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2 Corintios 10: Pablo responde a sus críticos

Pero Pablo afirma que nunca dice nada por carta que no pueda mantener en persona.

(ii) Está claro que le habían acusado de organizar su conducta dejándose llevar por motivos puramente humanos. La respuesta de Pablo es que tanto su conducta como su poder venían de Dios. Sí, era verdad que era un hombre sujeto a todas las limitaciones de la naturaleza humana, pero Dios era su guía y su fuerza.

Lo que hace difícil de entender este pasaje es que Pablo usa la palabra sarx, carne, en dos sentidos diferentes.

(a) La usa en el sentido ordinario de cuerpo humano, carne en el sentido físico. «Andamos -dice- en la carne.» Aquí quiere decir sencillamente que es un ser humano como otro cualquiera. Como en Gálatas 2:20: « … lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.»

(b) Pero también usa esta expresión de una manera que le es característica, refiriéndose a la parte de la naturaleza humana que es una cabeza de puente para el pecado, esa debilidad esencialmente humana de la vida sin Dios. Por eso dice: « No seguimos los dictados de la carne.» Es como si dijera: «Soy un ser humano con un cuerpo como el vuestro, pero nunca me dejo dominar por motivos puramente humanos. Nunca intento vivir sin contar con Dios.» Una persona puede vivir en un cuerpo, pero ser guiada por el Espíritu de Dios.

Pablo pasa a tocar tres puntos muy significativos.

(i) Dice que está equipado para enfrentarse con toda la astucia plausible de la sabiduría y del orgullo humanos. Existe una sencillez que es un argumento de mucho más peso que la más elaborada agudeza humana. Había en cierta ocasión una tertulia a la que asistía Huxley, el gran agnóstico victoriano. El domingo por la mañana habían quedado de acuerdo para ir al culto.

Huxley le dijo a uno de los miembros del grupo: «Supongamos que no vas a la iglesia; supongamos que te quedas en casa y me dices por qué crees en Jesús.» El hombre le contestó: «Pero usted, que es tan inteligente, podrá demoler fácilmente todo lo que le diga yo, que no sé tanto como usted.» Huxley le dijo: « No quiero discutir contigo. Lo único que quiero es que me digas lo que todo eso representa para ti.» Y así lo hicieron. Aquel hombre le dijo a Huxley, de la manera más sencilla, lo que Cristo era para él. Cuando terminó, había lágrimas en los ojos del gran agnóstico. «Daría mi brazo derecho -le dijo- por tener tu fe.» No hubo discusión; pero la absoluta sencillez y sinceridad de aquel creyente humilde le llegaron al corazón al gran pensador. En último análisis, lo más efectivo no es el sutil intelectualismo, sino la sencilla sinceridad.

(ii) Pablo habla de hacer prisionera de Cristo toda intención humana. Cristo tiene una manera maravillosa de cautivar lo que era antes pagano y someterlo a Sus propósitos. Max Warren relata una costumbre de los nativos de Nueva Guinea. En ciertos tiempos tenían cantos y danzas rituales. Tanto se acaloraban que entraban en trance, y el ritual culminaba con lo que ellos llaman «las canciones asesinas,» en las que gritaban delante de su dios los nombres de los que querían matar. Cuando aquellos nativos se convirtieron al Cristianismo, siguieron con esas costumbres y ese ritual; pero, en las canciones asesinas, ya no gritaban los nombres de las personas que odiaban, sino los pecados que odiaban y Le pedían a Dios que los destruyera. Una antigua costumbre pagana había sido hecha cautiva de Cristo. Jesús no quiere nunca quitarnos nuestras cualidades y habilidades y características. Lo que quiere es tomarlas y usarlas en Su obra. Nos invita a acudir a Él con todo lo que tengamos para ofrecérselo a Él, y Él nos capacitará para hacer mejor uso de nosotros mismos y de todo lo nuestro del que haríamos sin Él.

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