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Daniel 2: Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor

Daniel 2:45 de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.

Daniel 2:46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso.

Daniel 2:47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.

Nabucodonosor honró a Daniel y al Dios de Daniel. Si Daniel se hubiera quedado con la gloria, el rey lo hubiera honrado sólo a él. Debido a que Daniel dio el crédito a Dios, el rey los honró a ambos. Parte de nuestra misión en este mundo es mostrar a los que no son creyentes cómo es Dios. Podemos hacerlo al dar a Dios la gloria por las grandes cosas que hace en nuestra vida. Nuestros actos de amor y compasión pueden impresionar a la gente, y si le damos la gloria de lo que hacemos a Dios, querrán saber más acerca de El. Agradezca a Dios lo que está haciendo en usted y por medio de usted.

Daniel 2:48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.

Daniel 2:49 Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.

Después de que lo nombraron gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe de los sabios, Daniel pidió que sus compañeros, Sadrac, Mesac y Abed-nego, fueran sus ayudantes. Daniel sabía que no podría llevar tan gran responsabilidad sin colaboradores capaces, y escogió a los mejores hombres que conocía: sus tres compañeros hebreos. Un líder competente nunca hace todo el trabajo: sabe cómo delegar y supervisar. Moisés, el líder más grande de Israel, compartió su carga de administración con docenas de colaboradores

Daniel

Los primeros años de la vida de Daniel demuestran que hay algo más en ser joven que cometer errores. Ninguna característica se gana el respeto de los adultos más rápidamente que la sabiduría en las palabras y las acciones de un joven. Daniel y sus amigos habían sido llevados desde sus casas en Judá al destierro. Su futuro era incierto, pero tenían cualidades que los calificaban para servir como siervos en el palacio del rey. Aprovecharon la oportunidad sin permitir que la oportunidad se aprovechara de ellos.

El asomo de grandeza de Daniel lo vemos en su negativa a renunciar a sus convicciones. Había aplicado la Palabra de Dios a su vida, y no iba a cambiar los buenos hábitos que había adquirido. Su dieta física y su dieta espiritual fueron una parte importante de su relación con Dios. Comió cuidadosamente y vivió una vida de oración. Uno de los beneficios de ser entrenado en el servicio real era comer de la mesa del rey. Daniel con todo tacto eligió un menú más simple y demostró que fue una elección saludable. Así como sucedió con Daniel, las comidas son pruebas obvias y regulares de nuestros esfuerzos por controlar nuestros apetitos.

Si bien Daniel limitaba su ingestión de comida, no se limitaba en la oración. Podía comunicarse con Dios porque había hecho de ello un hábito. Puso en práctica sus convicciones, aun cuando podía significar que lo arrojaran en un foso de leones hambrientos. Su vida demostró que tomó la decisión correcta.

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