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Apocalipsis 13: El poder de la bestia

Vi una bestia que subía del mar. Tenía diez cuernos y siete cabezas; y tenía diez coronas en los cuernos; y vi en sus cabezas nombres blasfemos. La bestia que vi era como un leopardo, con zarpas como de león y boca como de león; y el dragón delegó en ella su poder y trono y gran autoridad. Vi que una de sus cabezas parecía como si estuviera herida de muerte; pero la herida mortal se le había curado. La Tierra entera fue atraída por la admiración a la bestia; y adoraron al dragón que había delegado su autoridad en la bestia; y dieron culto a la bestia. Y decían: -¿Quién hay como la bestia? ¿Quién podrá hacerle la guerra? Y se le dio una boca que proclamaba pretensiones arrogantes y blasfemas; y se le dio autoridad para seguir haciéndolo cuarenta y dos meses. Abría la boca para lanzar blasfemias contra Dios, para insultar Su nombre y Su morada y a los que moran en el Cielo. Se le dio poder para hacerles la guerra a los consagrados a Dios y vencerlos; y se le dio autoridad sobre toda tribu y pueblo y lengua y raza. Todos los habitantes de la Tierra le darán culto, aquellos cuyos nombres no se ha escrito desde la fundación del mundo en el Libro de la Vida del Cordero que fue sacrificado. El que tenga oídos, que se dé por enterado. Si uno ha de ser llevado cautivo, que lo sea. Si alguien mata a espada, él también morirá a espada. En esto consiste la firmeza y la lealtad de los consagrados a Dios. Vi otra bestia que subía de la tierra, que tenía dos cuernos como un cordero pero hablaba como un dragón. Ejerce ante la primera bestia todo el poder de esta. Hace que toda la Tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, la que tenía una herida de muerte que había sanado. Realiza unos milagros tan impresionantes que hace hasta que descienda fuego del cielo para que los hombres lo vean. Engaña a los habitantes de la Tierra a causa de los milagros que tiene poder para hacer en presencia de la bestia. Dice a los habitantes de la Tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía una herida de espada y había vuelto a vivir. Se le dio poder para dar el aliento de la vida a la imagen de la bestia deforma que hasta hablara e hiciera matar a todos los que no dieran culto a la bestia. Hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se pongan una señal en la mano derecha o en la frente. Arregla las cosas para que nadie pueda comprar ni vender a menos que tenga la señal, que consiste en el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí se requiere sabiduría. El que tenga entendimiento, que tome nota del número de la bestia, porque es como un número humano; su número es el seiscientos sesenta y seis.

Nos será mucho más fácil tratar este capítulo en su conjunto antes de emprender su estudio detallado. Eso es tanto más necesario porque este capítulo es la esencia de todo el libro.

Su sentido general es que Satanás, una vez arrojado del Cielo, sabe que le queda poco tiempo, y decide hacer todo el daño que le sea posible. Para hacer ese daño en la Tierra delega su poder en las dos bestias que son la figuras principales de este capítulo.

La bestia que viene del mar representa el Imperio Romano, para Juan la encarnación del mal y que se describe en términos que proceden de Daniel. En Daniel 7: 3-7 se nos relata la visión de cuatro grandes bestias que salen del mar; son los símbolos de los grandes imperios que han tenido un poder mundial, y de un imperio que, cuando se escribió Daniel, tenía el dominio del mundo. La bestia semejante a un león con alas de águila representa a Babilonia; la semejante a un oso, a Media; la semejante a un leopardo con cuatro alas, a Persia; y la cuarta, al imperio de Alejandro Magno. Según los describe el autor de Daniel, estos poderes mundiales eran tan salvajes e inhumanos que solo se podían representar con figuras bestiales. Era natural para un judío remontarse a esta descripción de los imperios bestiales cuando quería hacer la de otro imperio satánico que amenazaba al pueblo de Dios en su propio tiempo.

La figura de Juan en el Apocalipsis agrupa las características de las cuatro: es como un leopardo con patas de oso y boca de león. Es decir, que el Imperio Romano era para Juan tan satánico que incluía todos los terrores de los imperios malos que lo habían precedido.

