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Efesios 3: La cárcel y los privilegios

(ii) Dios es el Padre al que tenemos acceso (2:18; 3:12). La esencia del Antiguo Testamento es que Dios es Alguien al Que estaba prohibido el acceso. Cuando Manoa, que había de ser el padre de Sansón, se dio cuenta de Quién había sido el Que le había visitado, dijo: « ¡Vamos a morir sin remedio, porque hemos visto a Dios!» (Jueces 13:22). En el culto judío del templo, el Lugar Santísimo se consideraba la morada de Dios, en la que solo el sumo sacerdote podía entrar, y eso solamente una vez al año, el Día de la Expiación.

H. L. Gee cuenta la historia de un chiquillo cuyo padre ascendió al grado más alto del ejército. Cuando el chiquillo se enteró, se quedó callado un momento, y luego dijo: «¿Le molestará que yo le siga llamando Papá?» La esencia de la fe cristiana es el acceso ilimitado a la presencia de Dios.

(iii) Dios es el Padre de la gloria, el Padre glorioso (1:17). Aquí tenemos la otra cara de la moneda. Si habláramos solamente de la accesibilidad del amor de Dios, sería fácil caer en la sensiblería; pero la fe cristiana se goza en la maravilla de la accesibilidad de Dios, sin olvidar jamás Su santidad y Su gloria. Dios recibe al pecador, pero no para que trafique con Su amor permaneciendo en el pecado. Dios es santo, y los que buscan Su amistad deben serlo también.

(iv) Dios es el Padre de todos (4:6). Ninguna persona, ni iglesia, ni nación tiene la exclusiva en la relación filial con Dios. Ese fue el error que cometieron los judíos. La paternalidad de Dios abarca a toda la humanidad, y eso quiere decir que debemos respetar y amar a todos los seres humanos.

(v) Dios es el Padre a Quien Se deben dar gracias (5:20). La paternalidad de Dios implica la deuda humana. Es una equivocación creer que Dios no nos ayuda nada más que en situaciones extraordinarias. Como Dios prodiga Sus dones tan regularmente, se nos pasan desapercibidos. El cristiano no debe olvidar nunca que Le debe a Dios, no solamente la salvación de su alma, sino también la vida y el aliento y todas las cosas.

(vi) Dios es el dechado de toda verdadera paternalidad. Eso impone una tremenda responsabilidad a todos los padres humanos. G. K. Chesterton recordaba a su padre muy vagamente, pero sus memorias eran preciosas. Nos dice que, en su niñez, tenía un teatrillo de juguete con todos los personajes de cartón. Uno de ellos era un hombre que tenía una llave de oro. Él no se acordaba nunca de a quién representaba el hombre de la llave de oro, pero en su imaginación siempre le relacionaba con su padre: un hombre con una llave de oro que abría la puerta a toda clase de cosas maravillosas.

Enseñamos a nuestros hijos a llamar a Dios Padre, y la única idea que van -a formarse de la paternalidad de Dios es la que vean en nosotros. La paternalidad humana debe modelarse sobre la patemalidad de Dios.

La fortaleza que viene de Cristo

Pablo Le pide a Dios en oración que su pueblo sea fortalecido en el ser interior. ¿Qué quería decir? El ser interior era una frase por la que los griegos entendían tres cosas.

(i) La inteligencia de una persona. Pablo oraba para que Jesucristo fortaleciera la inteligencia de sus amigos. Quería que estuvieran mejor capacitados para discernir entre lo erróneo y lo cierto. Quería que Cristo les diera la sabiduría que les era necesaria para mantener su vida pura y a salvo.

(ii) La conciencia. Pablo pedía en oración que se hiciera más sensible la conciencia de su pueblo. A veces no se tiene en cuenta la conciencia, y se le deja perder sensibilidad. Pablo pedía en oración que Jesús mantuviera nuestras conciencias tiernas y alerta.

(iii) La voluntad. Muchas veces sabemos lo que es correcto, y tenemos intención de seguirlo; pero nuestra voluntad no es suficientemente fuerte para respaldar nuestro conocimiento y poner en práctica nuestras intenciones.

Dame, Señor, la firme voluntad… compañera y sostén de la virtud, la que sabe en el puerto hallar quietud y en medio de las olas caridad, la que trueca en tesón la veleidad y el ocio en perennal solicitud, y las ásperas fiebres en salud y los torpes engaños en verdad! Y así conseguirá mi corazón que los favores que a Tu amor debí Te ofrezcan algún fruto en galardón… y aun Tú, Señor conseguirás así que no llegue a romper mi confusión la imagen Tuya que pusiste en mí. (Adelardo López de Ayala, Plegaria)

El ser interior es la inteligencia, la conciencia y la voluntad. El fortalecimiento del ser interior viene cuando Cristo fija Su residencia permanente en el interior de una persona. La palabra que usa Pablo para el morar de Cristo en nuestros corazones es en griego katoikein, que es la que se usa para una residencia permanente, distinta de la temporal.

El secreto de la fortaleza de los cristianos está en la presencia de Cristo en lo más íntimo de nuestra vida. Cristo está dispuesto a venir a la vida de una persona -pero no contra su voluntad. Espera nuestra invitación para venir a traernos Su fuerza.

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