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Apocalipsis 20: Los mil años

Una de las cosas que desacreditaron el Milenio fue el hecho de que indudablemente se prestaba a una interpretación mate rialista en la que ofrecía placeres físicos tanto como espiritua les. Eusebio dice que el gran erudito Dionisio tuvo que tratar en Egipto con un muy respetado obispo llamado Nepos que enseñaba « un milenio de lujo corporal en la tierra» (Historia eclesiástica 7:24). El hereje Cerinto enseñaba deliberadamente un milenio de «delicias del vientre y de la pasión sexual, comer y beber y casarse» (Eusebio: Historia eclesiástica 3:28). Je rónimo hablaba con desprecio de «esos mediojudíos que es peran una Jerusalén de oro y piedras preciosas del Cielo, y un reino futuro de mil años en el que todas las naciones servirán a Israel» (Comentario a Isaías 60:1).

Orígenes reprendía a los que esperaban placeres corporales en el Milenio. Los santos comerán, pero será el pan de la vida; beberán, pero será la copa de la sabiduría (Sobre los principios 2.11.2,3). Fue Agustín, sin embargo, el que casi podemos decir que le asestó al Milenio el golpe de muerte. El mismo había sido milenarista en el pasado, aunque siempre fueron las bendiciones espirituales las que esperaba. H. B. Swete compendia la posición de Agustín: «Había aprendido a ver en la cautividad de Satanás nada más que la atadura del fuerte armado por Uno más fuerte que él como el Señor había predicho (Marcos 3:27; Lucas 11:22); en los mil años, el intervalo total entre el primer Adviento y el último conflicto; en el reinado de los santos, el curso total del Reino del Cielo; en el juicio que se les daba, el atar y desatar a los pecadores; en la primera resurrección, la participación espiritual en la Resurrección de Cristo que pertenece a los bautizados» (Agustín: La ciudad de Dios 20:7). Agustín espiritualizaba toda la idea del Milenio.

El milenarismo no ha desaparecido ni mucho menos de la Iglesia; pero no ha sido nunca una creencia universalmente aceptada. Este es el único pasaje del Nuevo Testamento que lo enseña inequívocamente. Todo su trasfondo es judío y no cristiano, y la interpretación literal siempre ha tendido a meterse en peligros y en excesos. Es una doctrina que hace mucho que han dejado atrás las corrientes principales del pensamiento cristiano y que ahora figura entre las excentricidades de la fe cristiana.

El encadenamiento de satanás

El abismo era una vasta caverna subterránea que había debajo de la tierra, algunas veces considerada como el lugar al que iban los muertos, y otras como el lugar donde ciertos pecadores estaban aguardando el castigo. Se llegaba allí por una grieta que penetraba en la tierra, que fue la que el ángel cerró para encerrar al Diablo en el abismo.

Era el abismo lo que los demonios temían más que nada. En la historia el endemoniado gadareno, los demonios pedían a Jesús que no los mandara al abismo (Lucas 8:31).

El sello se ponía en la grieta para asegurarse de la buena guarda del prisionero, como se puso en la tumba de Jesús para asegurarse de que no saliera de allí (Mateo 27:66).

El Diablo tiene que estar preso en el abismo por un período de mil años. Aun la manera en que se usa en la Escritura la palabra mil nos advierte del peligro de interpretarla literalmente. El Salmo 50:10 dice que el ganado que hay en mil colinas pertenece a Dios; y en Job 9:3 se dice que un hombre no puede contestar a Dios ni en una entre mil veces. Mil se usa sencillamente para describir un número considerablemente grande.

Cuando acabe ese período, el Diablo quedará libre por un poco de tiempo. H. B. Swete sugiere que la razón para. dejar en libertad al Diablo es la siguiente. En un período de paz y de justicia, cuando la oposición, por así decirlo, no existía, sería fácil que la gente mantuviera la fe sin pensarlo. El dejar en libertad al Diablo suponía un tiempo de prueba para los cristianos, y hay veces en que un tiempo de prueba es esencial si se ha de mantener la realidad de la fe.

El privilegio del juicio

En la primera resurrección sólo los que han muerto y sufrido por su fe van a resucitar. La resurrección general no ha de tener lugar hasta después del reinado milenario de Cristo en la tierra. Hay un privilegio especial para los que han dado muestras de una lealtad especial a Jesucristo.

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