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Éxodo 12: La Pascua

La entrevista terminó con el pedido del faraón, bendecidme a mí también. Esta vez no era una súplica sarcástica, sino la manifestación del orgullo derrotado del monarca. Sin darse cuenta, el pedido del rey llevaba un significado más allá de aquel momento: siglos antes, cuando Jacob llegó al país, el patriarca bendijo al faraón aquel. Los tiempos eran muy diferentes: José y su familia habían encontrado el favor del monarca y Egipto prosperó con tal relación. Sin embargo, Israel había caído del favor del faraón y la historia egipcia también reflejaba tal acontecimiento.

Además de la bendición de Jacob, hubo una palabra más antigua aún que Dios había dicho a Abram: Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra. La palabra de Dios era fiel, y para Israel el pedido del faraón era un desafío a que la nación renovara su fidelidad a la palabra del Señor, no únicamente la que les había librado de su esclavitud, sino también a la del propósito histórico para el cual el Señor los había elegido.

La salida de Egipto.

La hora tan esperaba había llegado. Los egipcios, incluido el faraón, temiendo que la suerte de los primogénitos sería la de todos, apremiaban a los hebreos, apresurándose a echarlos del país. Llevaba la masa que aun no tenía levadura y sus artesas envueltas en sus mantos. Además, los israelitas pidieron de los egipcios vestidos y objetos de oro y plata. En cuanto a los egipcios, Jehovah, el Dios de Israel les había demostrado su poder supremo en el mundo; sería un insulto si dejaran salir a su pueblo con las manos vacías. En cuanto a Israel, con la ley semita de indemnización, no veía ningún problema de ética en pedir de los egipcios. Más tarde los obsequios serían de bendición y de maldición: serían una fuente para la ofrenda para el tabernáculo, y también para hacer el becerro de oro.

La salida fue triunfal; lo tenían todo preparado, y con regocijo, partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot. (Para la discusión de la ruta que tomaron, ver la introducción al libro.) Childs hace notar que Israel no huyó de Egipto, sino salió como un ejercito victorioso que había despojado a sus opresores.

Nuestra versión indica el número de israelitas de a pie que dejaron Egipto: como 600.000 hombres sin contar las mujeres y los niños. En un sentido matemático parece ser exorbitante: con mujeres y niños serían como unos tres millones de individuos los que salieron aquella noche. Tal número presenta algunos problemas:

(1) La cifra sería más que la población de Palestina durante el reinado de David,

(2) sería difícil acomodar tal población en el desierto de Sinaí, o acamparla enfrente del monte Sinaí,

(3) parece que cruzaron el mar de noche, lo que sería improbable con un número tan elevado,

(4) la Biblia indica que no podían ocupar la tierra prometida por ser pocos, y

(5) Ramsés II tenía un ejercito de 20.000 hombres en su batalla más grande contra los hititas en Kadesh; Israel tendría 30 hombres contra cada egipcio.

Honeycutt ha sugerido una interpretación basada sobre las investigaciones de George Mendenhal. El texto hebraico dice literalmente que partieron unos 600 (eleph) de a pie. La palabra ‘eleph se traduce “mil”, “clan”, o “familia”. Se trata de una subdivisión de un grupo tribal con el propósito de servicio militar. Tradicionalmente los traductores optaron por el uso de la cifra mil : era más impresionante. Sin embargo, con frecuencia el contexto indica que se trata del clan o de la familia: Ahora pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares (‘eleph). Tratan de la tribu y de la familia. Parece mejor traducir ‘eleph entonces como “familias” y no con la cifra máxima “millares”.

A la luz del análisis, se sugiere que la lista era para el propósito de servicio militar: Moisés tuvo a su disposición 600 unidades militares, o posiblemente había 600 “clanes” en el éxodo. Probablemente, hubo unos 2.500 hombres o un total de hasta 25.000 personas en el éxodo.

Si se aplica el mismo análisis a Números, los resultados concuerdan con lo sugerido arriba. Como ilustración, la tribu de Simeón tenía 59 unidades militares (‘elephim) con 300 hombres); Gad tenía 45 unidades con 650 hombres, y Benjamín tenía 35 unidades con 400 hombres en vez de 35.400 soldados.

Con los israelitas salió también una gran multitud de toda clase de gente. Entre ellos había elementos étnicos diferentes. Había egipcios casados con israelitas, una mujer cusita casada con Moisés, un populacho… entre ellos, madianitas que se les juntaron, queneos, calebitas, y probablemente otros esclavos y fragmentos de grupos étnicos sojuzgados por los egipcios. El pertenecer a Israel no era asunto de raza, sino de fe: Cualquiera que aceptara el señorío de Jehová podría ser incluido en la lista de los que salieron libres de Egipto. No había una separación rígida sobre las líneas étnicas.

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