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2 Timoteo 3: Tiempos de terror

Muchos hombres y mujeres, a los que nunca se les pasa por la cabeza no le dan importancia -y hasta encuentran placer en ello- a transmitir una historia que arruina el buen nombre de algún otro, sin hacer el menor esfuerzo por comprobar si es o no cierta. Hay suficientes calumnias en muchas iglesias como para hacer llorar al ángel encargado de apuntarlas.

Las personas serán ingobernables en sus deseos (akratés). El verbo griego kratein quiere decir controlar. Una persona puede llegar a una situación en que, lejos de controlarlo, se convierte en esclava de algún hábito o deseo. Ese es el camino que conduce inevitablemente a la ruina, porque nadie puede dominar nada a menos que primero se domine a sí mismo.

Las personas serán salvajes. La palabra original es anémeros, y se aplica más adecuadamente a las fieras que a los seres humanos. Denota un salvajismo que no tiene ni sensibilidad ni compasión. Las personas pueden ser salvajes en la reprensión y salvajes en la acción despiadada. Hasta un perro puede sentir lástima, puede sentir el haberle hecho daño a su amo; pero hay personas que en su trato con los demás, pueden haber llegado a perder totalmente la simpatía y el sentimiento humano.

En estos últimos terribles días las personas llegarán a no sentir amor por las cosas buenas ni por las personas buenas (afilágathos). Puede llegar un tiempo en la vida de una persona cuando la compañía de la buena gente y la presencia de las cosas buenas sean una contrariedad. El que alimenta su mente con literatura barata puede acabar por no ser capaz de leer ninguna obra maestra. Pierde el paladar mental. Una persona se ha hundido de veras cuando encuentra hasta la presencia de buenas personas algo que no querría más que evitar.

Las personas serán traidoras. La palabra griega (prodótés) quiere decir nada menos que un traidor. Debemos recordar que esto se escribió precisamente al principio de los años de persecución, cuando estaba llegando a ser un crimen el ser cristiano. En este tiempo en particular una de las maldiciones de Roma en cuestiones políticas era la existencia de los informadores (delatores). Las cosas estaban tan mal que Tácito podía decir: « El que no tenía enemigos era traicionado por sus amigos.»

Había algunos que se vengaban de sus enemigos acusándolos. Lo que Pablo está pensando aquí es más que la infidelidad en la amistad -aunque eso ya es suficiente herida-; está pensando en los que para devolver una antigua ofensa informarían contra los cristianos al gobierno romano.

Las personas serían lanzadas en palabras y acciones. La palabra originas es propetés, precipitadas. Describe a la persona que es arrebatada por la pasión y el impulso hasta tal punto que es totalmente incapaz de pensar con sensatez. Se hace más daño por no pensar que casi de ninguna otra manera. Muchos y muchas veces se librarían de hacer daño a otros y herirlos si pudieran sencillamente pararse a pensar.

Las personas estarán henchidas de presunción (tetYfómenos). Estarán envanecidos con un sentimiento de su propia importancia. Siguen existiendo los dignatarios eclesiásticos que no piensan más que en su propia dignidad; pero el cristiano es un seguidor de Aquel Que era manso y humilde de corazón.

Serán amadores de los placeres más que de Dios. Aquí volvemos adonde empezamos; tales personas colocan sus propios deseos en el centro de su vida. Se adoran a sí mismos en lugar de a Dios.

La condición final de estas personas es que conservan el aspecto exterior de la religión pero niegan su poder. Es decir, hacen todos los movimientos correctos y mantienen todas las formas externas de la religión; pero no conocen el Evangelio como un poder dinámico que cambia las vidas de las personas. Se dice que, después de escuchar un sermón evangélico, Lord Melbourne hizo una vez la observación: « Las cosas tienen que haber llegado al colmo cuando se le permite a la religión invadir la esfera de la vida privada.»

Bien se puede decir que el obstáculo más grande al Evangelio no es el pecador grosero sino el devoto rastrero de una ortodoxia impecable y de unos convencionalismos dignificados, que se horroriza cuando se sugiere que la verdadera religión es un poder dinámico que cambia la vida personal de un hombre.

Seducción en nombre de religión

Porque de entre éstos proceden los que se meten por las casas, y se llevan cautivas a mujercillas cargadas de pecados y llevadas a la deriva por diversos deseos, dispuestas a escuchar a cualquier maestro pero incapaces de llegar al conocimiento de la verdad.

La emancipación cristiana de las mujeres trajo inevitablemente sus problemas. Ya hemos visto lo recluida que era la vida de las mujeres griegas respetables, cómo se las criaba bajo estricta supervisión y no se les permitía « ver nada, oír nada, ni hacer preguntas;» cómo nunca aparecía ni siquiera para hacer compras sin compañía, y no se les permitía ni siquiera asistir a una reunión pública. El Cristianismo cambió todo eso y surgió una nueva serie de problemas. Era de esperar que algunas mujeres no supieran cómo usar su nueva libertad. Hubo falsos maestros que se aprovecharon rápidamente para sacar sus ventajas.

Ireneo traza una descripción gráfica de los métodos de precisamente un maestro de sus días. Es verdad que está hablando de algo que sucedió en un tiempo posterior, pero la historia malhadada se habría parecido bastante (Irenéo: Contra los Herejes, 1,13,3). Hubo un cierto hereje llamado Marción que practicaba la magia. « Se dedica especialmente a las mujeres, a las que están bien educadas y elegantemente vestidas, y de gran riqueza.» Les dice a esas mujeres que con sus ensalmos y encantamientos las hará capaces de profetizar. La mujer protesta que ella no lo ha hecho nunca ni lo puede hacer. Él dice: «Abre la boca, di lo que quiera que se te ocurra y profetizarás.» La mujer, emocionada a tope, lo hace y se sugestiona hasta creer que puede profetizar de veras. «Entonces hace un esfuerzo para recompensar a Marcus, no sólo con el regalo de sus posesiones (que se ha hecho de esa manera con una muy considerable fortuna), sino también entregándole su propia persona, deseando estar unida con él en todos los sentidos, para llegar a ser totalmente una con él.» La técnica sería la misma en los días de Timoteo como lo fue después en los días de Ireneo… y, tal vez, bastante después.

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