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2 Corintios 10: Pablo responde a sus críticos

Sigue la defensa de Pablo

Fijaos en lo que tenéis delante de las narices: el que crea a pie juntillas que pertenece a Cristo, que haga otra vez examen de conciencia; porque, si él pertenece a Cristo, nosotros también. Si hago lo que podría tomarse por exceso de autoridad, de esa autoridad que nos ha dado el Señor para edificaros y no para destruiros, no permitiré que se me avergüence. Y eso es precisamente lo que voy a hacer, para que no parezca, como si dijéramos, que me pongo a meteros miedo con una serie de cartas; porque, para citar a mis oponentes, « sus cartas son duras y pesadas, pero su aspecto es insignificante, y lo que dice no vale nada. »

Que el que ha hecho esas afirmaciones tome nota de que como nos expresamos por carta cuando estamos ausentes, así es como somos en realidad cuando estamos presentes.

¡Lejos esté de nosotros el incluirnos entre algunos que se alaban a sí mismos o el compararnos con ellos! Porque no son sensatos cuando no se aplican más que su propio baremo para medirse consigo mismos y cuando no se comparan más que con ellos mismos. Por lo que se refiere a nosotros, no vamos a presumir desmesuradamente, sino de acuerdo con el baremo que Dios nos ha puesto por norma, que os incluye a vosotros también.

Porque no nos hemos pasado, como si nuestra esfera no os incluyera a vosotros; porque no cabe duda que fuimos los primeros en llevaros el Evangelio de Cristo. No presumimos más de lo que nos corresponde, sino acariciamos la esperanza de que, conforme crezca vuestra fidelidad, recibiremos una mayor participación de honor entre vosotros, en la esfera que nos corresponde, lo que nos permitirá predicar el Evangelio en las regiones de más allá, y no para atribuirnos lo que ya se haya hecho en la esfera de otro.

El que quiera presumir de algo, ¡que presuma del Señor! Porque no es el que se alaba a sí mismo el que pasa todas las pruebas de calidad, sino aquel a quien alaba el Señor.

Pablo sigue respondiendo a sus críticos. Y nos encontramos con el mismo problema de antes: que no podemos oír nada más que un lado de la conversación, y tenemos que deducir las críticas por las respuestas que da Pablo.

(i) Parece claro que por lo menos algunos de los oponentes de Pablo afirmaban que él no pertenecía a Cristo de la misma manera que ellos. Tal vez estaban todavía echándole en cara el hecho de haber sido el archiperseguidor de la Iglesia. A lo mejor presumían de un conocimiento especial. Tal vez pretendían ser más santos que nadie. Por lo que fuera, miraban a Pablo por encima del hombro y presumían de la relación que ellos tenían con Cristo.

Cualquier religión que mueva a mirar por encima del hombro a los semejantes y a creerse mejor que nadie no tiene ningún parecido con el Cristianismo. Cuando hubo un avivamiento en las iglesias del Este de África no hace mucho, una de sus características fueron las confesiones públicas de pecados. Los nativos tomaban parte en aquellas confesiones de buena gana, mientras que los europeos se quedaban al margen, y uno de los misioneros escribió: «Se tiene el sentimiento de que el quedarse al margen es negarse a que se le identifique a uno con la compañía de los pecadores perdonados. A veces se acusa a los europeos de ser orgullosos y no estar dispuestos a compartir la comunión de esa manera.» No hay una definición mejor de la Iglesia que esta de la compañía de los pecadores perdonados. Cuando una persona se da cuenta de que es a esa compañía a la que pertenece, no le queda espacio para el orgullo. El problema de los cristianos arrogantes es que creen que Cristo les pertenece, y no que ellos Le pertenecen a Él.

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