(iii) Él se consideraba poseedor de la dignidad del servicio. Pablo dice que el don gratuito de la gracia de Dios le hizo servidor. No creía que su servicio era un deber oneroso que se le había impuesto, sino un privilegio radiante. A menudo resulta sorprendentemente difícil convencer a la gente a que sirva en la iglesia. Enseñar para Dios, cantar para Dios, llevar la administración para Dios, hablar para Dios, visitar a los enfermos y a los solitarios para Dios, dar de nuestro tiempo y talentos y dinero para Dios, no se debería considerar una obligación que se nos imponía, sino un privilegio que deberíamos estar contentos de aceptar.
(iv) Pablo se consideraba a sí mismo como alguien que sufría por Cristo. No esperaba que el camino del servicio fuera fácil; no esperaba que el camino de la lealtad estuviera libre de obstáculos. Unamuno, el gran místico español, solía decir: « Y Dios no te dé paz, y sí gloria.» E R. Maltby solía decir que Jesús prometió a Sus discípulos tres cosas: « Que serían absurdamente felices; que serían totalmente intrépidos, y que siempre se encontrarían en líos.» Cuando los caballeros andantes llegaban a la corte del rey Arturo y a la compañía de la Mesa Redonda, pedían que se les permitiera arrostrar peligros y conquistar dragones.
El sufrir por Cristo no es un castigo, sino nuestra gloria; porque es compartir los padecimientos de Cristo mismo, y una oportunidad de demostrar que nuestra lealtad es real.
El privilegio que nos hace humildes
Ha sido a mí, que soy menos que el menor de todos los que están consagrados a Dios, a quien se ha concedido este privilegio: el de predicaros a los gentiles las riquezas de Cristo, toda la historia de la que ningún ser humano puede hablar nunca; los privilegios de iluminar a todas las personas en cuanto a lo que es el significado de ese secreto, que ha estado oculto desde toda eternidad en el Dios que creó todas las cosas. Se ha mantenido secreto hasta ahora a fin de que la polícroma sabiduría de Dios sea dada a conocer ahora por medio de la Iglesia a los gobernadores y poderes de los lugares celestiales; y todo esto sucedió y sucederá de acuerdo con el designio eterno que Dios Se ha propuesto en Jesucristo, por medio de Quien tenemos derecho de acceso gratuito y confiado, a Dios por medio de la fe en Jesucristo. Por tanto, os pido que no os desaniméis al considerar mis aflicciones por vuestra causa; porque son vuestra gloria.
Pablo se veía como un hombre al que se le había concedido un doble privilegio. Se le había concedido el privilegio de descubrir el secreto de que era la voluntad de Dios el que toda la humanidad estuviera reunida en Su amor. Y se le había concedido el privilegio de darle a conocer este secreto a la Iglesia, y de ser el instrumento para que la gracia de Dios llegara a los gentiles. Pero esa conciencia de privilegio no le hacía a Pablo orgulloso; le hacía intensamente humilde. Él se maravillaba de que este gran privilegio se le hubiera concedido a él, que, según él veía las cosas, era menos que el menor de todo el pueblo de Dios.
Si alguna vez se nos concede el privilegio de predicar o de enseñar el mensaje del amor de Dios o de hacer algo por Jesucristo, debemos recordar siempre que la grandeza no depende de nosotros, sino de nuestra tarea y mensaje. Toscanini fue uno de los más grandes directores de orquesta del mundo. Una vez, cuando estaba hablando con la orquesta que estaba preparando para tocar con él una de las sinfonías de Beethoven, dijo: « Caballeros, yo no soy nada; ustedes no son nada; Beethoven lo es todo.» Sabía muy bien que su misión no era atraer la atención de la audiencia a sí mismo o a su orquesta, sino borrarse él y borrar la orquesta para que Beethoven se mostrara en toda su grandeza.
Leslie Weatherhead nos cuenta una conversación que tuvo con un escolar que había decidido consagrarse al ministerio de la Iglesia. Le preguntó cuándo había hecho esa decisión, y el muchacho le dijo que después de un culto que se celebró en la capilla de la escuela. Weatherhead, naturalmente, le preguntó quién había sido el predicador, y el muchacho le contestó que no tenía ni la menor idea; lo único que sabía era que Jesucristo le había hablado aquella mañana. Esa había sido una predicación auténtica. Lo trágico es que haya quienes se preocupen más de su propio prestigio que del prestigio de Jesucristo, y que tengan más interés en que se fije la gente en ellos que en que los demás conozcan a Jesucristo.
El plan y la sabiduría de dios
(i) Pablo nos recuerda que la reunión de toda la humanidad era parte del propósito eterno de Dios. Eso es algo que haremos bien en recordar. Algunas veces la historia del Cristianismo se presenta de tal manera que parece que el Evangelio se les predicó a los gentiles solamente porque los judíos no lo quisieron recibir. Pablo nos recuerda aquí que la salvación de los gentiles no es un añadido en el plan de Dios; el reunir a toda la humanidad en Su amor era parte del propósito eterno de Dios.
(ii) Pablo usa una gran palabra para describir la gracia de Dios. La llama polypoi7cilos, que quiere decir de muchos colores. La idea que subyace en esta palabra es que la gracia de Dios es idónea y suficiente para cualquier situación de la vida. No hay nada de luz o de oscuridad, de brillo o de sombra para lo que no sea triunfalmente suficiente.
(iii) De nuevo Pablo vuelve a uno de sus pensamientos favoritos. En Jesús tenemos libre acceso a Dios. A veces sucede que un amigo nuestro conoce a alguna persona muy importante.
