En círculos pastoriles como también en tierras desérticas, un pozo de agua juega un papel importantísimo, no simplemente en cuanto al agua viva, sino también en la vida social, y así fue para Moisés. Mientras que estaba sentado junto a un pozo, las hijas del sacerdote de la zona llegaron para sacar agua, y según el testimonio de una de ellas, un hombre egipcio las defendió de los pastores y las ayudó a sacar agua para dar a las ovejas. Como resultado de su acción vigorosa en defensa de los derechos de las débiles, recibió una invitación del sacerdote de comer con él. Allí Moisés obtuvo lugar para vivir, trabajar y casarse con una hija del sacerdote. Ella se llamaba Séfora (lit., “pajarilla”). En Madián nació su primer hijo, Gersón.
Pasaron los años y falleció el faraón tan opresivo (el oyente o lector lo sabe; Moisés no lo sabrá sino hasta el 4:19). Entretanto, seguía el gemir de Israel a causa de la esclavitud, sin evidencia ninguna de recordar el propósito de su elección. A pesar de clamar a Dios, el pueblo no vivía como Dios quería: Seguía la norma de Jacob y no la de Israel. Parece que estuvieron al punto de olvidarse de Dios; sin embargo, Dios no se había olvidado de ellos. Aun sin haber logrado el propósito de su existencia, Dios reconoció su condición. Se acercaba el tiempo de su liberación.
Sin que Israel se diera cuenta, el Señor obraba. Antes de que Moisés supiera del cuidado histórico de Dios, el autor se lo revela a los lectores. Dios miraba al mundo y era el que lo controlaba, aunque a veces parecía que estaba ausente.
Sin saberlo el pueblo, Dios oyó el gemido… se acordó de su pacto… miró…, y reconoció su condición. Dios obró sobre la base del pacto hecho con los patriarcas. La estructura del pacto requería fidelidad a sus estipulaciones de parte de todos los participantes. Dios era fiel en cumplir con sus promesas. El sabía que Israel no había cumplido su parte; sin embargo, mantuvo su acuerdo con los patriarcas.
El verbo “miró” tiene un significado más profundo que simplemente ver algo; incluye conocer la situación. Además, el verbo reconocer es dinámico y significa más que un reconocimiento simple: lleva el sentir de estar involucrado con algo. Dios sentía personalmente la opresión del pueblo y la compartía con ellos. Era un Dios personal que oía y se acordaba de su pacto. Era un Dios que miraba, reconocía y se preocupaba por un mundo oprimido y sufriente. También sufría Dios, y aún hoy en día éste es el mensaje de la cruz. Todavía se preocupa el Señor por su mundo.
