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Efesios 2: La vida sin Cristo y la gracia de Dios

Así es que Pablo les dice a los gentiles: « Ya no estáis sin derechos en el pueblo de Dios; ahora sois miembros de la familia de Dios en plenitud de derechos.» Podemos decirlo todavía más sencillamente: por medio de Jesús estamos en casa con Dios.

A. B. Davidson nos cuenta que estaba de pensión en una ciudad extraña. Se sentía muy solo. Solía pasearse por las calles por la tarde. A veces, por una ventana sin visillos veía una familia reunida alrededor de la mesa o cerca de la chimenea; luego se corrían los visillos, y él se sentía solo y excluido.

Eso es lo que no puede suceder en la familia de Dios. Y lo que no debería suceder nunca en la iglesia. Gracias a Jesús hay sitio en la familia de Dios para todo el mundo. Puede que el mundo y la gente levanten barreras; las iglesias puede que celebren la comunión exclusivamente para sus miembros; pero Dios no hace eso nunca. Lo malo es que la iglesia es a menudo exclusivista cuando Dios no lo es.

El segundo ejemplo que usa Pablo es el de un edificio. Ve cada iglesia como una parte de un gran edificio, y a cada cristiano como una piedra de esa iglesia. La Piedra angular de toda la Iglesia es Jesucristo; y la piedra angular es lo que le da unidad al conjunto.

Pablo ve que este edificio se sigue edificando, y que cada parte se va incorporando a Cristo. Figuraos una gran catedral: entre los cimientos puede que haya una cripta visigótica; alguna puerta o ventana será románica; otras, góticas, y otras partes serán de la época renacentista o barroca o aún más recientes. Se combinan toda clase de estilos; pero el edificio es una unidad, porque todo él se ha usado para dar culto a Dios y encontrarse con Jesucristo.

Eso es lo que debe ser la Iglesia. Su unidad no depende de la organización, ni del ritual, ni de la liturgia, sino de Cristo: Ubi Christus, ibi Ecclesia, Donde está Cristo, allí está la Iglesia. La Iglesia solo presentará su unidad cuando se dé cuenta de que no existe para propagar las ideas de un grupo de personas, sino para ofrecer un hogar en el que pueda morar el Espíritu de Cristo y en el que todas las personas que aman a Cristo se puedan reunir en ese Espíritu.

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