Esta bestia tiene siete cabezas y diez cuernos. Así se representan los gobernadores y emperadores de Roma. Desde Augusto, el primer emperador romano, había habido siete emperadores: Tiberio, 14-37 d.C.; Calígula, 37-41 d.C.; Claudio, 4154 d.C.; Nerón, 55-68 d.C.; Vespasiano, 69-79 d.C.; Tito, 7981 d.C.; Domiciano, 81-96 d.C. Estos siete emperadores son las siete cabezas de la bestia. Pero se nos dice además que la bestia tenía diez cuernos. La explicación de esta segunda figura es que después de la muerte de Nerón hubo un breve período de un caos casi total. En dieciocho meses ocuparon brevemente el poder imperial tres hombres: Galba, Otón y Vitelio. No están incluidos en la lista de las siete cabezas, pero sí en la de los diez cuernos. Juan dice que la bestia tenía en sus cabezas nombres blasfemos. Estos son los títulos que se otorgaron los emperadores.

Todos ellos se llamaron divus o sebastós, que quieren decir divino. Era frecuente que se les diera el nombre de Dios o Hijo de Dios; y Nerón se llamó a sí mismo en sus monedas El Salvador del Mundo. El que un hombre se llamara divino era un insulto blasfemo a Dios. Además, los emperadores posteriores se aplicaron el título latino de dominus, o su equivalente griego kyrios, que quieren decir ambos señor, que en el Antiguo Testamento es el título exclusivo de Dios, y en el Nuevo Testamento, de Jesucristo.

La segunda bestia que figura en este capítulo, la que procede de la tierra, es la organización provincial total de los magistrados y sacerdocios designados para implementar el culto al césar, que confrontaba a los cristianos con el dilema de decir: «Cesar es Señor,» o morir.

Así es como nuestro cuadro encaja en su marco. Estas dos bestias salvajes, el poder de Roma y la organización del culto al césar, lanzaron su ataque combinado contra los cristianos -y ninguna nación había sido capaz de resistir el poder de Roma. ¿Qué esperanza tenían los cristianos -pobres, indefensos, proscritos?

La cabeza herida y restablecida

Hay otro tema que aparece varias veces en este capítulo. Entre las siete cabezas hay una que ha sido herida de muerte y restablecida a la vida (versículo 3); esa cabeza ha de recibir un culto especial (versículos 12 y 14); es el mal supremo, el supremo enemigo de Cristo.

Ya hemos visto que las siete cabezas representan a los siete emperadores romanos. Una cabeza herida y restablecida representará, por tanto, a un emperador que murió y volvió otra vez a la vida. Aquí. se simboliza al Nero redivivus, el Nerón resucitado, leyenda que los cristianos fundieron con la del Anticristo. En los Oráculos Sibilinos leemos de la expectación de los últimos días terribles de que vendría un rey de Babilonia al que todos odiaban, un rey terrible y de linaje abominable (5:143-148). Un matricida vendrá de Oriente y traerá la ruina al mundo (5:361-364). Uno que cometió la abominación del asesinato de su madre vendrá de Oriente (4:119-122). Un exiliado de Roma con diez mil espadas vendrá de más allá del Éufrates (4:137-139).

Es solamente cuando nos damos cuenta de cómo era Nerón cuando comprendemos que los cristianos consideraran su vuelta como la llegada del Anticristo.

No ha habido nadie que empezara la vida con una herencia genética peor que la de Nerón. Su padre fue Cnaeus Domitius Ahenobarbus, que se hizo famoso por su maldad. Había matado a un liberto por el crimen de rehusar seguir bebiendo con él; había atropellado aposta con su carroza a un niño en la Vía Appia; en una orgía en el foro le había sacado un ojo a un caballero romano; y acabó muriendo de hidropesía causada por su corrupción total. La madre de Nerón fue Agripina, una de las mujeres más terribles de la Historia. Cuando Aherobarbus se enteró de que iba a tener un hijo con ella dijo cínicamente que lo único que podía salir de ellos era una abominación monstruosa. Cuando nació Nerón, Agripina fue desterrada por el emperador Calígula. Confiaron a Nerón al cuidado de su tía Lépida, que le encargó su educación a dos esclavos malvados, uno que era barbero y otro bailarín.

Bajo el emperador Claudio, Agripina volvió del destierro. Entonces no tenía más ambición que hacer que su hijo llegara a ser emperador. Le advirtieron unos adivinos que, si Nerón llegaba a ser emperador, las consecuencias serían desastrosas para ella; y respondió: «¡Que me mate, con tal de que reine!»

