Fuera de la Biblia, la tradición alaba a Moisés por su destacado servicio militar en una campaña al sur del país. Lo cierto es que a Moisés le fue dada la oportunidad de recibir la mejor educación de su época.
De acuerdo con la soberanía divina, Dios usó al faraón en la preparación de aquel que sería el instrumento humano para quitarle a Israel de su poder. Pero todavía le faltaban a Moisés unas materias más en el plan divino de los estudios preparatorios, y el autor se movía rápidamente hacia los cursos requeridos faltantes.
Verdades prácticas
1. El llamamiento divino era, y es, para servir con sacrificio. No hay una garantía de éxito material, ni de una vida fácil.
2. Los tiempos económicos buenos y de tranquilidad pueden ser malos si apartan al pueblo de Dios. Los tiempos malos pueden ser buenos si acercan al pueblo a Dios.
3. La elección divina era, y es, por la gracia. Dios eligió a una nación esclava para ser su instrumento. Tomó al débil para confundir a los grandes.
4. Dios se preocupa por los oprimidos y por la libertad humana.
5. Dios se opone al poder inhumano, y los tiranos del mundo ven la salvación divina como una amenaza a sus sistemas establecidos.
6. Dios se preocupa por la salvación del alma, y por la libertad física de los esclavizados por cualquier clase de tiranía.
7. A pesar del sufrimiento, la vida dura y el trabajo arduo produjeron un pueblo fuerte y capaz de afrontar el cambio difícil que iba a transitar antes de llegar a la tierra prometida.
La preparación en el desierto.
En el desarrollo de Moisés se destacan su compasión hacia los hebreos, y su poder físico. Un día vio el abuso de un egipcio que golpeaba (del verbo nacar) a un hebreo. El texto dice literalmente que miró a uno y otro lado, y viendo que no había nadie, golpeó [o pegó fuertemente; del mismo verbo nacar él al egipcio, y lo escondió en la arena. Lo mató; le pegó al egipcio tan fuerte que murió. Evidentemente no era su intención matarlo; sin embargo, en su enojo contra una injusticia, se le fue la mano y perdió el control de sí mismo.
Otra vez se habla de su fuerza física: Como fugitivo de la justicia egipcia, estaba descansando junto a un pozo de agua en la tierra de Madián. El solo echó a unos pastores de la zona defendiendo el derecho de unas mujeres de sacar agua. Físicamente, Moisés era un hombre bien dotado y desarrollado. Moralmente, se enojaba ante la injusticia social. Sin embargo, el tiempo de su liderazgo no había llegado todavía. Dios tuvo que templarlo, prepararlo más y darle un curso teológico especial.
El esfuerzo de ayudar a Israel por medio de la violencia humana no produjo una chispa revolucionaria, sino resultó en el rechazo de parte del pueblo de aquel que se levantó en defensa de sus derechos. Al día siguiente de la matanza del egipcio, Moisés volvió a la zona y observó a dos hebreos peleando. Entonces dijo al culpable: “¿Por qué golpeas [del verbo nacar H5221] a tu prójimo?”. El hombre rechazó a Moisés como jefe y juez, y le preguntó si pensaba matarlo a él como había matado al egipcio. Moisés comprendió que el hecho era asunto público, y se preguntó: ¿Quién lo había contado? Había tres personas allí el día anterior: el egipcio, el hebreo maltratado y Moisés. El egipcio estaba muerto. El que había contado el asunto era el hebreo, y el pueblo había tenido temor del que había salido en su defensa. Cuando finalmente se identificó con los suyos, fue mal entendido y rechazado.
Ahora Moisés tuvo que huir porque el faraón se enteró del asunto y procuró matarle. La acción de Moisés fue un delito con doble agravante: Asesinó a una autoridad pública mientras que ésta ejercía su función asignada, y la conducta de Moisés podría producir una revuelta general entre los sojuzgados. Para Moisés, la única solución a la situación creada era la fuga de la presencia [es decir, la jurisdicción] del faraón y se fue a la tierra de Madián. Con esto se terminó la primera etapa de su vida. Había alcanzado cuarenta años de edad.
Moisés huyó a la zona de Sinaí, al este del golfo de Aqaba, en la península arábiga. Fuera del control de Egipto, Madián estaba situado sobre las rutas de caravanas de Arabia y sus habitantes, los madianitas, tenían la fama de ser mercaderes. Eran descendientes de Abraham por medio de su esposa Quetura, y Moisés, un levita, iba a vivir entre los suyos como hombre libre. Todavía le hacía falta aclarar algunas verdades teológicas de su herencia hebraica; y, como guía del futuro, necesitaba una orientación en el desierto. Su tiempo no había llegado todavía.
