El dinero habla, y puede confundir a quienes de otra manera juzgarían con justicia. Escuchamos acerca de los sobornos que se dan a los jueces, a los policías y a los testigos. Los sobornos se dan para perjudicar a los que dicen la verdad y para ayudar a los que se oponen a ella. La persona que acepta un soborno es necia, por sabia que se crea. Algunos dicen que todos tenemos un precio, sin embargo los que en verdad son sabios no pueden ser comprados a ningún precio.
Eclesiastés 7:8 Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
Para terminar lo que se empieza se requiere mucho trabajo, sabio asesoramiento, autodisciplina y paciencia. Cualquiera que tenga visión puede comenzar un gran proyecto. Pero la visión sin sabiduría a menudo tiene como resultado proyectos y metas inconclusos.
Eclesiastés 7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte,[f] porque el enojo reposa en el seno de los necios.
Eclesiastés 7:10 Nunca digas: «¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?», porque nunca hay sabiduría en esta pregunta.
Los «buenos días de antaño» residen sólo en el recuerdo: en parte son reales, en parte imaginarios.
Eclesiastés 7:11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol;
Eclesiastés 7:12 porque escudo es la ciencia y escudo es el dinero; pero más ventajosa es la sabiduría, porque da vida a sus poseedores.[g]
Aunque tanto la sabiduría como el dinero pueden ser provechosos, la ventaja de la sabiduría es que da vida
Eclesiastés 7:13 Mira la obra de Dios.[h] ¿Quién podrá enderezar lo que él torció?
Eclesiastés 7:14 En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro.
Dios ha permitido que el bien y el mal formen parte de la vida, de manera que los seres humanos no pueden determinar independientemente qué les reserva el futuro. Esta es entonces una advertencia directa a aquellos que consideran la prosperidad como una segura señal de la bendición de Dios y la pobreza como una maldición por el pecado.
Dios permite que a todos nos lleguen buenos tiempos y malos tiempos. Nos ofrece una combinación de ambos tan buena que no podemos predecir el futuro, ni depender de la sabiduría y el poder humanos. En los tiempos de prosperidad, nos encanta quedarnos con la gloria. Luego en la adversidad, tendemos a culpar a Dios sin agradecerle las cosas buenas que surgen de ella. Cuando la vida parezca segura y normal, no permita que la autosatisfacción ni la complacencia lo haga sentirse demasiado seguro, porque Dios puede permitir que la adversidad lo haga regresar a El. Cuando la vida parezca incierta e incontrolable, no se desespere: Dios está al timón y sacará cosas buenas de los tiempos difíciles.
Eclesiastés 7:15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece pese a su justicia, y hay malvado que pese a su maldad alarga sus días.
Tradicionalmente se decía que al justo le esperaba una larga vida y al malvado una breve. Pero el Predicador ha sido testigo en muchas ocasiones de lo contrario y advierte que el estilo de vida no constituye una garantía de la esperanza de vida.
