Gén 31:31 Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus hijas.
Gén 31:32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.
¿Recuerda usted haberse sentido absolutamente seguro de algo? Jacob estaba tan seguro de que nadie había robado los ídolos de Labán que prometió solemnemente matar al culpable. Debido a que Raquel los tomó, esta afirmación puso en grave peligro la seguridad de su esposa. Aun cuando estemos absolutamente convencidos de algo, es mejor evitar las declaraciones precipitadas. Quizá alguien pueda demandar que las cumpla.
Gén 31:33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló; y salió de la tienda de Lea, y entró en la tienda de Raquel.
Gén 31:34 Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos; y buscó Labán en toda la tienda, y no los halló.
Gén 31:35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
La costumbre de las mujeres : Raquel dijo que estaba menstruando para permanecer sentada. Jacob obviamente ignoraba el robo cometido por Raquel; de otra manera no hubiese hecho un juramento tan peligroso.
Gén 31:36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué transgresión es la mía? ¿Cuál es mi pecado, para que con tanto ardor hayas venido en mi persecución?
Gén 31:37 Pues que has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros.
Gén 31:38 Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
Gén 31:39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.
La ley hitita requería que el propietario, no el pastor, cargara con estas pérdidas accidentales. Labán obedecía la ley sólo cuando le convenía.
Gén 31:40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
Gén 31:41 Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.
Gén 31:42 Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.
El temor de Isaac es visto por muchos traductores como un antiguo nombre de Jehová. Significa que Jehová es el Dios que inspiró temor a Isaac.
Jacob se hizo el hábito de hacer más de lo que se esperaba de él. Cuando sus rebaños se veían atacados, se hacía cargo de todas las pérdidas en lugar de dividirlas con Labán. Trabajaba duro aun después de varios recortes en su jornal. La diligencia de Jacob a la larga le produjo buenos resultados: sus rebaños comenzaron a multiplicarse. El hábito de hacer más de lo que se espera de uno puede dar buenos resultados:
(1) agradar a Dios,
(2) ganar reconocimiento y un ascenso,
(3) mejorar su reputación,
(4) lograr que otros confíen en usted,
(5) adquirir nuevas experiencia y mayor conocimiento y
(6) desarrollar la madurez espiritual.