Agripina se puso a actuar con toda la pasión y la intriga de su naturaleza turbulenta. Claudio tenía ya dos hijos, Octavia y Británico; pero Agripina le cameló para que adoptara a Nerón cuando este tenía once años, y le convenció para que se casara con ella aunque era su tío. Agripina contrató entonces al famoso filósofo cordobés Séneca, y al gran soldado Afranio Burro, para que fueran los tutores de Nerón. Británico fue marginado paulatinamente, y Nerón ocupó el centro de la escena.

El matrimonio duró cinco años, y entonces Agripina organizó que envenenaran a Claudio con un plato de setas venenosas. Cuando Claudio estaba en coma, aceleró su fin haciéndole cosquillas en la garganta con una pluma envenenada. Tan pronto como murió Claudio, Nerón fue presentado como emperador, para lo cual el ejército fue sobornado convenientemente. Se produjo una situación curiosa. Roma fue gobernada los cinco años siguientes mejor que nunca. Nerón ocupaba todo su tiempo en pintura, teatro, escultura, música… Era un completo diletante; y el sabio Séneca y el íntegro Burro gobernaron el imperio.

Luego Nerón dejó de ser el culto diletante y se embarcó en una carrera de vicio y crimen. Deambulaba por las calles de noche con otros jóvenes de la nobleza atacando a todos los que encontraban. Pero lo peor estaba por venir. Asesinó a Británico como posible rival.

Ningún ni ninguna joven estaba a salvo de su concupiscen cia. Era un homosexual desmadrado. Se casó públicamente, vestido como la novia, con un joven llamado Sporo, con el que hizo un viaje de luna de miel por Grecia. Estuvo « casado» con un liberto llamado Doríforo. Tomó como querida a Popea Sabina, la mujer de Oto, su íntimo amigo, y la mató a patadas cuando estaba embarazada. Le chiflaban las extravagancias salvajes, y extraía dinero de todas partes. La corte imperial era una guarida de crímenes, asesinatos e inmoralidades.

Una de las pasiones de Nerón eran las construcciones. El año 64 d.C. tuvo lugar el gran fuego de Roma, que se pasó una semana ardiendo. No cabe la menor duda que Nerón lo inició, o que impidió que se hiciera nada para extinguirlo, para reservarse la gloria de reconstruir la ciudad. El pueblo sabía muy bien quién era el responsable del fuego; pero Nerón les echó las culpas a los cristianos, y estalló la más sádica de todas las persecuciones. Cubría a los cristianos con pieles de fieras y les lanzaba sabuesos de caza mayor para que los despedazaran. Los metía en sacos con piedras y los arrojaba al Tíber. Los cubría de pez y les prendía fuego para que iluminaran sus fiestas en los jardines de palacio como antorchas vivientes.

La locura del mal se fue haciendo cada vez más salvaje. Obligó a Séneca a cometer suicidio; asesinó a Burro con una bebida envenenada que Nerón mismo le mandó como remedio para el dolor de garganta; cualquiera que caía en desgracia con Nerón por la menor causa era asesinado.

Agripina trató de controlarle, pero él se volvió contra ella intentando asesinarla de diversas maneras -envenenándola, haciendo que se le cayera encima el techo de su casa, mandándola al mar en un barco preparado para naufragar.

Finalmente, envió a su liberto Aniceto a apuñalarla. Cuando Agripina vio la daga, descubrió su cuerpo y dijo: «

¡Atraviésame el vientre, por haber dado a luz a Nerón!» No podía durar. Primero se rebeló en Galia Julio Vindex, y luego Galba en España. Por último, el senado le echó valor y declaró a Nerón enemigo público. Acabó suicidándose en la desgraciada villa del liberto Faón.

Esta es la cabeza de la bestia, herida y restablecida; el Anticristo que Juan preveía que se presentaría era el Nerón resucitado.

Ahora debemos mirar este capítulo sección por sección en más detalle. Esto puede que suponga algunas repeticiones; pero en un capítulo tan céntrico y tan importante la repetición contribuirá a la aclaración.

El diablo y la bestia

Empezamos resumiendo los hechos que ya se han establecido en el material introductorio a este capítulo. La bestia es el Imperio Romano; las siete cabezas son los siete emperadores en cuyo tiempo el culto del césar representó un poder en el imperio -Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y Domiciano. Las diez cabezas son estos siete emperadores juntamente con otros tres gobernadores cuyos reinados duraron solamente dieciocho meses en el tiempo de caos que siguió a la muerte de Nerón -Galba, Otón y Vitelio. La cabeza que fue herida y se restableció de nuevo a la vida simboliza la idea del Nero redivivus.

