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Génesis 31: Tretas de Jacob y Labán

Gén 31:1 Y oía Jacob las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza.

Gén 31:2 Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él como había sido antes.

La riqueza de Jacob provocó envidia en los hijos de Labán. A veces es muy difícil ser feliz cuando a otros les va mejor que a nosotros. Comparar nuestros éxitos con el de los demás es una forma peligrosa de juzgar la calidad de nuestra vida. Al compararnos con los demás podemos estar dándole pie a la envidia. Evitaremos la envidia si aprendemos a regocijarnos con el éxito de los demás

Gén 31:3 También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo.

Gén 31:4 Envió, pues, Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas,

Gén 31:5 y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como era antes; mas el Dios de mi padre ha estado conmigo.

Gén 31:6 Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre;

Gén 31:7 y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal.

Diez era un número redondo equivalente a «un tiempo tras otro».

Gén 31:8 Si él decía así: Los pintados serán tu salario, entonces todas las ovejas parían pintados; y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían listados.

Gén 31:9 Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a mí.

Gén 31:10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados.

Gén 31:11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí.

Gén 31:12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.

Gén 31:13 Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.

El voto de Jacob es honrado por Dios. Aun cuando Labán trató a Jacob injustamente, Dios siguió prosperando a Jacob. El poder de Dios no se limita por la falta de integridad de un hombre. El Señor tiene poder para suplir nuestras necesidades y hacernos prósperos aun cuando los demás nos traten injustamente. Ceder uno a la tentación de pagar con otra injusticia es no ser diferentes a nuestros enemigos.

Gén 31:14 Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre?

Gén 31:15 ¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio?

A Raquel y a Lea no les fue difícil dejar su casa porque su padre las trataba tan mal como a Jacob. De acuerdo con la costumbre, debían haber recibido los beneficios de la dote que Jacob pagó por ellas: catorce años de arduo trabajo. Cuando Labán no les dio lo que legítimamente les pertenecía, comprendieron que nunca heredarían nada de su padre. Por eso aprobaron de todo corazón el plan de Jacob de tomar todas las riquezas que había ganado y partir.

Gén 31:16 Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.

Jacob huye de Labán

Gén 31:17 Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los camellos,

Gén 31:18 y puso en camino todo su ganado, y todo cuanto había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán.

Gén 31:19 Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre.

Los ídolos de su padre : Labán habló de ellos como de sus «dioses». Estas pequeñas imágenes («terafín») de los dioses familiares tenían un gran significado para los herederos. De acuerdo con la antigua ley de los alrededores de Harán, los hijos, particularmente los mayores, tenían el privilegio de heredar los «dioses» familiares, al igual que todas las propiedades que los acompañaban. Raquel los robó para ridiculizar la religión de su padre, para reclamar la herencia, o para mantenerse vinculada a su religión nativa.

Mucha gente tenía pequeños ídolos de metal o de madera en sus casas («dioses»). Los llamaban terafines, y se creía que protegían la casa y daban consejos en tiempos de necesidad. También tenían un significado legal, ya que cuando eran pasados a un heredero, la persona que los recibía podía pedir legítimamente la mayor parte de la herencia de la familia. No es de extrañarse que Labán se preocupara cuando se dio cuenta de que faltaban sus ídolos. Lo más probable es que Raquel haya robado los ídolos de su padre porque temía que este los consultara y supiera el lugar donde ella y Jacob se hallaban. Por otro lado, tal vez haya querido reclamar la herencia familiar.

Gén 31:20 Y Jacob engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba.

Gén 31:21 Huyó, pues, con todo lo que tenía; y se levantó y pasó el Eufrates, y se dirigió al monte de Galaad.

Galaad estaba al este del Jordán y al sur del mar de Galilea.

Gén 31:22 Y al tercer día fue dicho a Labán que Jacob había huido.

Gén 31:23 Entonces Labán tomó a sus parientes consigo, y fue tras Jacob camino de siete días, y le alcanzó en el monte de Galaad.

Gén 31:24 Y vino Dios a Labán arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.

Descomedidamente alude a una expresión idiomática que significa hablar profiriendo amenazas.

Gén 31:25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob; y éste había fijado su tienda en el monte; y Labán acampó con sus parientes en el monte de Galaad.

Jacob y su séquito deben haberse sentido aterrorizados, porque los hijos y criados de Labán estaban sin duda armados y deseosos de pelea. Los hijos querían sobre todo recuperar los ídolos de sus padres.

Gén 31:26 Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me engañaste, y has traído a mis hijas como prisioneras de guerra?

Gén 31:27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa?

Gén 31:28 Pues ni aun me dejaste besar a mis hijos y mis hijas. Ahora, locamente has hecho.

Gén 31:29 Poder hay en mi mano para haceros mal; mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.

Gén 31:30 Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses?

Gén 31:31 Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus hijas.

Gén 31:32 Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.

¿Recuerda usted haberse sentido absolutamente seguro de algo? Jacob estaba tan seguro de que nadie había robado los ídolos de Labán que prometió solemnemente matar al culpable. Debido a que Raquel los tomó, esta afirmación puso en grave peligro la seguridad de su esposa. Aun cuando estemos absolutamente convencidos de algo, es mejor evitar las declaraciones precipitadas. Quizá alguien pueda demandar que las cumpla.

Gén 31:33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló; y salió de la tienda de Lea, y entró en la tienda de Raquel.

Gén 31:34 Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos; y buscó Labán en toda la tienda, y no los halló.

Gén 31:35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.

La costumbre de las mujeres : Raquel dijo que estaba menstruando para permanecer sentada. Jacob obviamente ignoraba el robo cometido por Raquel; de otra manera no hubiese hecho un juramento tan peligroso.

Gén 31:36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué transgresión es la mía? ¿Cuál es mi pecado, para que con tanto ardor hayas venido en mi persecución?

Gén 31:37 Pues que has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros.

Gén 31:38 Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.

Gén 31:39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.

La ley hitita requería que el propietario, no el pastor, cargara con estas pérdidas accidentales. Labán obedecía la ley sólo cuando le convenía.

Gén 31:40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.

Gén 31:41 Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.

Gén 31:42 Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.

El temor de Isaac es visto por muchos traductores como un antiguo nombre de Jehová. Significa que Jehová es el Dios que inspiró temor a Isaac.

Jacob se hizo el hábito de hacer más de lo que se esperaba de él. Cuando sus rebaños se veían atacados, se hacía cargo de todas las pérdidas en lugar de dividirlas con Labán. Trabajaba duro aun después de varios recortes en su jornal. La diligencia de Jacob a la larga le produjo buenos resultados: sus rebaños comenzaron a multiplicarse. El hábito de hacer más de lo que se espera de uno puede dar buenos resultados:

(1) agradar a Dios,

(2) ganar reconocimiento y un ascenso,

(3) mejorar su reputación,

(4) lograr que otros confíen en usted,

(5) adquirir nuevas experiencia y mayor conocimiento y

(6) desarrollar la madurez espiritual.

Gén 31:43 Respondió Labán y dijo a Jacob: Las hijas son hijas mías, y los hijos, hijos míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿y qué puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han dado a luz?

Gén 31:44 Ven, pues, ahora, y hagamos pacto tú y yo, y sea por testimonio entre nosotros dos.

Gén 31:45 Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó por señal.

Gén 31:46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras. Y tomaron piedras e hicieron un majano, y comieron allí sobre aquel majano.

Una comida compartida era una de las formas comunes para establecer un pacto.

Gén 31:47 Y lo llamó Labán, Jegar Sahaduta;[a] y lo llamó Jacob, Galaad.[b]

Gén 31:48 Porque Labán dijo: Este majano es testigo hoy entre nosotros dos; por eso fue llamado su nombre Galaad;

Gén 31:49 y Mizpa,[c] por cuanto dijo: Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro.

Para ser válido, cualquier acuerdo debía concretarse ante una tercera persona. En este caso, Jacob y Labán pusieron a Dios como testigo de que cumplirían su palabra.

Gén 31:50 Si afligieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros dos.

Gén 31:51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí esta señal, que he erigido entre tú y yo.

Gén 31:52 Testigo sea este majano, y testigo sea esta señal, que ni yo pasaré de este majano contra ti, ni tú pasarás de este majano ni de esta señal contra mí, para mal.

El majano . . . señal servía tanto de indicador de límite como de recordatorio.

Gén 31:53 El Dios de Abraham y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por aquel a quien temía Isaac su padre.

Gén 31:54 Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan; y comieron pan, y durmieron aquella noche en el monte.

Gén 31:55 Y se levantó Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y regresó y se volvió a su lugar.

El pacto hace que la partida de Jacob sea mucho más pacífica. También demuestra que Jacob debía haber confiado en la intervención de Dios en lugar de escapar temeroso. La comunicación abierta es mejor que el recelo.

Labán

Todos somos egoístas, pero algunos de nosotros exageramos esta debilidad. La vida entera de Labán se encontraba marcada por el egocentrismo. Su meta principal era cuidarse a sí mismo. La manera en que trataba a los demás se veía afectada por esa meta. Le sacó ventaja al matrimonio de su hermana Rebeca con Isaac y utilizó la vida de sus hijas para negociar. A la larga, Jacob fue mejor estratega que Labán, pero este no estuvo dispuesto a reconocer su derrota. Cuando vio que ya no podía dominar a Jacob, intentó tener la última palabra y quiso que Jacob le prometiera que se iría para siempre. Se había dado cuenta de que Jacob y el Dios de Jacob eran más de lo que él podía manejar.

En la superficie, nos puede parecer difícil identificarnos con Labán. Pero el egoísmo es algo que todos tenemos en común. Como él, a menudo tenemos una fuerte tendencia a controlar a los demás y las circunstancias para provecho nuestro. Las excusas que nos damos para tratar a los demás como lo hacemos pueden no ser más que un fino disfraz de nuestros motivos egoístas. Sin embargo, quizá no reconozcamos nuestro egoísmo. Una manera de notarlo es examinar nuestra disposición a reconocer que estamos equivocados. Labán no podía hacerlo. Si alguna vez le sorprende lo que dice y hace para no enfrentar las cosas malas que ha hecho, está vislumbrando su egoísmo en acción. Reconocer el egoísmo es doloroso, pero es el primer paso en el camino de regreso a Dios.

Labán influenció a dos generaciones de matrimonios en la familia abrahámica (Rebeca, Raquel, Lea); poseía un ingenio agudo; mas aún así tenía sus debilidades y errores : Manipulaba y utilizaba a los demás para su propio beneficio; No estaba dispuesto a reconocer que había hecho mal; Se benefició económicamente de Jacob, pero nunca recibió el beneficio completo que pudo haber tenido si hubiera conocido y adorado al Dios de Jacob

De su vida aprendemos que: Los que tratan de aprovecharse de los demás a la larga se dan cuenta de que se han aprovechado de ellos; No se puede obstaculizar el plan de Dios.

Lo encontramos en Harán, de ocupación próspero criador de ovejas, hijo de Betuel. Hermano de Rebeca. Cuñado de Isaac. Padre de Raquel y Lea y suegro de Jacob.

Dios ordena a Jacob a regresar a Canaán

El peligro todavía persistente en el cumplimiento del pacto era la imposibilidad de Jacob de regresar a Canaán. Su permanencia en Harán haría reversible y nulo el llamado de Dios a Abraham. La descendencia, la prosperidad material, la hostilidad continua entre Jacob y Labán y sus hijos no fueron suficientes motivos para que Jacob saliera de Harán. La palabra final para la partida viene de Dios quien en su momento oportuno llama a Jacob a regresar a la tierra prometida.

Dios siempre trató a Jacob mucho mejor de lo que se merecía. Dios lo bendijo a pesar de su conducta manipuladora y oportunista. Dios también lo hace así con nosotros. El está dispuesto a bendecirnos de muchas maneras aunque nosotros realmente no lo merecemos, pues hemos fallado en muchas maneras; sin embargo, Dios nos provee su ayuda y nos restaura cuando lo buscamos con fe.

(1) Jacob y su familia deciden partir para Canaán. En la decisión de regresar a Canaán intervienen varios factores. Primero, Jacob reconoce la hostilidad que los hijos de Labán expresan hacia él. La acusación era grave ya que culpaban a Jacob de despojo de la riqueza material de Labán. Por más que Labán procuraba mantener pobre a Jacob y enriquecerse más él, Jacob seguía prosperando. Segundo, Jacob reconoce que el mismo Labán muestra una actitud diferente y poco favorable hacia él. Tercero, Jehová  mismo ordena a Jacob a regresar a Canaán. Este último factor es el decisivo y el determinante.

Entonces Jehová  dijo a Jacob: «Vuelve a la tierra de tus padres, a tu parentela, y yo estaré contigo».

Y ahora, ¿qué hago? Jacob encara una situación difícil con Labán, su suegro, y con toda la familia. Labán mismo ya no lo miraba con agrado. Jacob estaba en medio de una crisis. En esas condiciones aparece el Señor de nuevo. Es interesante observar que durante todas las crisis en la vida de Jacob, Jehová se le aparece. Dios le da instrucciones acerca de lo que tiene que hacer. Dios le da a conocer a Jacob el siguiente paso de su divino programa como si fuera una necesidad. Dios siempre está presente para ayudarnos durante nuestras crisis, sin embargo, necesitamos aprender a dejar de hacer lo que estamos haciendo y escuchar lo que él tiene que decirnos.

Por el aspecto de descendencia, la familia de Jacob era fundamental para su regreso. Por ello Jacob procura obtener el respaldo y la lealtad total de sus esposas en la decisión de regresar a Canaán. Note que Jacob no ordena a sus esposas. El usa la persuasión basado en estos argumentos: Primero, consulta en forma conjunta a Lea y a Raquel y en forma privada. Aquí se declara la unidad familiar y la separación del clan de Labán. Segundo, Jacob expone su relación con Labán y el cuidado de Dios en todo momento. La relación familiar con Labán se caracterizaba por hostilidad ya que éste había cambiado radicalmente con Jacob desde la mención del regreso a Canaán. Pero esa hostilidad lo supo soportar por la presencia de Dios con él. En cuanto a relación laboral, Jacob les recuerda que había trabajado con todas sus fuerzas para Labán. Jacob describe detalladamente su trabajo. Todos sus esfuerzos resultaron en mucha prosperidad y riqueza. Labán, sin embargo, no le correspondía en igualdad, ya que le engañaba repetidamente con el salario establecido. Cuando Labán veía que los animales acordados como salario de Jacob nacían en más cantidad, cambiaba el criterio de recompensa sucesivamente. Sin embargo, al final Jacob no sufre ningún daño ya que la intervención de Dios fue siempre providencial y de apoyo a Jacob en su lucha por hacerse de bienes materiales para su regreso a Canaán. Jacob se esfuerza en explicar a sus esposas que no fue una acción engañosa ni egoísta la que él realizó, sino que Dios le estaba cuidando y dirigiendo en todo. Fue su confianza en Dios y su decisión firme de volver a Canaán, cumpliendo con el propósito de Dios, la que lo había llevado a prosperar materialmente.

