¿Podemos cambiar? Raquel hurtó los ídolos de su padre. Además Jacob engaño a Labán el arameo al no decirle que se iba. Aunque Dios estaba muy activo y presente en la vida de Jacob y de Raquel, los viejos hábitos aún persistían. Las malas costumbres no se pueden cambiar de la noche a la mañana, ni siquiera los nuestros. El cambiar un estilo de vida defectuoso por uno virtuoso es un proceso que exige consciencia de los defectos y la búsqueda intencional del Señor para que él nos ayude y facilite el cambio paso a paso.
Finalmente, Labán explica que en el sistema patriarcal, todo lo de Jacob, sus esposas, hijos, bienes, le pertenece, pero él renuncia a todo ello y propone un pacto de reconciliación y compromisos mutuos a Jacob. Cabe notar una característica pacífica en Labán. En ocasiones de ira por parte de Jacob y por las circunstancias, él siempre toma la iniciativa de encontrar una solución pacífica y que salvaguarde la integridad de todos. Para sellar el pacto, establecen un testimonio visible, el cual recibe doble nombre: en hebreo y en arameo, indicación de la diferencia políticoétnica presente y futura. Luego participan de un sacrificio y una comida ceremonial. Los términos del pacto, jurados bajo la garantía del Dios de los patriarcas, consisten en acuerdos de carácter político y familiar, ambos de sumo interés para Labán. Políticamente, ambos se comprometen a un tratado de no agresión y reconocimiento de soberanía territorial. Este acuerdo se hace mirando al futuro, cuando ambas descendencias se constituyan en naciones poderosas. Los arameos vienen de la descendencia de Labán y los israelitas de la de Jacob. La historia bíblica confirma la estrecha relación entre israelitas y arameos. Este pacto histórico no siempre fue respetado. El acuerdo familiar consiste en que Labán compromete a Jacob a no maltratar a sus esposas —hijas de Labán— ni a tomar otras esposas que pongan en peligro la fidelidad conyugal. Con esto Labán reconoce la identidad familiar de Jacob y que sus hijas estarán ya sin la protección de él. Finalmente, Labán se despide emotivamente de sus hijas y nietos y los bendice al partir nuevamente hacia Harán.
Conflicto y conciliación
1. Hagamos un pacto entre tú y yo. Labán toma la iniciativa en llegar a una conciliación familiar en el presente y territorial en el futuro entre arameos y hebreos. El pacto era un compromiso mutuo entre dos partes y tenía en sí una obligación religiosa que no se debía quebrantar. Tenía elementos visibles que servían de testimonio a ambas partes, en este caso un montón de piedras. También se participaba en comidas ceremoniales y se especificaban los términos y alcances del pacto invocando a Dios como testigo y garante de los juramentos hechos.
2. Si tu maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie esté con nosotros, recuerda que Dios es testigo entre tú y yo. Vemos una sana preocupación de Labán por sus hijas. Sin embargo, es muy elocuente el hecho que Labán reconoce que nada se puede esconder del Señor y que por lo tanto la fidelidad conyugal es un pacto entre tres: Dios, el esposo y la esposa. A todos nos hace bien recordar cada día que: Dios es testigo entre tú y yo.
3. Labán acaba de enseñar a Jacob una gran lección acerca de la reconciliación. Labán tomó la iniciativa, estableció condiciones que Jacob sí podía cumplir y luego celebraron con alegría la experiencia de la unidad familiar. Más tarde Jacob tendrá que reconciliarse con Esaú, su hermano; tendrá que animar a José a reconciliarse con sus hermanos en Egipto. Sin duda que aquella lección, valía la pena aprenderla de una buena vez, le fue muy útil a lo largo de su vida.
4. Es interesante que Pablo dice que a nosotros, los creyentes, nos fue dado el ministerio de la reconciliación. Asumamos con responsabilidad nuestra oportunidad de ser «embajadores en nombre de Cristo».