En este cuadro se simboliza el Imperio Romano en la bestia semejante a un leopardo con patas de oso y boca de león.

Esto indica un cambio total de actitud con respecto a Roma. Pablo no recibió más que ayuda del gobierno romano. Una y otra vez la intervención de las autoridades rómanas y el hecho de ser ciudadano romano le habían salvado de la furia de los judíos. Así fue en Filipos (Hechos 16); en Corinto (Hechos 18); en Éfeso (Hechos 19); y en Jerusalén (Hechos 21 y 22).

Pablo había creído y enseñado que los gobiernos estaban ordenados por Dios, y que todos los cristianos debían rendirles una obediencia responsable (Romanos 13:1-6). En las Epístolas Pastorales se dice que hay que orar por los reyes y por todos los que están en autoridad (1 Timoteo 2:1). En 1 Pedro se exhorta a los cristianos a ser buenos ciudadanos, sujetos a los gobernantes, a temer a Dios y honrar al emperador (1 Pedro 2:13-17). En 2 Tesalonicenses 2:6s, la explicación más probable es que se refiera al Imperio Romano la alusión a una fuerza que impide que se desintegre el mundo en el caos y que empiece a reinar el hombre de pecado.

En el Apocalipsis las cosas han cambiado. Ha surgido el culto al césar. Los emperadores se dan nombres blasfemos -divino, Hijo de Dios, Salvador, Señor. El poder de Roma se ha movilizado para aplastar la fe cristiana; y Roma se ha convertido en el agente del Diablo.

H. B. Swete ve en la descripción de la bestia un símbolo del poder de Roma. El Imperio tiene la vigilancia, astucia y crueldad del leopardo, siempre a punto para lanzarse sobre su presa; tiene la fuerza aplastante del oso; es como el león, cuyo rugido aterra al rebaño.

« ¿Quién hay como la bestia?» es una triste parodia del gran grito de guerra de Israel: «¿Quién como Tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como Tú, magnífico en santidad, imponente en maravillosas hazañas, obrador de prodigios?» (Éxodo 15: I1). H. B. Swete indica que la pretensión de la bestia a la preeminencia no se basa en ninguna grandeza moral, sino en la simple fuerza bruta. Cualquier imperio que se base en la fuerza bruta y no en la grandeza moral es anti-Dios. La descripción de la bestia haciendo afirmaciones arrogantes (versículo 5) viene de la del pequeño cuerno de Daniel 7:8,20. En esta sección sobresale una gran verdad. En este mundo, un hombre o una nación tienen que escoger entre ser instrumentos de Dios o de Satanás.

El insulto a Dios

El versículo 6 es difícil. Dice que la bestia abrió la boca para lanzar blasfemias contra Dios y Su morada y los que moran en el Cielo.

(i) Esto se puede tomar en sentido general. Puede que quiera decir que el poder del imperio y la institución del culto al césar son una blasfemia contra Dios y el Cielo y los ángeles. Si lo llevamos un paso más adelante podemos sacar más de la palabra morada de Dios; en griego es skéné, que quiere decir tienda, tabernáculo, lugar de residencia. Aunque no tiene realmente conexión con ella, skéné le recordaba siempre a los judíos la palabra hebrea Shejiná, la gloria de Dios. Así es que Juan puede que esté diciendo que toda la conducta del Imperio Romano, y el culto al césar en particular, es un insulto a la gloria de Dios.

(ii) Pero se puede tomar este pasaje en un sentido más particular. La bestia es el Imperio Romano. Puede ser que Juan esté pensando en todas las maneras -no solamente las de su propio tiempo- en que Roma había insultado a Dios y a Su morada.

A casi todos los emperadores romanos les molestaba el culto al césar; pero no a Calígula, 37-41 d.C., que era un epiléptico y estaba más que medio loco. Tomó su divinidad muy en serio e insistió en que se le diera culto de manera universal.

Los judíos siempre habían estado exentos del culto al césar, porque los romanos conocían muy bien su inamovible fidelidad al culto de un solo Dios. Este es un claro paralelo del hecho de que, de todos los pueblos del imperio, los judíos eran los únicos que estaban exentos del servicio militar a causa de su estricta observancia de las leyes dietéticas y del descanso sabático. Pero Calígula insistió en que se instalara una imagen suya en el Lugar Santísimo del Templo de Jerusalén. Los judíos habrían sufrido antes ser exterminados que someterse a tal profanación del Templo, pero Calígula ya había reunido un ejército para imponer su capricho cuando, afortunadamente, murió (Josefo, Antigüedades -de los Judíos 18:8).

