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Efesios 2: La vida sin Cristo y la gracia de Dios

Los dones de la unidad en Cristo

Pablo pasa a hablar de los dones de valor incalculable que nos trae la unidad en Cristo.

(i) Él unió a judíos y gentiles en una nueva humanidad.

En griego hay dos palabras para nuevo. Hay la palabra néos, que quiere decir sencillamente nuevo en relación con el tiempo. Una cosa que es néos ha empezado a existir hace poco, pero puede que hubiera antes en existencia millares de la misma cosa.

Un lapicero que sale de una fábrica esta semana es néos, pero ya existían millones exactamente iguales. La otra palabra es kainós, que quiere decir nuevo en cuanto a su cualidad. Una cosa que es kainós es nueva en el sentido de que trae al mundo una nueva especie de cosa que no existía antes.

La palabra que usa Pablo aquí es kainós; dice que Jesús une a judíos y a gentiles, y produce con ellos una nueva clase de humanidad. Esto es muy interesante y muy significativo; no es que Jesús convierta a todos los judíos en gentiles, ni a todos los gentiles en judíos; produce de ambos una nueva especie de persona, aunque siguen siendo gentiles y judíos. Crisóstomo, el famoso predicador de la Iglesia Primitiva, dice que es como si uno fundiera una estatua de plata y otra de plomo, e hiciera de las dos una de oro.

Jesús no logra la unidad haciendo desaparecer todas las características raciales, sino haciendo hijos de Dios a todos los hombres y mujeres de todas las naciones. Bien puede ser que tengamos que aprender algo aquí. En muchos casos se han mandado misioneros a los países paganos para hacer que los de allí vivan como los del país que los manda. Hay algunas iglesias resultantes de la obra misionera que tienen la misma forma de culto de las iglesias madre. Sin embargo, no es el propósito de Jesús el que hagamos de toda la humanidad una sola nación, sino que haya cristianos africanos, e indios, y de todos los pueblos y razas, cuya unidad radique exclusivamente en su cristianismo. La unidad en Cristo es en Cristo y no en cambios externos.

(ii) Él reconcilió con Dios a los dos. La palabra que usa Pablo (apokatallassein) quiere decir hacer volver a la amistad a personas que han estado enemistadas. La obra de Cristo consiste en mostrar a todos que Dios es su amigo, y por tanto deben ser amigos los unos de los otros. La reconciliación con Dios conlleva y hace realidad la reconciliación entre los seres humanos.

(iii) Por medio de Jesús, tanto los judíos como los gentiles tenemos el derecho de acceso a Dios. La palabra que usa Pablo para acceso es prosagógué, una palabra con muchos matices. Es la palabra que se usa para presentarle a Dios un sacrificio; para introducir a personas a la presencia de Dios para que se consagren a Su servicio; para presentar a un conferenciante o a un embajador a una asamblea; y, sobre todo, es la palabra que se usa para introducir a una persona a la presencia del rey. Había de hecho en la corte real persa un funcionario que se llamaba el prosagógueus, cuya función era introducir a las personas que deseaban una audiencia personal con el rey. Es una posibilidad que no tiene precio el tener el derecho de acudir a cualquier persona amable y sabia y santa en cualquier momento; el tener el derecho de contar con su atención para presentarle nuestros problemas, nuestra soledad y nuestro dolor. Ese es exactamente el derecho que nos da Jesús en relación con Dios.

La unidad en Cristo produce cristianos cuyo cristianismo trasciende todas las diferencias locales y raciales; produce personas que son amigas entre sí porque son amigas de Dios; produce hombres que son uno porque se reúnen en la presencia de Dios, a Quien todos tienen acceso.

La familia y la morada de Dios

Así es que ya no sois extranjeros ni residentes forasteros en una tierra que no es la vuestra, sino compatriotas del pueblo consagrado a Dios y miembros de la familia de Dios. Es sobre el cimiento-de los profetas y de los apóstoles sobre el que estáis edificados, y la Piedra angular es Jesucristo mismo. Todo el edificio que se está levantando tiene su trabazón en Él, y seguirá creciendo hasta que llegue a ser un templo santo del Señor, un templo de cuya edificación vosotros también formáis parte, para que lleguéis a ser la morada de Dios por obra del Espíritu.

Pablo usa dos ilustraciones gráficas. Dice que los gentiles ya no son extraños, sino miembros en plenitud de derechos de la familia de Dios.

Pablo usa la palabra xenos para extranjero. En todas las ciudades griegas había xenoi (plural), a los que no se les hacía la vida muy fácil que digamos. Uno escribía a su país de origen: «Lo mejor para uno es estar en su propia casa, sea como sea, en vez de en un país extraño.» Al extranjero se le miraba siempre con sospecha y desagrado. No tenemos más que fijar nos en lo que nos sugiere a nosotros la palabra xenofobia, odio al extranjero, y en sus manifestaciones actuales. Pablo usa la palabra pároikos para forastero. El paroikos estaba todavía más lejos de ser aceptado. Era un residente extranjero, uno que vivía en un lugar, pero que no se había nacionalizado; pagaba un impuesto por el privilegio de existir en una tierra que no era la suya. Tanto el xenos como el pároikos siempre eran margi nados.

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