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2 Corintios 10: Pablo responde a sus críticos

Antes de salirnos de este pasaje debemos fijarnos en una frase que es característica del corazón de Pablo. El quería dejar las cosas como Dios manda en Corinto porque quería tomarlo como punto de partida para alcanzar las regiones más allá a las que no había llegado todavía el mensaje de Cristo. W. M. Macgregor solía decir que Pablo sentía la fascinación de las regiones más allá. Nunca veía un navío anclado o amarrado en un puerto sin desear embarcarse para llevar la Buena Noticia a las regiones más allá. Nunca veía una cordillera, azul en la distancia, sin desear cruzarla para llevar la historia de la Cruz a las regiones más allá.

Kipling escribió un poema que se llama El explorador, que narra la historia de otro que estaba alucinado con las regiones más allá: «No tiene ningún sentido intentar ir más allá; aquí termina la tierra que se puede cultivar.» Creí lo que me dijeron y no quise buscar más. Roturé y sembré mi campo y construí mi lagar, mis graneros y mis vallas hasta llegar al final de lo que verse podía entre los montes y el mar. Hasta que una voz inquieta de lejos sentí llamar, molesta cual la conciencia, repitiendo sin cesar: «Hay algo que está escondido que tú puedes encontrar, más allá de las colinas que se pueden vislumbrar; está perdido a lo lejos, pero esperándote está. No te baste lo que tienes. ¡Sal otra vez a buscar!»

Eso era lo que Pablo sentía en su corazón. Se ha dicho de un gran evangelista que, al pasearse por las calles de la ciudad, no podía por menos de sentir la llamaba de los miles y miles y miles y miles que estaban todavía sin Cristo. El que ama a Cristo siempre sentirá la angustia de los millones que no han oído hablar nunca del Cristo que representa tanto para él.

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