mensaje explicado

El efecto del mensaje se explica primero. Todo oído iba a retiñir. La palabra hebrea es “temblar”, demostrando la profunda emoción que acompañaba la recepción de esta palabra. Esta expresión tiene que ver con el árabe para “címbalo” y nos da la idea de un sonido fuerte que impacta y llama la atención. Hasta ahora Elí y sus hijos no habían escuchado atentamente. Con esto tendrían que atenderlo. Parece que la expresión fue común en Israel para impartir el temor y horrorizar.

El pecado que Dios juzgaría era la blasfemia (versículo 13). La idea principal de la palabra es “tomar livianamente” pero cuando se usa en su forma intensiva como aquí, quiere decir “maldecir”. Y realmente vemos que aquí el verbo es reflexivo indicando que los hijos de Elí habían traído sobre sí mismos la maldición de Dios. Ellos eran los culpables y nadie más. Y Elí sabiendo esto no les reprochó. No sintió profundamente el peso de su pecado. El verbo sugiere que no palideció de horror ni se sintió débil por él.

El versículo 14 se refiere a la familia de Elí en su linaje sacerdotal. Sus hijos no tenían vida espiritual. Pero aparte de ese hecho Dios dice que esta casa sacerdotal no podría continuar en el ministerio. No habría sacrificio que pudiera expiar (cubrir) su pecado, sencillamente porque pecaron voluntariamente a sabiendas. Efectivamente la casa de Elí fue reemplazada más adelante por la de Sadoc. El rey David la reemplazó por haberle traicionado.

Dios sigue llamando

Por gracia de Dios, la obra evangélica en América Latina es un testimonio fiel de cómo Dios sigue llamando a hombres y mujeres que como Samuel están entrando al servicio activo sin tener en cuenta la edad o la condición social a quien él escoge con un propósito especial.

Cualquiera de nuestros seminarios podría proveernos de una lista de sus alumnos cuyos nombres honran la causa del evangelio de Jesucristo y de la iglesia en particular. En esas mismas aulas podríamos encontrar a padres con su familia y hasta a algunos abuelos desafiando las circunstancias que los rodean después de haber escuchado un claro llamado del Señor a su causa. El espíritu de muchos «samueles» es la vigencia del Espíritu Santo en nuestros días.

El ministerio establecido

Aunque Samuel no quiso revelarle a Elí el contenido de un mensaje tan severo, Elí empleaba ternura primeramente, llamándole hijo mío, término de cariño que le infundiría confianza. Y luego enuncia una especie de juramento que le obligaría a revelarlo todo. Tales juramentos eran comunes entre los hebreos. Con semejante estímulo Samuel reveló todo el mensaje (lit. “la palabra” en hebreo). Y Elí de manera noble y a la vez funesta, acepta la sentencia con algo de presentimiento y resignación. Era de esperarse y no hubo más que decir.

En el versículo 19 se dice: Samuel… no dejaba sin cumplir. Es el sentido del hebreo, que dice: “No dejaba caer a tierra.” Ver Josué 21:45 donde se usa la misma palabra en el sentido de faltar o fallar. Una de las evidencias de un verdadero profeta fue el cumplimiento de su mensaje. De esta manera todos los israelitas sabían que Samuel era profeta (versículo 20). Esta fue su acreditación, su “amén”, lo que afirmaba que fue cierto. Puesto que Dan y Beerseba fueron reconocidos como los bien establecidos límites de Israel en el norte y en el sur, la frase quiere decir “todo Israel”.

Es interesante que la LXX añade al versículo 21 esta frase: “Y Elí era muy viejo y sus hijos seguían avanzando más y más, y su camino fue malo ante los ojos del Señor.” No se sabe de donde se saca esta frase, pero revela otra vez la gran diferencia que existía entre el joven Samuel y los hombres sobre los cuales descansaba el juicio y la condenación de Dios.

Debemos añadir que el versículo 21 señala que en Silo Jehová se manifestaba. Silo en hebreo quiere decir “tranquilidad o descanso”. Quizá se le dio al lugar este nombre porque allí el tabernáculo había hallado descanso después de todos sus años de vagar en el desierto. Habrá tenido algo que ver también con el hecho de que toda la tierra descansaba de la guerra. Pero en Genesis 49:10 se refiere a Siloh como persona, referencia que la antigua tradición de los judíos asigna al Mesías. No es posible encontrar la paz en un lugar. Tiene que proporcionarla el Príncipe de Paz y el que es nuestra paz. El lugar de Silo duró más de 300 años, pero la paz que trae el Mesías es para siempre.

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