Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

1 Pedro 5: Los ancianos de la iglesia

(c) Corrientemente llamaban Babilonia a Roma, tanto los; judíos como los cristianos. Ese es sin duda el caso en Apocalipsis, donde Babilonia es la gran ramera, ebria de la sangre de los santos y de los mártires (capítulos 17 y 18). La impiedad; concupiscencia y lujo de la antigua Babilonia, como si dijéramos, se habían reencarnado en Roma. No cabe duda que la tradición conecta a Pedro con Roma; y lo más probable es que era allí donde se escribió la carta.

(iii) ¿Quién es el Marcos a quien Pedro llama su hijo y de quien envía saludos? Si consideramos que la señora elegida era la mujer de Pedro, Marcos bien podría ser literalmente su hijo Pero es mucho más probable que fuera el Marcos que escribió el evangelio. La tradición siempre ha conectado estrechamente: a Pedro con Marcos, y ha transmitido la historia de que estuvieron íntimamente relacionados en la producción del evangelio de Marcos. Papías, que vivía a principios del siglo II y fue un gran coleccionista de tradiciones antiguas, describe el evangelio de Marcos de la siguiente manera: «Marcos, que fue intér-› prete de Pedro, tomó nota cuidadosamente aunque no en orden de todo lo que recordaba de lo que Cristo había dicho o hecho: Porque él no fue uno de los que Le escucharon o siguieron; él fue seguidor de Pedro, como ya he dicho, posteriormente, y Pedro adaptaba sus enseñanzas a las necesidades prácticas, sin intentar dar las palabras del Señor sistemáticamente. Así que Marcos no cometió errores al escribir algunas de las cosas dependiendo de su memoria, porque su única preocupación era no omitir ni falsificar nada que hubiera oído.» Según Papías el evangelio de Marcos no es otra cosa que los materiales de la predicación de Pedro. Con un talante similar, Ireneo dice que después de la muerte de Pedro y Pablo en Roma «Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos trasmitió por escrito lo que Pedro había estado predicando.» Es la consecuente tradición que Marcos, el evangelista, fue de veras como un hijo para Pedro, y toda la probabilidad apunta a que estos saludos eran de él.

Así que podemos reunir las posibilidades. «La que está en Babilonia y que ha sido escogida lo mismo que vosotros,» puede ser o la iglesia o la mujer de Pedro, que fue mártir. Babilonia puede ser la Babilonia del Este, pero es más probable que sea la gran y malvada ciudad de Roma. Marcos puede que fuera un hijo de Pedro, de quien no sabríamos nada más; pero es más probable que se trate de Marcos, el autor del evangelio, que fue como un hijo para Pedro.

Todos en paz con todos

Saludaos unos a otros de mi parte con un beso de amor. ¡Que la paz sea con todos los que estáis en Cristo! Lo más interesante de aquí es el encargo de que se den recíprocamente el beso de amor. Durante siglos esto fue una parte integrante y preciosa de la comunión y el culto cristianos; y su historia y gradual eliminación son del mayor interés. Entre los judíos era costumbre que el discípulo besara a su rabino. en la mejilla poniéndole las manos en los hombros. Eso fue lo que hizo Judas con Jesús (Marcos 14:44). El beso era un saludo de bienvenida y de respeto, y podemos ver cuánto lo valoraba Jesús por Su tristeza cuando no se Le daba (Lucas 7:45). Las cartas de Pablo terminan frecuentemente recordando a sus lectores el deber de saludarse recíprocamente con el beso santo (Romanos 16:16; 1 Corintios 16:20; 2 Corintios 13:12; 1 Tesalonicenses 5:26).

En la Iglesia Primitiva el beso llegó a ser una parte esencial del culto cristiano. « ¿Cómo se puede dar por terminada una reunión de oración si se excluye el beso santo? -pregunta Tertuliano-. ¿Qué clase de sacrificio sería uno del que los miembros se retiraran sin la paz?» (De Oratione 18). El beso, vemos aquí, se llamaba la paz. Era especialmente una parte del culto de comunión. Agustín dice que cuando los cristianos se disponían a comulgar «demostraban su paz interior mediante el beso» (De Amicitia 6). Se daba corrientemente después de retirarse los catecúmenos, cuando sólo estaban presentes los miembros comulgantes, y después de la oración que se hacía antes de traer los elementos. Justino Mártir dice: «Cuando hemos acabado de orar, nos saludamos recíprocamente con un beso. Entonces se le trae pan y una copa de vino al presidente» (1:65). Al beso precedía la oración «por el don de la paz y el amor sincero, incontaminado de hipocresía o engaño,» y era la señal de que «muestras almas están unidas, y han desterrado todo recu&rdo de agravios» (Cirilo de Jerusalén, Sermones catequéticos 25.5.3). El beso era la señal de que las injurias se habían olvidado, los agravios perdonado, y los que se sentaban a la Mesa del Señor eran una sola cosa en el Señor.

Esta era una costumbre preciosa, y sin embargo está claro que estaba tristemente expuesta a abusos. También dejan claro las frecuentes advertencias que se introducían los abusos. Atenágoras insiste en que el beso debe darse con el máximo cuidado; porque « si va mezclado con la menor contaminación de pensamiento, nos excluye de la vida eterna» (Legatio Christianis 32). Orígenes insiste en que el beso de la paz debe ser «santo, casto y sincero,» no como el beso de Judas (Commentaria in Epistolam B. Pauli ad Romanos 10:33). Clemente de Alejandría condena el uso desvergonzado del beso, que debe ser místico, porque con el beso «algunas personas hacen retumbar a las iglesias, y así provocan sucias suspicacias e informes vergonzosos» (Paedagogus 3:11). Tertuliano menciona el reparo natural del marido pagano al pensar que saludan así a su mujer en la iglesia cristiana (Ad Uxorem 2:4).

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar