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Apocalipsis 10: El anuncio divino del fin

(iii) En cierto sentido, el desarrollo de la idea del Mesías hizo que se desarrollara inevitablemente la idea del antimesías, el Anticristo. El Mesías, el Ungido de Dios, es inevitable que encuentre oposición; y esa oposición es totalmente probable que cristalice en una figura suprema del mal. Debemos recordar que Mesías y Cristo son términos totalmente equivalentes, ya que son los nombres hebreo y griego respectivamente de El Ungido. Donde esté el Cristo, estará también por necesidad el Anticristo, porque mientras haya pecado habrá oposición a Dios.

(iv) En el Antiguo Testamento hay más de una presentación de la batalla de Dios con la concentración de las fuerzas que se Le oponen. Encontramos tal enfrentamiento en la batalla entre Dios y Magog (Ezequiel 38), y en la destrucción de los destructores de Jerusalén (Zacarías 14).

Pero, por lo que se refiere a los judíos de tiempo posterior, el no da más de la manifestación del mal estaba conectado con un episodio terrible de su historia. A esto se refiere la descripción de Daniel del pequeño cuerno que se engrandeció sobremanera hasta contra el Cielo, que interrumpió el sacrificio cotidiano, que demolió el santuario (Daniel 8:9-12). El cuerno pequeño representa a Antíoco Epífanes de Siria. Se empeñó en introducir en Palestina las costumbres griegas, la lengua y la religión griegas, porque se consideraba misionero de la cultura griega. Los judíos se resistieron. Antíoco Epífanes invadió Palestina y capturó Jerusalén. Se decía que ochenta mil judíos habían sido masacrados o vendidos como esclavos. El circuncidar a un niño o el tener un ejemplar de la Ley eran crímenes que se castigaban con la muerte. Rara vez, o nunca, ha conocido la Historia un intento tan deliberado de borrar totalmente la religión de todo un pueblo. Profanó el Templo. Erigió un altar al Zeus Olímpico en el Lugar Santo, y sacrificó cerdos en él; y convirtió las cámaras del Templo en burdeles. Por último, el heroísmo de los Macabeos restauró el Templo y venció a Antíoco; pero para los judíos fue él la encarnación de todo mal.

Se puede ver que la figura del Anticristo ya estaba formándose en el Antiguo Testamento; la encarnación del mal es una idea que ya se encuentra allí.

Ahora pasamos a la idea del Anticristo que encontramos en el Nuevo Testamento.

(i) La idea del Anticristo aparece muy poco en los Evangelios Sinópticos. La única referencia que se le hace está en los capítulos que tratan del fin y de las señales del fin. Allí se presenta a Jesús diciendo: «Entonces, si alguien os dice: «¡Fijaos, aquí está el Cristo!» o: «¡Allí está!», no le creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios para extraviar, si fuera posible, hasta a los elegidos» (Mateo 24:23,44; Marcos 13:6,22; Lucas 21:8). En el Cuarto Evangelio se representa a Jesús diciendo: «Yo he venido en el nombre de Mi Padre, y no Me recibís; si viene otro en su propio nombre, a ese sí le recibís» (Juan 5:43). Ahí la idea del Anticristo se relaciona con la enseñanza falsa que aparta a las personas de la verdadera lealtad a Jesucristo, una línea de pensamiento que, como veremos, sale en otros lugares del Nuevo Testamento.

(ii) Una de las principales figuras del Anticristo es la del Hombre de Pecado de 2 Tesalonicenses 2. Pablo está recordándoles a los tesalonicenses lo que ya les había enseñado de palabra, lo que era una parte esencial de su enseñanza. Dice: « ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto?» (2 Tesalonicenses 2:5). En esta situación ha de haber primero una apostasía general; entonces vendrá el hombre de pecado, que se exaltará por encima de Dios y reclamará la adoración que le pertenece a Dios por derecho propio, y realizará señales y milagros mentirosos que engañarán a muchos.

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