Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Éxodo 2: Nacimiento de Moisés

Otra vez se ve el arte literario del autor demostrado magistralmente en el texto hebraico: Siete veces empleó el sustantivo niño, y siete veces se refirió a la hija del faraón. La narración fue bien preparada para su conservación y transmisión oral.

Ahora llegó el momento crucial; la madre había preparado bien a la niña. Al ver los hechos y al escuchar a su hermanito llorar, la hermanita (probablemente María de 6 o 7 años de edad) se acercó a la princesa y recitó las palabras bien aprendidas de memoria: ¿Iré a llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño?. ¡Te críe! ¡Ya era niño de la egipcia!

Sin dilatar, la hija del faraón respondió: “Vé, y la muchacha llamó a la madre del niño. No fue un encuentro casual el de las dos mujeres; fue uno lleno de emoción y de reconocimiento. El diálogo fue breve y las palabras simples; sin embargo, el contenido tenía un sentido doble. Uno era para las siervas de la hija del faraón (y para los lectores casuales) que observaban el drama, y el otro era entre dos mujeres separadas por la raza y los niveles sociales. La vida del niño estaba en juego entre ellas. Y la hija del faraón le dijo: “Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré. Literalmente el texto dice: “Yo te daré tu pago (o recompensa)”. ¿Cuál fue el pago que la madre quiso? ¡La vida del niño! Parece que la egipcia reconoció que la nodriza que la muchacha trajo era la madre del niño. El pago económico era secundario. Había entre las dos mujeres un entendimiento muy especial, y el Señor hizo otro milagro en su plan de redención mundial. Sin darse cuenta dos mujeres llegaron a ser instrumentos vitales en la preservación de la vida del libertador futuro del pueblo escogido.

Verdades prácticas 1. La vida sigue a pesar de la opresión. El hombre se casa y tiene hijos a pesar de las condiciones que lo oprimen. El hombre no detiene la vida por decreto; ésta sigue adelante, de acuerdo con el plan de Dios.

2. El afecto natural, por venir de Dios, desea y procura el bien para sus seres cercanos. De esta manera las criaturas nacen en un ambiente propicio para crecer y reproducirse.

3. El verdadero amor es abnegado. Está dispuesto a sacrificar su satisfacción por el bien de la persona amada. La madre de Moisés, pese al dolor que esto le causaba, se separó de su niño para salvarle la vida.

4. El Señor levanta aliados hasta de entre los que se oponen a su pueblo. La hija de faraón estuvo dispuesta a criar a Moisés a sabiendas de que era hebreo.

5. «La mujer tomó al niño y lo crió.» Y así la carrera del caudillo quedó asegurada. La influencia del hogar puede ser determinante en la vocación del individuo. Tras de cada gran hombre están los que en su infancia han influido en él con su enseñanza y ejemplo. La grandeza del carácter no se da en el vacío.

6. Un hombre que ha crecido desde bebé con el conocimiento de haber sido condenado a muerte por un tirano opresor y haber sido rescatado, puede hacerse preguntas acerca de un papel que tiene que desempeñar en el escenario de la vida. El corazón de este hombre es un terreno fértil para el llamado del Señor a una tarea especial relacionada con su experiencia, pues tiene una conciencia de destino.

Providencialmente el niño ahora podría vivir legalmente y tendría la crianza e influencia de dos culturas; sin embargo, la primera sería la de su madre israelita. Quedaría con ella hasta ser destetado, y esto solía extenderse por un período más largo de lo que es la costumbre moderna. Con frecuencia se extendía hasta la edad de cuatro o más; Josefo pensaba que el niño estuvo con su madre israelita hasta los trece años de edad. Moisés estuvo con su madre por lo menos durante los tiernos años críticos y formativos. Ella influyó en él, aun inconscientemente, y jugó un papel importantísimo en el destino de su vida y ministerio final.

La preparación egipcia secular.

El autor no se preocupó de los detalles secundarios, sino que pintó con grandes rasgos los pasos fundamentales en la preparación del líder futuro. Cuando el niño creció, la madre le llevó al palacio, y la hija del faraón le prohijó. El vino a ser para ella su hijo, y ella le puso por nombre Moisés, diciendo: «Porque de las aguas lo saqué». El nombre tuvo un doble significado: para los egipcios significaba “engendrado”, o “hijo”, es decir, “uno engendrado por el Nilo”; y para los hebreos quería decir “sacado” o “uno sacado del agua”.

En el palacio fue objeto del amor, de la protección y de las ventajas de uno que correspondía a la realeza. Llegó a conocer el diseño del palacio como la palma de su mano, desde el salón del trono hasta la cocina y los establos. Como dijo Esteban muchos años después, recibió la educación clásica para ser un dirigente o administrador de la nación.

La educación de los príncipes era amplia y rigurosa. Todo llegaría a serle útil en los años venideros, aunque Moisés debió haber tenido un sentir de frustración durante muchos años en el exilio. La educación clásica incluía instrucción en las ceremonias y en las creencias religiosas. Los estudios legales también formaban una parte del plan de estudios. Los príncipes recibían instrucciones en el arte de escribir, en la sabiduría egipcia, en los escritos de los sumerios, en los sistemas legales asirios y babilónicos, en la medicina, en la magia, en la geografía y en la ciencia militar.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar