Pablo pasa a listar las cosas en que Timoteo ha sido su discípulo; y el interés de esa lista está en que representa la trama sobre la cual se teje la vida y la obra de un apóstol. En ella encontramos los deberes, las cualidades y las experiencias de un apóstol. En primer lugar, están los deberes de un apóstol. Está la enseñanza. Nadie puede enseñar lo que no conoce, y por tanto, antes de que uno pueda enseñar a Cristo a otros, debe conocerle personalmente. Cuando el padre de Carlyle estaba discutiendo la clase de pastor que necesitaba su parroquia decía: « Lo que esta parroquia necesita es un hombre que conozca a Cristo más que de segunda mano.» La verdadera enseñanza siempre nace de la experiencia real. Está el entrenamiento. La vida cristiana no consiste exclusivamente en saber algo; consiste mucho más en ser algo. La tarea del apóstol no se limita a comunicar la verdad; también incluye el ayudar a ponerla por obra. El verdadero dirigente da el entrenamiento viviendo.
En segundo lugar, están las cualidades del apóstol. Lo primero y principal es que tiene un objetivo en la vida. Dos hombres estaban hablando de un gran satírico que estaba henchido de sinceridad moral. « Le iba pegando patadas al mundo -decía uno- como si fuera un futbolista.» « Cierto -decía el otro-, pero siempre conseguía llevarlo a la meta.»
Como individuos, algunas veces nos hacemos estas preguntas: « ¿Tenemos algún objetivo en la vida?» Como maestros deberíamos preguntarnos a veces: «¿Adónde pretendo llevar a estas personas a las que enseño?» Una vez le preguntaron a Jesilao, el rey de Esparta: «¿Qué debemos enseñarles a los chicos?» Su respuesta fue: « Lo que les sea más útil cuando sean hombres.» ¿Son conocimientos o la vida real lo que estamos tratando de transmitir?
Como miembros de la Iglesia deberíamos a veces preguntarnos qué estamos tratando de hacer en ella. No basta con darnos por satisfechos cuando la Iglesia zumba como un motor y celebra una reunión abarrotada todas las noches.
Deberíamos preguntarnos: ¿Cuál, si alguno, es el propósito unificador que armoniza todas estas actividades? En toda vida no hay nada tan creativo de esfuerzo realmente productivo como una clara conciencia del objetivo.
Pablo pasa a otras cualidades de un apóstol. Está la fe, creer totalmente que los mandamientos de Dios son vinculantes y que sus promesas son fidedignas. Está la paciencia. La palabra que se usa aquí es makrothymía; y makrothymía, como la usaban los griegos, quena decir por lo general paciencia con las personas. Es la habilidad de no perder la paciencia cuando las personas son tontas, no perder los estribos cuando parecen incapaces de aprender. Es la habilidad de aceptar la tontería, la perversidad, la ceguera, la ingratitud de las personas y seguir siendo amable, y seguir esforzándose. Está el amor. Ésta es la actitud de Dios para con los hombres. Es la actitud que soporta todo lo que los hombres puedan hacer y se niega a enfadarse o a darse por ofendido, y que nunca busca sino el bien supremo de los que ama. Amar a las personas es perdonarlas y cuidarse de ellas como Dios perdona y se cuida -y sólo Él puede capacitarnos para hacerlo.
Experiencias de un apóstol
Pablo completa la lista de las cosas en que ha participado Timoteo, y debe compartir con él, hablando de las experiencias de un apóstol; e introduce esa lista de experiencias presentando la cualidad de el aguante. La palabra griega es hypomoné, que no quiere decir sentarse pasivamente y soportar las cosas, sino encararlas triunfalmente de tal manera que hasta del mal pueda salir el bien. Describe, no el espíritu que acepta la vida, sino el espíritu que la conquista.
Y esa cualidad de resistencia conquistadora es necesaria, porque la persecución es parte integrante de la experiencia de un apóstol. Pablo cita tres ejemplos que tuvo que sufrir por Cristo. Le arrojaron de Antioquía de Pisidia (Hechos 13:50). Tuvo que huir de Iconio para evitar el linchamiento (Hechos 14:5s). En Listra le lapidaron y dejaron por muerto (Hechos 14:19). Es verdad que estas cosas sucedieron antes de que el joven Timoteo entrara definitivamente en el camino cristiano, pero todas sucedieron en el distrito del que él era natural; y es posible que él fuera testigo presencial de ellas. Bien puede ser una prueba del coraje y la consagración de Timoteo el que, habiendo visto muy claramente lo que podía sucederle a un apóstol, no dudara en asociarse con Pablo.
Pablo estaba convencido de que el verdadero seguidor de Cristo no puede escapar la persecución. Cuando empezaron a tener problemas los tesalonicenses, Pablo les escribió: «Cuando estábamos con vosotros, ya os dijimos de antemano que habíamos de sufrir persecución; como ha sucedido, y vosotros sabéis» (1 Tesalonicenses 3:4). Es como si les dijera: «Yo ya os lo había advertido.» Pablo volvió después de su primer viaje misionero para visitar a las iglesias que había fundado, «fortaleciendo las almas de los discípulos, exhortándolos a continuar en la fe, y diciéndoles que por medio de muchas tribulaciones hemos de entrar en el Reino de Dios» (Hechos 14:22). El Reino tenía su precio. Y Jesús mismo había dicho: «Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia» (Mateo 5:10). El que se proponga aceptar una serie de principios totalmente diferentes de los del mundo, está abocado a encontrar problemas. El que se proponga introducir en su vida una lealtad que sobrepasa todas las lealtades terrenales está abocado a sufrir choques. Y eso es precisamente lo que el Cristianismo demanda de una persona.
Vendrán la persecución y las dificultades; pero Pablo está seguro de dos cosas. Está seguro de que Dios rescatará a la persona que ponga su confianza en Él. Está seguro de que es mejor sufrir con Dios y lo correcto que prosperar con el mundo y lo equivocado. Absolutamente seguro como está de la persecución temporal, esta igualmente seguro de la gloria final.
Está seguro de que los impíos irán de mal en peor y de que literalmente no hay futuro para la persona que se niega a aceptar el camino de Dios.