Si hubo alguna vez insultos a la morada de Dios en la Tierra, esta acción de Calígula fue uno de ellos. Y bien puede ser que Juan tuviera en mente este incidente notorio cuando habla de los insultos que lanzaba la bestia contra la morada terrenal de Dios.

Peligro terrenal y seguridad divina

Se le concedió a la bestia vencer a los que no estuvieran inscritos en el Libro de la Vida. El Libro de la Vida se menciona repetidas veces en el Apocalipsis (3:5; 13:8; 17:8; 20:12,15; 21:27). En el mundo antiguo los gobernadores guardaban un registro de los que eran ciudadanos de sus reinos; solo se borraban sus nombres cuando morían o perdían la ciudadanía. El Libro de la Vida es el registro de los que pertenecen a Dios.

En el versículo 10 hay una cuestión de traducción. Por lo que se refiere al original, hay dos traducciones igualmente posibles: « Aquellos cuyos nombres se han inscrito antes de la fundación del mundo en el Libro de la Vida del Cordero que fue inmolado,» o: « Aquellos cuyos nombres se han escrito en el Libro de la Vida del Cordero Que fue inmolado desde la fundación del mundo.»

(i) La primera es sin lugar a dudas la traducción del pasaje paralelo de Apocalipsis 17:8. Un paralelo cercano sería el de Efesios 1:4, donde Pablo dice que Dios nos ha escogido en Jesucristo antes de la fundación del mundo. El sentido sería que Dios ha escogido a los que son Suyos desde antes del principio del tiempo, y que nada en la vida o en la muerte, en el tiempo o en la eternidad, nada que puedan hacer el Diablo o el Imperio Romano nos podrá arrancar de Su mano. Esta es la traducción de la Reina-Valera en su revisión de 1995, pero en las anteriores era la otra.

(ii) La segunda traducción dice que Jesucristo es el Cordero inmolado desde la fundación del mundo. Un paralelo exacto de esto se encuentra en 1 Pedro 1:19s, donde Pedro habla de Jesús y Su sacrificio como preordenado antes de la fundación del mundo. Los judíos creían que el arcángel Miguel había sido creado antes de la fundación del mundo para ser el mediador entre Dios e Israel; y que Moisés fue creado antes de la fundación del mundo para ser el mediador del pacto entre Dios e Israel. Por tanto, no habría nada de extraño para la mentalidad judía en decir que Jesús fue ordenado antes de la fundación del mundo para ser el Redentor de la humanidad.

Tenemos en estas dos traducciones dos verdades igualmente preciosas. Pero, si hemos de escoger, debemos escoger la primera; porque no cabe duda de que así es como usa la frase Juan cuando la repite en Apocalipsis 17:8.

Las únicas armas del cristiano

A primera vista este es un versículo difícil.

Si uno está para ser llevado cautivo, que lo sea. Si alguien mata a espada, él también morirá a espada. En esto

consiste la firmeza y la lealtad de los consagrados a Dios. El versículo se compone de dos citas: empieza con la de Jeremías 15:2, donde se le dice a Jeremías que le diga al pueblo: «Y si te preguntan: «¿Adónde iremos a parar?», les dirás que así ha dicho el Señor: «El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; el que a cautiverio, a cautiverio.»» La idea es que no hay manera de escapar de lo que Dios haya decretado. El versículo pasa a continuación a citar el dicho de Jesús en Mateo 26:52. En el Huerto de Getsemaní, cuando llegó aquella chusma a detener a Jesús y Pedro desenvainó la espada para defenderle, Jesús le dijo: «Pon la espada otra vez en su sitio; porque todos los que manejan espada morirán a espada.» Hay aquí tres cosas.

(i) Si la fe cristiana quiere decir la cárcel, el cristiano debe aceptarla sin murmurar. Cualquier cosa que sea la consecuencia de seguir a Cristo, el cristiano debe asumirla.

(ii) El cristiano no puede nunca defenderse por la fuerza; el que utiliza la espada, perece a espada. Cuando el gobierno romano empezó a perseguirlos, los cristianos llegaban tal vez a los cien mil; y sin embargo nunca se les ocurrió resistirse por la fuerza. Es una contradicción intolerable defender el Evangelio del amor de Dios usando la violencia del hombre.

