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Génesis 30: Los hijos de Jacob

Si la rivalidad por el esposo no fuera poco, se desarrolla también una rivalidad por causa de los hijos. La envidia y la competencia se añaden al ya difícil ambiente donde se desarrolla esta descendencia especial en los propósitos divinos. Raquel, al reconocer que no podía tener hijos, apela a la costumbre legal de tener hijos del esposo a través de su sierva. La expresión sobre mis rodillas alude al procedimiento legal de adopción según los códigos establecidos. Aparentemente en el caso de Hagar, Sara no adopta a Ismael como a su hijo, sino que Ismael y Hagar se relacionan legalmente con Abraham como hijo y concubina de éste. Raquel da a Jacob dos hijos a través de Bilha. Los nombres dados a sus hijos indican también la creencia de haber ganado el favor de Dios (justicia) y la competencia con su hermana (conflicto). Lea no queda atrás en la competencia y también permite a Jacob la paternidad de dos hijos a través de su sierva Zilpa. Al nombrar a estos hijos, Lea desea convencerse de su fortuna y felicidad al proveer tantos hijos a Jacob.

También se apela a medicinas “fertilizantes” y a acuerdos mutuos “de caballeros” para así proveer más hijos a Jacob. Aunque la medicina fertilizante (mandrágoras) la usa Raquel, es Lea quien nuevamente concibe y añade dos hijos a la descendencia de Jacob. Lea toma estos hijos como una recompensa de Dios y seguridad de honra por parte de su marido por haberle otorgado ya seis hijos varones y finalmente una hija.

El amor preferencial de Jacob, el ruego de Raquel por tener hijos, las mandrágoras, nada pudo abrir la matriz de Raquel sino sólo la intervención de Dios. Una vez más Dios, en medio de conflictos, guía las circunstancias favorablemente hacia su propósito. Y Raquel finalmente concibe y da a luz un hijo a quien nombra José con la esperanza que Dios le siga añadiendo hijos. El nacimiento de José, además de ser el hijo de la esposa que Jacob amaba, marca el final del plazo del pago de dote por Raquel e impulsa a Jacob a iniciar planes para regresar a Canaán. Más tarde, José es el instrumento de preservación de vida de todos los otros hijos de Jacob. Con el nacimiento de José, termina también la rivalidad y los conflictos entre las hermanas, quienes con Jacob y sus hijos forman ahora una unidad familiar diferente a la de Labán y con propósito de volver a Canaán.

Los hijos son heredad de Dios Para Jacob el tener hijos era muy importante. Las dos mujeres lo sabían y por eso sus esfuerzos para dar a su marido tantos hijos como fuera posible. Hicieron todos los esfuerzos legales y «médicos» que tuvieron a su mano para acrecentar el número de hijos, pero finalmente reconocieron que sólo Dios era el origen y el dador de la vida. En la concepción y el nacimiento de José se afirmaron fue Dios quien, «vio la aflicción», «escuchó» y «se acordó». Cuánta razón tiene el salmista cuando afirma que «heredad de Jehová son los hijos».

Este ambiente de hogar tan negativo para el nacimiento y crianza de la descendencia especial del patriarca nos invita a reflexionar en la causa. Por un lado nos hace pensar que este ambiente es consecuencia de las decisiones ambiciosas e interesadas de los hombres. Pero por el otro, debemos aceptar el designio de Dios quien para evitar jactancia humana ha demostrado preferencia por lo que los hombres consideran inapropiado, débil y menospreciado. De cualquier manera, este ambiente de rivalidad, competencia, envidia y conflictos continuos deja sus huellas en los hijos de Jacob quienes se manejan de la misma manera en el transcurso de sus vidas, a tal punto de atentar contra la vida de uno de ellos. En las listas de descendencia, estos hijos están agrupados por sus madres lo que refleja varias subunidades familiares.

Debemos reconocer que muchos hogares y familias, aún de creyentes, están afectados por estas mismas circunstancias. Nos hace pensar seriamente en la urgencia de establecer matrimonios estables y relaciones sanas entre cónyuges. Nos obliga también a aceptar la gran responsabilidad de ofrecer el mejor ambiente en nuestros hogares, iglesias y sociedad para la crianza de nuestros hijos. En la fe cristiana, la oferta del fruto del Espíritu y adopción de las instrucciones sabias de los llamados “Manuales domésticos del Nuevo Testamento”, presentan la solución para evitar hogares desastrosos. Ciertamente el hogar de Jacob, por lo menos en los primeros 14 años, no fue nada ideal. Pero el Dios fiel a su propósito y lleno de misericordia, se digna ir formando a su pueblo escogido de esta descendencia.

Mandrágoras Entonces se acordó Dios de Raquel. La escuchó y le dio hijos. Ella concibió y dio a luz un hijo, y dijo: “Dios ha quitado mi afrenta.“ Y llamó su nombre José. La repetición de la palabra Dios hace énfasis sobre el hecho que fue Dios quien quitó la esterilidad de Raquel y no las mandrágoras. La palabra afrenta quiere decir la incapacidad de tener hijos. La palabra en el hebreo viene de un verbo asociado con recoger o pizcar fruta. De aquí viene la idea de seleccionar la frutas buenas y «despreciar» las que no sirven. También se usa la palabra para referirse al paso entre dos estaciones por ejemplo entre el invierno y la primavera. Raquel se sentía como «la fruta despreciada» o el invierno triste por su incapacidad para tener hijos. Ella se sentía insatisfecha consigo misma como mujer y culpable por no poder complacer a su marido. Ahora, por la gracia del Señor, Raquel se sentía «la fruta escogida», brillaba en su alma el gozo de la «primavera» y con razón al nacer su hijo lo llama «José» dando a entender: Dios me ha hecho fruta escogida. Esto es: Dios ha quitado mi afrenta.

Dios prospera a Jacob.

Con la concreción de descendencia, la necesidad inmediata de Jacob es la de obtener los recursos humanos y materiales para llevar una vida independiente y establecer así la identidad de su propia familia. Por ello, al cumplirse el tiempo de servicio por Lea y Raquel, Jacob toma la iniciativa de volver a Canaán con sus mujeres e hijos. Recordemos que Jacob había heredado todos los bienes de su padre en Canaán. La prosperidad material de Jacob no llega fácilmente. Al igual que sus hijos, se desarrolla en medio de dificultades, conflictos, artimañas y con la intervención de Dios a favor de su propósito para con Jacob. La primera dificultad se presenta cuando Labán se opone a la partida de Jacob. El reconoce que su prosperidad material se debe a la bendición de Jehová sobre el trabajo diligente y eficiente de Jacob. Como alternativa, propone a Jacob un salario para que éste permanezca en Harán. Finalmente, Jacob propone un sistema de recompensa que no depende en nada de Labán ni de sus recursos sino de la confianza de Jacob en Jehová y de su conocimiento y diligencia en el trabajo. Jacob escoge como recompensa las ovejas y las cabras de colores menos comunes y sus crías desde ese momento en adelante. Las otras más numerosas y comunes con sus futuras crías similares, permanecen en propiedad de Labán. Esta decisión de Jacob intenta evitar toda sospecha de robo ya que el ganado será diferente para ambos. Además, Jacob sabe que esta proposición será fácilmente aceptada ya que es él quien corre todo el riesgo.

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