Tercero, Jacob anuncia a sus esposas que “el Dios de Betel”, el Dios de su experiencia personal y a quien se había comprometido con un voto, era quien le ordenaba regresar. Era un llamamiento en medio de una situación hostil y en medio de circunstancias desfavorables para Jacob. Pero el llamamiento de Dios era claro y final.

Las esposas responden positivamente a Jacob decidiendo la separación legal y emocional de la casa de sus padres. Además, ellas deciden ser leal y apoyar en todo a Jacob en respuesta al llamado de Dios. Así, la decisión de regresar a Canaán es ahora una decisión familiar que es muy importante en la continuación de la descendencia patriarcal.

La familia ante las decisiones importantes: En uno de los momentos más críticos de su vida, Jacob consultó con sus esposas. Su decisión de volver a Canaán encontró oposición en su suegro y mucho peligro por parte de sus cuñados, pero fue firmemente apoyado por su familia directa. Qué hermoso ejemplo. La familia que consulta entre sí las grandes e importantes decisiones, no sólo hará decisiones sabias, sino quedará más unida y así alcanzarán lo que se propongan.

Nuestra familia es primero: Evidentemente la familia de Jacob no había logrado funcionar adecuadamente por causa de las constantes intervenciones de Labán, su suegro. Las mujeres de Jacob se dieron cuenta que a menos que se separaran de su padre, su familia seguiría con conflictos. Así que animaron a Jacob a alejarse. Algunas veces la familia en la cual nacimos y crecimos es fuente de problemas, dolor y confusión para nuestra propia familia. En tales casos, es prudente que nos alejemos físicamente a fin de poder construir nuestra nueva familia en una atmósfera más saludable y positiva.

(2) Jacob parte secretamente para Canaán. Aunque Jacob tenía todo el respaldo de las esposas, toma todas las precauciones necesarias para concretar su regreso a Canaán. En primer lugar, parte en secreto, sin avisar a Labán quien con toda seguridad impediría que sus hijas partieran con Jacob como un medio de retenerlo. Segundo, aprovecha que Labán estaba lejos, por lo menos a tres días de distancia, esquilando sus ovejas. Tercero, se asegura de llevar consigo a sus esposas, sus hijos, su ganado y todas sus posesiones adquiridas, incluyendo los siervos y las siervas. Sin saberlo Jacob, Raquel hurta los ídolos de la casa paterna, cuya posesión, además de su significado religioso, implicaba ciertos derechos de herencia. Labán luego acusa a Jacob del robo de estos ídolos.

(3) Dios protege a Jacob de la persecución de Labán. Tan pronto como Labán se entera de la huida de Jacob, toma provisiones para ir tras él y lo alcanza en la región montañosa de Galaad, al este del río Jordán. Pero la protección de Dios prometida a Jacob al regresar a Canaán hace posible que Labán no impida el viaje en unidad familiar a la tierra prometida. La protección de Dios se manifiesta, primero, en que Dios se le aparece en sueños a Labán y le advierte que no haga daño a Jacob. Segundo, aunque Labán acusa a Jacob de haber huido a escondidas, de llevar a sus hijas cautivas y de haber robado los ídolos, no le hace ningún daño. Al contrario, acepta la advertencia de Dios y la explicación de la huida en secreto: El temor de que no permitiera a sus hijas acompañar a Jacob. En cuanto a los ídolos o cualquier otra cosa robada, el que lo haya hecho sería culpable de muerte. Jacob no sabía que Raquel lo había hecho. Y ella misma actuando con astucia los esconde, de modo que Labán no puede probar esta acusación. Tercero, Jacob tiene la oportunidad de afirmar que su protección y prosperidad se deben a la presencia continua del Dios de los patriarcas. Dios hizo posible que Jacob no cometiera transgresión en su relación con Labán por los 20 años que le sirviera. Sin embargo, Labán había actuado engañosamente con él. Además, Dios prosperó a Labán a través de Jacob y su trabajo diligente, responsabilidad impecable y sacrificio extremo.

