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1 de Samuel 3: Su llamamiento

El versículo 14 se refiere a la familia de Elí en su linaje sacerdotal. Sus hijos no tenían vida espiritual. Pero aparte de ese hecho Dios dice que esta casa sacerdotal no podría continuar en el ministerio. No habría sacrificio que pudiera expiar (cubrir) su pecado, sencillamente porque pecaron voluntariamente a sabiendas. Efectivamente la casa de Elí fue reemplazada más adelante por la de Sadoc. El rey David la reemplazó por haberle traicionado.

Dios sigue llamando

Por gracia de Dios, la obra evangélica en América Latina es un testimonio fiel de cómo Dios sigue llamando a hombres y mujeres que como Samuel están entrando al servicio activo sin tener en cuenta la edad o la condición social a quien él escoge con un propósito especial.

Cualquiera de nuestros seminarios podría proveernos de una lista de sus alumnos cuyos nombres honran la causa del evangelio de Jesucristo y de la iglesia en particular. En esas mismas aulas podríamos encontrar a padres con su familia y hasta a algunos abuelos desafiando las circunstancias que los rodean después de haber escuchado un claro llamado del Señor a su causa. El espíritu de muchos «samueles» es la vigencia del Espíritu Santo en nuestros días.

El ministerio establecido

Aunque Samuel no quiso revelarle a Elí el contenido de un mensaje tan severo, Elí empleaba ternura primeramente, llamándole hijo mío, término de cariño que le infundiría confianza. Y luego enuncia una especie de juramento que le obligaría a revelarlo todo. Tales juramentos eran comunes entre los hebreos. Con semejante estímulo Samuel reveló todo el mensaje (lit. “la palabra” en hebreo). Y Elí de manera noble y a la vez funesta, acepta la sentencia con algo de presentimiento y resignación. Era de esperarse y no hubo más que decir.

En el versículo 19 se dice: Samuel… no dejaba sin cumplir. Es el sentido del hebreo, que dice: “No dejaba caer a tierra.” Ver Josué 21:45 donde se usa la misma palabra en el sentido de faltar o fallar. Una de las evidencias de un verdadero profeta fue el cumplimiento de su mensaje. De esta manera todos los israelitas sabían que Samuel era profeta (versículo 20). Esta fue su acreditación, su “amén”, lo que afirmaba que fue cierto. Puesto que Dan y Beerseba fueron reconocidos como los bien establecidos límites de Israel en el norte y en el sur, la frase quiere decir “todo Israel”.

Es interesante que la LXX añade al versículo 21 esta frase: “Y Elí era muy viejo y sus hijos seguían avanzando más y más, y su camino fue malo ante los ojos del Señor.” No se sabe de donde se saca esta frase, pero revela otra vez la gran diferencia que existía entre el joven Samuel y los hombres sobre los cuales descansaba el juicio y la condenación de Dios.

Debemos añadir que el versículo 21 señala que en Silo Jehová se manifestaba. Silo en hebreo quiere decir “tranquilidad o descanso”. Quizá se le dio al lugar este nombre porque allí el tabernáculo había hallado descanso después de todos sus años de vagar en el desierto. Habrá tenido algo que ver también con el hecho de que toda la tierra descansaba de la guerra. Pero en Genesis 49:10 se refiere a Siloh como persona, referencia que la antigua tradición de los judíos asigna al Mesías. No es posible encontrar la paz en un lugar. Tiene que proporcionarla el Príncipe de Paz y el que es nuestra paz. El lugar de Silo duró más de 300 años, pero la paz que trae el Mesías es para siempre.

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