En la superficie, nos puede parecer difícil identificarnos con Labán. Pero el egoísmo es algo que todos tenemos en común. Como él, a menudo tenemos una fuerte tendencia a controlar a los demás y las circunstancias para provecho nuestro. Las excusas que nos damos para tratar a los demás como lo hacemos pueden no ser más que un fino disfraz de nuestros motivos egoístas. Sin embargo, quizá no reconozcamos nuestro egoísmo. Una manera de notarlo es examinar nuestra disposición a reconocer que estamos equivocados. Labán no podía hacerlo. Si alguna vez le sorprende lo que dice y hace para no enfrentar las cosas malas que ha hecho, está vislumbrando su egoísmo en acción. Reconocer el egoísmo es doloroso, pero es el primer paso en el camino de regreso a Dios.
Labán influenció a dos generaciones de matrimonios en la familia abrahámica (Rebeca, Raquel, Lea); poseía un ingenio agudo; mas aún así tenía sus debilidades y errores : Manipulaba y utilizaba a los demás para su propio beneficio; No estaba dispuesto a reconocer que había hecho mal; Se benefició económicamente de Jacob, pero nunca recibió el beneficio completo que pudo haber tenido si hubiera conocido y adorado al Dios de Jacob
De su vida aprendemos que: Los que tratan de aprovecharse de los demás a la larga se dan cuenta de que se han aprovechado de ellos; No se puede obstaculizar el plan de Dios.
Lo encontramos en Harán, de ocupación próspero criador de ovejas, hijo de Betuel. Hermano de Rebeca. Cuñado de Isaac. Padre de Raquel y Lea y suegro de Jacob.
Dios ordena a Jacob a regresar a Canaán
El peligro todavía persistente en el cumplimiento del pacto era la imposibilidad de Jacob de regresar a Canaán. Su permanencia en Harán haría reversible y nulo el llamado de Dios a Abraham. La descendencia, la prosperidad material, la hostilidad continua entre Jacob y Labán y sus hijos no fueron suficientes motivos para que Jacob saliera de Harán. La palabra final para la partida viene de Dios quien en su momento oportuno llama a Jacob a regresar a la tierra prometida.
Dios siempre trató a Jacob mucho mejor de lo que se merecía. Dios lo bendijo a pesar de su conducta manipuladora y oportunista. Dios también lo hace así con nosotros. El está dispuesto a bendecirnos de muchas maneras aunque nosotros realmente no lo merecemos, pues hemos fallado en muchas maneras; sin embargo, Dios nos provee su ayuda y nos restaura cuando lo buscamos con fe.
(1) Jacob y su familia deciden partir para Canaán. En la decisión de regresar a Canaán intervienen varios factores. Primero, Jacob reconoce la hostilidad que los hijos de Labán expresan hacia él. La acusación era grave ya que culpaban a Jacob de despojo de la riqueza material de Labán. Por más que Labán procuraba mantener pobre a Jacob y enriquecerse más él, Jacob seguía prosperando. Segundo, Jacob reconoce que el mismo Labán muestra una actitud diferente y poco favorable hacia él. Tercero, Jehová mismo ordena a Jacob a regresar a Canaán. Este último factor es el decisivo y el determinante.
Entonces Jehová dijo a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres, a tu parentela, y yo estaré contigo».
Y ahora, ¿qué hago? Jacob encara una situación difícil con Labán, su suegro, y con toda la familia. Labán mismo ya no lo miraba con agrado. Jacob estaba en medio de una crisis. En esas condiciones aparece el Señor de nuevo. Es interesante observar que durante todas las crisis en la vida de Jacob, Jehová se le aparece. Dios le da instrucciones acerca de lo que tiene que hacer. Dios le da a conocer a Jacob el siguiente paso de su divino programa como si fuera una necesidad. Dios siempre está presente para ayudarnos durante nuestras crisis, sin embargo, necesitamos aprender a dejar de hacer lo que estamos haciendo y escuchar lo que él tiene que decirnos.