¿Podemos cambiar? Raquel hurtó los ídolos de su padre. Además Jacob engaño a Labán el arameo al no decirle que se iba. Aunque Dios estaba muy activo y presente en la vida de Jacob y de Raquel, los viejos hábitos aún persistían. Las malas costumbres no se pueden cambiar de la noche a la mañana, ni siquiera los nuestros. El cambiar un estilo de vida defectuoso por uno virtuoso es un proceso que exige consciencia de los defectos y la búsqueda intencional del Señor para que él nos ayude y facilite el cambio paso a paso.

Finalmente, Labán explica que en el sistema patriarcal, todo lo de Jacob, sus esposas, hijos, bienes, le pertenece, pero él renuncia a todo ello y propone un pacto de reconciliación y compromisos mutuos a Jacob. Cabe notar una característica pacífica en Labán. En ocasiones de ira por parte de Jacob y por las circunstancias, él siempre toma la iniciativa de encontrar una solución pacífica y que salvaguarde la integridad de todos. Para sellar el pacto, establecen un testimonio visible, el cual recibe doble nombre: en hebreo y en arameo, indicación de la diferencia políticoétnica presente y futura. Luego participan de un sacrificio y una comida ceremonial. Los términos del pacto, jurados bajo la garantía del Dios de los patriarcas, consisten en acuerdos de carácter político y familiar, ambos de sumo interés para Labán. Políticamente, ambos se comprometen a un tratado de no agresión y reconocimiento de soberanía territorial. Este acuerdo se hace mirando al futuro, cuando ambas descendencias se constituyan en naciones poderosas. Los arameos vienen de la descendencia de Labán y los israelitas de la de Jacob. La historia bíblica confirma la estrecha relación entre israelitas y arameos. Este pacto histórico no siempre fue respetado. El acuerdo familiar consiste en que Labán compromete a Jacob a no maltratar a sus esposas —hijas de Labán— ni a tomar otras esposas que pongan en peligro la fidelidad conyugal. Con esto Labán reconoce la identidad familiar de Jacob y que sus hijas estarán ya sin la protección de él. Finalmente, Labán se despide emotivamente de sus hijas y nietos y los bendice al partir nuevamente hacia Harán.

Conflicto y conciliación

1. Hagamos un pacto entre tú y yo. Labán toma la iniciativa en llegar a una conciliación familiar en el presente y territorial en el futuro entre arameos y hebreos. El pacto era un compromiso mutuo entre dos partes y tenía en sí una obligación religiosa que no se debía quebrantar. Tenía elementos visibles que servían de testimonio a ambas partes, en este caso un montón de piedras. También se participaba en comidas ceremoniales y se especificaban los términos y alcances del pacto invocando a Dios como testigo y garante de los juramentos hechos.

2. Si tu maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie esté con nosotros, recuerda que Dios es testigo entre tú y yo. Vemos una sana preocupación de Labán por sus hijas. Sin embargo, es muy elocuente el hecho que Labán reconoce que nada se puede esconder del Señor y que por lo tanto la fidelidad conyugal es un pacto entre tres: Dios, el esposo y la esposa. A todos nos hace bien recordar cada día que: Dios es testigo entre tú y yo.

3. Labán acaba de enseñar a Jacob una gran lección acerca de la reconciliación. Labán tomó la iniciativa, estableció condiciones que Jacob sí podía cumplir y luego celebraron con alegría la experiencia de la unidad familiar. Más tarde Jacob tendrá que reconciliarse con Esaú, su hermano; tendrá que animar a José a reconciliarse con sus hermanos en Egipto. Sin duda que aquella lección, valía la pena aprenderla de una buena vez, le fue muy útil a lo largo de su vida.

4. Es interesante que Pablo dice que a nosotros, los creyentes, nos fue dado el ministerio de la reconciliación. Asumamos con responsabilidad nuestra oportunidad de ser «embajadores en nombre de Cristo».

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