(iii) Hay armas que el cristiano puede usar, y son la firmeza y la lealtad. La palabra para firmeza es hypomoné, que no quiere decir simplemente soportar pacientemente, sino aceptar valerosamente lo peor que la vida pueda hacer y transformarlo en gloria. La palabra para lealtad es pistis, que quiere decir esa fidelidad que no vacila nunca en su devoción al Maestro.

El poder de la segunda bestia

Esta pasaje trata del poder de la segunda bestia, la organización establecida para imponer el culto al emperador en todo el imperio. Se dicen ciertas cosas acerca de ese poder.

(i) Produce señales y prodigios tales como hacer que descienda fuego del cielo; hace hablar a la imagen de la bestia. Había estatuas del emperador por todas partes, ante las cuales se llevaba a cabo el acto oficial de culto. En todas las religiones antiguas los sacerdotes sabían producir señales y milagros; sabían causar la impresión de que las imágenes hablaban. El Faraón tenía sus magos en tiempos de Moisés, y el sacerdocio imperial tenía sus expertos en hacer trucos y ventrilocuismo y cosas por el estilo. En el versículo 11 hay una frase curiosa. Esta bestia procedente de la tierra se dice que tenía dos cuernos como los de un cordero; es decir: era una ridícula parodia del Cordero en el sentido cristiano del término. Pero también se dice que hablaba como un dragón. Es posible que esta última frase deba traducirse por como la serpiente. Podría ser una referencia a la serpiente que sedujo a Eva en el Huerto del Edén. El sacerdocio imperial podía usar fácilmente invitaciones seductoras: « ¡Fijaos en lo que Roma ha hecho por vosotros! Ved la paz y la prosperidad que disfrutáis; ¿habéis conocido un benefactor comparable al Emperador? Sin duda podéis expresar vuestro agradecimiento ofreciéndole este sencillo acto de culto.» Siempre hay razones convincentes para que la Iglesia se comprometa con el mundo; pero el hecho es que, cuando lo hace, traiciona a Cristo otra vez.

(ii) Esta bestia hace que se mate a los que no le den culto. Esa era, de hecho, la ley. Si un cristiano rehusaba ofrecer al emperador ese acto de culto, se le condenaba a muerte. La pena de muerte no siempre se llevaba a cabo; pero si un cristiano no tenía la señal de la bestia, no podía comprar ni vender. Es decir: si uno se negaba a dar culto al emperador, aunque se le dejara con vida, se le arruinada económicamente. Sigue siendo verdad que el mundo sabe ejercer presión sobre los que no acepten sus estándares. Todavía a menudo una persona tiene que escoger entre el éxito material y la lealtad a Jesucristo.

La señal de la bestia

Los que habían rendido culto al césar como mandaba la ley tenían la señal de la bestia en la mano derecha y en la frente. Esta señal es otra parodia ridícula de las que aparecen en este capítulo: la de una costumbre sagrada judía. Para orar, los judíos se ponían filacterias en el brazo izquierdo y en la frente, que eran cajitas de piel que contenían unos rollitos de pergamino con los siguientes pasajes: Éxodo 13:1-10; 13: I1-16; Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21.

La palabra para la señal de la bestia era járagma, que podía venir de más de una costumbre antigua.

(i) Algunas veces se marcaba a los esclavos domésticos con la señal de su dueño; pero corrientemente no se los marcaba más que si se habían escapado o habían sido culpables de alguna falta grave. Tal marca se llamaba stigma, cuyo derivado castellano conserva bastante de su sentido. Si la señal de la bestia se relacionaba con esta quería decir que se era propiedad de la bestia si se la adoraba.

(ii) A veces los soldados hacían un tatuaje con el nombre de su general en señal de su lealtad, como se sigue haciendo en nuestro tiempo con el nombre de la persona querida. Si la señal se conectaba con esto, quiere decir que los que daban culto a la bestia eran sus devotos seguidores.

(iii) En cualquier contrato de compra-venta había una járagma, un sello can el nombre del emperador y la fecha. Si la señal de la bestia esta relacionada con esto, quiere decir que los que dan culto a la bestia aceptan su autoridad.

(iv) Todas las monedas que se acuñaban tenían la efigie y la inscripción del emperador, mostrando que eran su propiedad. Si la señal se relaciona con esto, quiere decir de nuevo que los que la llevan son propiedad de la bestia.

