2 de Crónicas 31:21 Y toda obra que emprendió en el servicio de la casa de Dios por ley y por mandamiento, buscando a su Dios, lo hizo con todo su corazón y prosperó.
El capítulo 31: describe la campaña de Ezequías para erradicar la idolatría cananea de Israel y para establecer oficialmente la religión del pacto. Gran parte del texto se ocupa de asegurar el apoyo material para los sacerdotes y levitas y sus ministerios. En sus reformas, el rey contaba con el apoyo de los profetas Miqueas e Isaías.
Los capítulos 13-27 de Isaías se aplican al reino de Ezequías, entre los años 728 y 712 a. de J.C. Los reyes de esa época tuvieron en alta estima a estos dos profetas. La producción literaria de Miqueas e Isaías ayuda a comprender mejor todo este período.
Con el fin de materializar las aspiraciones del rey y del pueblo, los que habían estado presentes fueron espontáneamente por las ciudades echando al suelo los lugares altos. Cortaron los árboles rituales de Asera y, según 2 de Reyes18:4b, destruyeron a Nejustán, la serpiente de bronce que Moisés había hecho en el desierto y que se había convertido en objeto de adoración. Algunos hasta le quemaban incienso. De este modo, por primera vez en la historia del pueblo judío, los lugares altos fueron destruidos; el espíritu de avivamiento los había inundado de tal celo por las cosas sagradas que decidieron declarar la guerra santa al paganismo y a la idolatría en Judá y en Israel del norte.
La destrucción en el norte fue limitada debido a los pocos que llegaron a Jerusalén para celebrar las fiestas. Un verdadero avivamiento siempre conduce al pueblo a participar en la expansión del reino de Dios.
En su celo por proveer generosamente para los sacerdotes, los levitas y sus ministerios, Ezequías los organizó de acuerdo a las instrucciones de David. El cronista hace una referencia histórica en relación con la administración del templo: restableció el sistema rotativo de 24 grupos para mantener el orden en el servicio de adoración. Esto aseguraría que siempre habría suficientes ministros y ministerios en la casa de Jehová. El ministerio de estos era servir, dar gracias y alabar en las puertas de la morada de Jehová. El rey mismo volvió a contribuir personalmente, tal como lo hiciera Salomón en circunstancias similares.
La remuneración para los sacerdotes provenía generalmente de ciertas partes designadas que debían ser sacadas del animal antes de ofrecerse como ofrenda quemada
Los levitas eran remunerados con los diezmos provenientes de las otras tribus de Israel. Ellos tenían que mantenerse dedicados a la ley de Jehová, sin preocupaciones de carácter secular. Según la ley mosaica, la porción de los sacerdotes y de otros levitas incluía el diezmo, las primicias y ciertas porciones de los sacrificios ofrecidos.
El cronista menciona aquí los diezmos, las primicias y las cosas dedicadas a Dios mediante promesas. Al parecer, Ezequías limitó su orden solo para los que habitaban en Jerusalén; pero cuando se pasó la voz, tanto los hijos de Judá como los de Israel residentes en Judá respondieron generosamente, a tal punto que era necesario acumular los diezmos y las ofrendas en montones.
