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Apocalipsis 20: Los mil años

Una sección de Henoc ve la Historia como una serie de semanas. La historia antigua ocupa siete semanas. La octava es la semana de los justos, cuando una espada les es dada a los justos, y los pecadores les son entregados en sus manos, y se reedifica la Casa de Dios. En la novena semana los malvados ya están apuntados para la destrucción, y los justos florecerán. En la décima semana llega el juicio; y solamente entonces llega el tiempo eterno de la bondad y de Dios (Henoc 93:3-10).

Hubo muchas discusiones rabínicas sobre la duración de la edad mesiánica antes que llegara la consumación final. Algunos decían que 40 años; otros, que 100; otros, que 600; otros, que 1,000; otros, que 2,000, y otros, que 7,000.

Consideraremos especialmente dos respuestas. 2 Esdras es muy definido. Se representa a Dios diciendo: « Mi Hijo el Mesías será revelado, juntamente con los que están con Él, y se regocijarán los supervivientes durante cuatrocientos años. Y sucederá, después de esos años, que Mi Hijo el Mesías morirá, con todo lo que tiene aliento humano. Entonces volverá el mundo a su silencio primigenio durante siete días, como en el primer principio, de forma que no quede ni una persona.» Y entonces, después de eso, vendrá la nueva era (2 Esdras 7:28s). Este pasaje es único en pronosticar, no solamente un reinado limitado del Mesías, sino también la muerte del Mesías. Al período de cuatrocientos años se llegaba armonizando dos pasajes del Antiguo Testamento. En Génesis 15:13 Dios le dice a Abraham que el período de la aflicción de Israel durará cuatrocientos años. En Salmo 90:15 la oración es: «Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años que vimos el mal.» Por tanto, se mantenía que el período de bienaventuranza, como el de aflicción, duraría 400 años.

Más corrientemente se mantenía que la edad del mundo correspondería al tiempo que se invirtió en su creación, y que el tiempo de su creación habían sido 6,000 años. «Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer» (Salmo 90:4). « Un día es como mil años, y mil años como un día» (2 Pedro 3:8). Cada día de la creación se dijo que eran 1,000 años. Por tanto, se mantenía que el Mesías vendría el año 6,000; y el séptimo millar, el equivalente al descanso sabático en la historia de la creación, sería el reinado del Mesías.

Aunque el reinado del Mesías había de ser el reinado de la justicia, a menudo se concebía en términos de prosperidad material. « La tierra también dará su fruto multiplicado por diez mil, y en una vid habrá mil ramas, y cada rama producirá mil racimos, y cada racimo producirá mil uvas, y cada uva un cor (220 litros) de vino» (2 Baruc 29:5s). No habrá más enfermedades, ni más muertes prematuras; las fieras serán amigas de los seres humanos, y las mujeres no pasarán dolores al dar a luz (2 Baruc 73).

Así es que aquí tenemos el trasfondo del Milenio. Ya los judíos habían llegado a pensar que el reinado del Mesías sería limitado, que sería el tiempo del triunfo de la justicia, y de las mejores bendiciones materiales y espirituales. Sobre la base de este pasaje del Apocalipsis, el milenarismo llegó a ser una doctrina muy extendida en la Iglesia primitiva, aunque no totalmente universal.

Para Justino Mártir era una parte esencial de la fe ortodoxa, aunque él concedía que había buenos cristianos que no la aceptaban. «Yo y otros que somos cristianos equilibrados en todos los puntos estamos seguros de que habrá resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será entonces edificada, adornada y ampliada como declaran los profetas Ezequiel e Isaías y otros» (Diálogo con Trifón 80). Ireneo también mantenía firmemente la fe en el Milenio sobre la tierra. (Contra los herejes 5:32). Una de sus razones era la convicción de que, puesto que los mártires y los santos habían sufrido en la tierra, era simplemente justo que segaran la recompensa de su fidelidad también en la tierra. Tertuliano también insistía en la llegada del Milenio. Papías, el recopilador de tanto material sobre los evangelios en el siglo II d.C., insistía en que Jesús había enseñado la doctrina del Milenio, y transmite como palabras de Jesús un pasaje que pronostica la fertilidad maravillosa de la tierra en un tiempo por venir: «Días llegarán cuando las viñas tendrán cada una diez mil cepas, y en cada cepa habrá diez mil sarmientos, y en cada sarmiento otra vez diez mil brotes, y en cada brote diez mil racimos, y en cada racimo diez mil uvas, y cada uva, cuando la pisen, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando uno cualquiera de los santos le eche mano a uno de los racimos, los otros racimos gritarán: «¡Yo soy un racimo mejor, tómame a mí y bendice al Señor por mí!» De la misma manera, también un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga diez mil granos, y cada grano diez mil kilos de flor de harina, reluciente y limpia; y los otros frutos, semillas y plantas, producirán en la misma proporción; y todos los animales, usando estos frutos que son el producto del suelo, se volverán a su vez pacíficos y mansos, obedientes a las personas con toda sujeción.» Papías da este pasaje como si fueran palabras del mismo Jesús, pero se puede advertir la estrecha semejanza que hay entre él y el de 2 Baruc que citamos antes.

Ya hemos dicho que, aunque muchos de los cristianos de la Iglesia primitiva aceptaban la doctrina del Milenio como parte integrante de la ortodoxia, otros muchos no. Eusebio rechaza casi despectivamente el pasaje de Papías: «Supongo que sacó esas ideas de malentender los relatos apostólicos, no dándose cuenta de que las cosas que ellos decían las decían místicamente en figuras. Porque él parece haber sido de limitada capacidad intelectual» (Eusebio: Historia eclesiástica 3:38).

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