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Apocalipsis 13: El poder de la bestia

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

En el Apocalipsis las cosas han cambiado. Ha surgido el culto al césar. Los emperadores se dan nombres blasfemos -divino, Hijo de Dios, Salvador, Señor. El poder de Roma se ha movilizado para aplastar la fe cristiana; y Roma se ha convertido en el agente del Diablo.

H. B. Swete ve en la descripción de la bestia un símbolo del poder de Roma. El Imperio tiene la vigilancia, astucia y crueldad del leopardo, siempre a punto para lanzarse sobre su presa; tiene la fuerza aplastante del oso; es como el león, cuyo rugido aterra al rebaño.

« ¿Quién hay como la bestia?» es una triste parodia del gran grito de guerra de Israel: «¿Quién como Tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como Tú, magnífico en santidad, imponente en maravillosas hazañas, obrador de prodigios?» (Éxodo 15: I1). H. B. Swete indica que la pretensión de la bestia a la preeminencia no se basa en ninguna grandeza moral, sino en la simple fuerza bruta. Cualquier imperio que se base en la fuerza bruta y no en la grandeza moral es anti-Dios. La descripción de la bestia haciendo afirmaciones arrogantes (versículo 5) viene de la del pequeño cuerno de Daniel 7:8,20. En esta sección sobresale una gran verdad. En este mundo, un hombre o una nación tienen que escoger entre ser instrumentos de Dios o de Satanás.

El insulto a Dios

El versículo 6 es difícil. Dice que la bestia abrió la boca para lanzar blasfemias contra Dios y Su morada y los que moran en el Cielo.

(i) Esto se puede tomar en sentido general. Puede que quiera decir que el poder del imperio y la institución del culto al césar son una blasfemia contra Dios y el Cielo y los ángeles. Si lo llevamos un paso más adelante podemos sacar más de la palabra morada de Dios; en griego es skéné, que quiere decir tienda, tabernáculo, lugar de residencia. Aunque no tiene realmente conexión con ella, skéné le recordaba siempre a los judíos la palabra hebrea Shejiná, la gloria de Dios. Así es que Juan puede que esté diciendo que toda la conducta del Imperio Romano, y el culto al césar en particular, es un insulto a la gloria de Dios.

(ii) Pero se puede tomar este pasaje en un sentido más particular. La bestia es el Imperio Romano. Puede ser que Juan esté pensando en todas las maneras -no solamente las de su propio tiempo- en que Roma había insultado a Dios y a Su morada.

A casi todos los emperadores romanos les molestaba el culto al césar; pero no a Calígula, 37-41 d.C., que era un epiléptico y estaba más que medio loco. Tomó su divinidad muy en serio e insistió en que se le diera culto de manera universal.

Los judíos siempre habían estado exentos del culto al césar, porque los romanos conocían muy bien su inamovible fidelidad al culto de un solo Dios. Este es un claro paralelo del hecho de que, de todos los pueblos del imperio, los judíos eran los únicos que estaban exentos del servicio militar a causa de su estricta observancia de las leyes dietéticas y del descanso sabático. Pero Calígula insistió en que se instalara una imagen suya en el Lugar Santísimo del Templo de Jerusalén. Los judíos habrían sufrido antes ser exterminados que someterse a tal profanación del Templo, pero Calígula ya había reunido un ejército para imponer su capricho cuando, afortunadamente, murió (Josefo, Antigüedades -de los Judíos 18:8).

Si hubo alguna vez insultos a la morada de Dios en la Tierra, esta acción de Calígula fue uno de ellos. Y bien puede ser que Juan tuviera en mente este incidente notorio cuando habla de los insultos que lanzaba la bestia contra la morada terrenal de Dios.

Peligro terrenal y seguridad divina

Se le concedió a la bestia vencer a los que no estuvieran inscritos en el Libro de la Vida. El Libro de la Vida se menciona repetidas veces en el Apocalipsis (3:5; 13:8; 17:8; 20:12,15; 21:27). En el mundo antiguo los gobernadores guardaban un registro de los que eran ciudadanos de sus reinos; solo se borraban sus nombres cuando morían o perdían la ciudadanía. El Libro de la Vida es el registro de los que pertenecen a Dios.

En el versículo 10 hay una cuestión de traducción. Por lo que se refiere al original, hay dos traducciones igualmente posibles: « Aquellos cuyos nombres se han inscrito antes de la fundación del mundo en el Libro de la Vida del Cordero que fue inmolado,» o: « Aquellos cuyos nombres se han escrito en el Libro de la Vida del Cordero Que fue inmolado desde la fundación del mundo.»

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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