(v) Cuando uno había quemado su pizca de incienso en reconocimiento de la divinidad del césar recibía un certificado en el que se decía que lo había hecho. La señal de la bestia puede que sea el certificado del culto, que un cristiano no podía obtener nada más que negando a su Maestro.

El número de la bestia

En este versículo se nos dice que el número de la bestia es el seiscientos sesenta y seis; y podemos estar seguros de que se ha derrochado más ingenio tratando de explicar este versículo que en ningún otro de la Escritura. ¿Quién es esta bestia satánica así simbolizada? Debe recordarse que los pueblos antiguos no tenían cifras, sino que usaban las letras del alfabeto también para indicar los números. Es como si usáramos la A para el 1, la B para el 2, la C para el 3, y así sucesivamente. Cualquier palabra, por tanto, y cualquier nombre propio en particular, podía ser también un número. Una manera romántica y encantadora de usar este método nos la cuenta Deissmann. Un amante escribió en los muros de Pompeya: «Estoy enamorado de una que tiene el número 545,» ¡identificando y ocultando al mismo tiempo a su amada!

Las sugerencias que se han hecho en cuanto al sentido de 666 sin innumerables. Como es el número de la bestia, muchos lo han manipulado para que coincidiera con el de su enemigo número 1; y así el 666 se ha hecho representar al Papa, al reformador escocés John Knox, a Martín Lutero, a Napoleón y a otros muchos. El Dr. Kepler nos ofrece un ejemplo de lo que el ingenio diseñó en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Hagamos que A = 100, B = 101; C = 102; D = 103, etcétera. Entonces podemos hacer esta suma: H = 107; I = 108; T = 119; L = 111; E = 104; R = 117. ¡TOTAL, 666! (si no contamos la Ñ).

Al principio ya vimos que Apocalipsis está escrito en clave; está claro que nada se guardará más celosamente que este número que representa al archienemigo de la Iglesia. Lo curioso es que la clave debe de haberse perdido muy pronto, porque hasta un investigador tan grande como Ireneo en el siglo II d.C. no sabía lo que representaba el número. Exponemos cuatro de las primeras sugerencias.

Ireneo sugirió que podría ser Euanthas. En números griegos: E = 5; U = 400; A = 1; N = 50; TH (la letra griega theta) = 9; A = 1; S = 200; y la suma es 666. Pero en cuanto a lo que quería decir Euanthas, Ireneo no tiene nada que decir; así es que sustituyó una incógnita por otra.

Otra sugerencia fue que la palabra en cuestión era Lateinos. L=30;A=1;T=300;E=5;I=10;N=50;0=70;S = 200; y la suma es 666. Lateinos podría querer decir latín y, por tanto, representaría el Imperio Romano.

Una tercera sugerencia era Teitan. T = 300; E = 5; I = 10; T = 300; A =1; N = 50; y la suma es 666. Teitan podría hacerse que tuviera dos significados. Primero, en la mitología griega los titanes eran los grandes rebeldes contra Dios.

Segundo, el apellido de la familia de Vespasiano, Tito y Domiciano era Titus, y es posible que se los llamara Los Titanes. Una cuarta sugerencia era arnoume. A = 1; R = 100; N = 50; O = 70; U = 400; E = 5; y la suma es 666. Es posible que amoume fuera una forma de la palabra griega ámoumai, « yo niego.» En este caso el número representaría la negación del nombre de Cristo.

Ninguna de estas sugerencias es convincente. El capítulo mismo nos da con mucho la mejor clave. Menciona una y otra vez la cabeza que fue herida de muerte y se restableció. Ya hemos visto que esa cabeza simbolizaba la leyenda del Nero redivivus. Bien podemos, por tanto, suponer que el número tiene algo que ver con Nerón. Muchos manuscritos antiguos dan el número 616 en vez de 666. Si ponemos Nerón en latín y le damos el equivalente numérico tenemos: N = 50; E= 6; R = 500; O = 60; N = 50

El total es 666; y el nombre se puede escribir lo mismo con la N final o sin ella, lo cual daría 616. En hebreo las letras de Nero Caesar también suman 666.

Es bastante seguro que el número de la bestia representa a Nerón; y que Juan está pronosticando la venida del Anticristo en la forma de Nerón, la encarnación de todo mal, volviendo a este mundo.

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