Cuando Pablo está escribiendo esto hay algo que retiene esta manifestación final del mal (2 Tesalonicenses 2: 7). Lo más probable es que Pablo se refiera al Imperio Romano, que él veía como lo que mantenía el mundo para que no se desintegrara en el caos del último tiempo. Aquí el Anticristo se concentra en una sola persona que es la esencia misma del mal. Esto más bien se relaciona con la idea de Beliar en el Antiguo Testamento y con el conflicto entre la luz y las tinieblas del concepto persa del mundo.
(iii) La idea del Anticristo aparece en las Cartas de Juan. De hecho es solamente allí donde se le nombra expresamente. El Anticristo ha de venir en el último tiempo; cuando Juan escribe ya se han presentado muchos anticristos; por tanto, dice Juan, ya saben sus lectores que están viviendo en los últimos tiempos (1 Juan 2:18). El que niega al Padre y al Hijo es un anticristo (1 Juan 2:22). En particular, el que niega que Jesucristo ha venido en carne es un anticristo (1 Juan 4:3; 2 Juan 7). La característica suprema del Anticristo es la negación de la realidad de la Encarnación. Aquí tenemos de nuevo la conexión del Anticristo con la herejía. El Anticristo es el espíritu de falsedad que seduce a las personas apartándolas de la verdad y guiándolas a ideas equivocadas que son la ruina de la fe cristiana.
(iv) Es en el Apocalipsis donde se nos pinta el retrato completo del Anticristo y donde se presenta en más de una forma.
(a) En 11:7 tenemos la figura de la bestia del abismo, que ha de matar a los dos testigos en Jerusalén y que ha de reinar durante cuarenta y dos meses. Esto nos presenta al Anticristo como viniendo, por así decirlo, del infierno, para tener un tiempo de poder terrible y destructivo, pero limitado. En esta figura hay por lo menos alguna relación con la de Daniel de Antíoco Epífanes como el pequeño cuerno. Con ese coincide el período de cuarenta y dos meses, porque esa fue la duración del terror de Antíoco y la profanación del Templo.
(b) En el capítulo 12 hay una descripción del gran dragón rojo que persigue a la mujer vestida de sol, la mujer que da a luz al hijo varón. Este dragón es finalmente derrotado y arrojado del Cielo. El dragón se identifica expresamente con la serpiente antigua y con el diablo (12:9). Está claro que esto tiene alguna especie de conexión con el antiguo mito del dragón del caos que era el enemigo de Dios.
(c) En el capítulo 13 se nos presenta la bestia de siete cabezas y diez cuernos que viene del mar, y la otra bestia de dos cuernos que viene de la tierra. No cabe duda que lo que Juan tiene en mente es el terror y el salvajismo del culto al césar; y en este caso el Anticristo es el gran generador de persecución de la Iglesia Cristiana. Aquí la idea es de un poder cruel, perseguidor, empeñado en la total destrucción de Cristo y de Su Iglesia.
(d) En 17:3 aparece la bestia escarlata de siete cabezas y diez cuernos en la que está sentada la mujer llamada Babilonia. Se nos dice que las siete cabezas son las siete colinas sobre las que se sienta la mujer. En el Apocalipsis Babilonia simboliza a Roma, que estaba edificada sobre siete colinas. Está claro que esta figura representa a Roma, y el Anticristo es el poder perseguidor de Roma desatado contra la Iglesia.
Es de sumo interés notar el cambio que se ha producido aquí. Como ya hemos visto, para Pablo, cuando escribió 2 Tesalonicenses, Roma era el único poder que contenía la llegada del Anticristo. En Romanos 13:1-7 Pablo escribe acerca del Estado como ordenado por Dios, y exhorta a los cristianos a ser ciudadanos leales. En 1 Pedro 2:13-17 se manda a los cristianos que se sometan voluntariamente al gobierno del Estado, que teman a Dios y honren al rey. En Apocalipsis hay un mundo de diferencia; los tiempos han cambiado; ha estallado la furia demoledora de la persecución, y Roma se ha convertido para Juan en el Anticristo.
