(v) Es la vida que sigue lo que la Reina-Valera llama « los deseos de nuestra carne.» Debemos tratar de entender lo que Pablo quiere decir con esta expresión. Quiere decir mucho más que los pecados sexuales. En Gálatas 5:19-21, Pablo hace una lista de «las obras de la carne.» Es verdad que empieza por el adulterio y la fornicación, pero seguidamente incluye la idolatría, el odio, la ira, la rivalidad, las envidias, las sediciones, las divisiones heréticas. La carne es la parte de nuestra naturaleza que le ofrece una cabeza de puente al pecado.
El significado de « la carne» será diferente para personas diferentes. Uno puede que tenga su talón de Aquiles en el cuerpo, y su riesgo sea el pecado sexual; otro puede que lo tenga en las cosas espirituales, y su riesgo sea el orgullo; el de otro puede estar en las cosas de este mundo, y su riesgo en la ambición indigna; otro puede que lo tenga en el temperamento, y su riesgo en las envidias y las rivalidades. Todos estos son pecados de la carne. Que nadie crea que, porque se ha librado de los pecados más groseros del cuerpo ha evitado los pecados de la carne. La carne es todo lo que hay en nosotros que le ofrece una oportunidad al pecado; es la naturaleza humana sin Dios. El vivir de acuerdo con los dictados de la carne es sencillamente vivir de tal manera que nuestra naturaleza inferior, la peor parte de nosotros, domine nuestra vida.
(vi) Es una vida que no merece más que la ira de Dios. Muchas personas están amargadas porque creen que no se les ha dado nunca lo que merecen sus talentos y esfuerzos. Pero, a la vista de Dios, ninguna persona merece nada más que la condenación. Ha sido solo Su amor en Cristo lo que ha perdonado a las personas que no merecen más que Su castigo, personas que habían ofendido Su amor y quebrantado Su ley.
La obra de Cristo
Aunque todos nosotros estábamos en esa condición, digo yo, Dios, porque es rico en misericordia y porque nos ha amado con un amor tan grande, nos dio. la vida en Jesucristo, aun cuando estábamos muertos en transgresiones (es por gracia como habéis sido salvados, y nos resucitó con Cristo, y nos aposentó en los lugares celestiales con Cristo, en virtud de lo que Jesucristo había hecho por nosotros. Esto lo hizo para que en la edad por venir se demostrara la riqueza superabundante de Su gracia en Su benevolencia para con nosotros en Jesucristo. Porque habéis sido salvados por gracia, recibiéndola por la fe, no por nada que hubierais hecho vosotros. Fue una don gratuito de Dios. No fue el resultado de vuestras obras, porque era el designio de Dios que ninguno tuviera motivos para enorgullecerse. Porque nosotros somos Su obra, creados en Jesucristo para buenas obras, obras que Dios preparó de antemano para que nosotros nos condujéramos por ellas.
Pablo había empezado diciendo que nos encontrábamos en una condición de muerte espiritual en pecados y transgresiones; ahora dice que Dios, en Su amor y misericordia, nos ha dado la vida en Jesucristo. ¿Qué quiere decir exactamente con eso? Ya vimos que estaban implicadas tres cosas en estar muertos en pecados y transgresiones. Jesús tiene algo que hacer con cada una de estas cosas.
(i) Ya hemos visto que el pecado mata la inocencia. Ni siquiera Jesús puede devolverle a una persona la inocencia que ha perdido, porque ni siquiera Jesús puede atrasar el reloj; pero lo que sí puede hacer Jesús, y lo hace, es librarnos del sentimiento de culpabilidad que conlleva necesariamente la pérdida de la inocencia.
Lo primero que hace el pecado es producir un sentimiento de alejamiento de Dios. Cuando una persona se da cuenta de que ha pecado, se siente oprimida por un sentimiento de que no debe aventurarse a acercarse a Dios. Cuando lsaías tuvo la visión de Dios, su primera reacción fue decir: «¡Ay de mí, que estoy perdido! Porque soy un hombre de labios inmundos, y vivo entre personas que tienen los labios inmundos» (Isaías 6:5). Y cuando Pedro se dio cuenta de Quién era Jesús, su primera reacción fue: «¡Apártate de mí, porque yo soy un hombre pecador, oh Señor!» (Lucas 5:8).
Jesús empieza por quitar ese sentimiento de alejamiento. Él vino para decirnos que, estemos como estemos, tenemos la puerta abierta a la presencia de Dios. Supongamos que hubiera un hijo que hubiera hecho algo vergonzoso, y luego hubiera huido porque estaba seguro de que no tenía sentido volver a casa, porque la puerta estaría cerrada para él. Y entonces, supongamos que alguien le trae la noticia de que la puerta la tiene abierta, y le espera una bienvenida cálida en casa. ¡Qué diferentes haría las cosas esa noticia! Esa es la clase de noticia que nos ha traído Jesús. Él vino para quitar el sentimiento de alejamiento y de culpabilidad, diciéndonos que Dios nos quiere tal como somos.
(ii) Ya vimos que el pecado mata los ideales por los que viven las personas. Jesús despierta el ideal en el corazón humano.
Se cuenta de un maquinista negro que trabajaba en un transbordador de un río de Américá, que su embarcación era vieja, y el motor estaba descuidado y asqueroso. Este maquinista experimentó una auténtica conversión. Lo primero que hizo fue volver a su transbordador y limpiar la maquinaria hasta dejarla tan reluciente como un espejo. Uno de los pasajeros habituales comentó el cambio. « ¿A qué te has dedicado?» -le dijo al maquinista. « ¿Qué te ha hecho limpiar y sacarle brillo a tu vieja maquinaria?» «Señor -respondió el maquinista-, ahora tengo la gloria.» Eso es lo que Cristo hace por nosotros: nos da la gloria.› ,
