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Génesis 38: Judá y Tamar

Gén 38:1 Aconteció en aquel tiempo, que Judá se apartó de sus hermanos, y se fue a un varón adulamita que se llamaba Hira.

Adulam se hallaba en las colinas, alrededor de 14, 5 km al noroeste de Hebrón. Una cueva cercana sirvió de refugio a David cuando era perseguido por Saúl.

Gén 38:2 Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y se llegó a ella.

Gén 38:3 Y ella concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Er.

Gén 38:4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán.

Gén 38:5 Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Quezib cuando lo dio a luz.

Gén 38:6 Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.

Gén 38:7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida.

Y le quitó Jehová la vida : Israel le atribuía a Dios tanto el bien como el mal, la vida como la muerte (véase Isa_45:7). Esta muerte prematura era un castigo por el pecado oculto de Er.

Gén 38:8 Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano.

Gén 38:9 Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano.

La descendencia . . . suya : El primer primogénito nacido del matrimonio con la viuda del hermano se consideraba como hijo de este. Cuando equivale a «cada vez que», lo cual indica que Onán no estaba dispuesto a aceptar la responsabilidad de ser padre de un niño.

Gén 38:10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida.

Onán fue juzgado por su continua y consciente rebelión contra el propósito de aquel tipo de matrimonio.

Esta ley acerca del casamiento de una viuda «de la familia» se explica en Deuteronomios 25:5-10. La razón de ser de esta ley era que la viuda sin hijos pudiera concebir uno que recibiera la herencia del esposo fallecido y, a su debido tiempo, cuidara de ella. Debido a que el hijo de Judá (esposo de Tamar) no tuvo hijos, no había línea familiar a través de la cual pudiera ser transferida la herencia y la bendición del pacto. Dios mató a Onán porque no quiso cumplir la obligación que tenía con su hermano y Tamar.

Gén 38:11 Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre.

Gén 38:12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Después Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnat, él y su amigo Hira el adulamita.

Gén 38:13 Y fue dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas.

Gén 38:14 Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer.

Gén 38:15 Y la vio Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro.

Ramera designa aquí a una prostituta del culto. Esto demuestra la depravación tanto de Judá como del mundo que le rodeaba; no fue sólo un acto de fornicación, sino de idolatría.

Gén 38:16 Y se apartó del camino hacia ella, y le dijo: Déjame ahora llegarme a ti: pues no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me darás por llegarte a mí?

Gén 38:17 El respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Dame una prenda hasta que lo envíes.

Gén 38:18 Entonces Judá dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu sello, tu cordón, y tu báculo que tienes en tu mano. Y él se los dio, y se llegó a ella, y ella concibió de él.

Un sello era una forma de identificación que se empleaba para autenticar los documentos legales. Por lo general era un diseño único tallado en piedra y montado en un anillo o collar que era inseparable de su dueño. Las personas ricas o de gran prestigio utilizaban sellos para imprimir marcas en el barro o en la cera como una especie de firma. Obviamente, ya que Tamar tenía el sello de Judá, podía probar que él había estado con ella.

Gén 38:19 Luego se levantó y se fue, y se quitó el velo de sobre sí, y se vistió las ropas de su viudez.

Gén 38:20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por medio de su amigo el adulamita, para que éste recibiese la prenda de la mujer; pero no la halló.

Gén 38:21 Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de Enaim junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera alguna.

Gén 38:22 Entonces él se volvió a Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera.

Gén 38:23 Y Judá dijo: Tómeselo para sí, para que no seamos menospreciados; he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste.

Menospreciados : Judá está irónicamente preocupado por su reputación.

¿Por qué esta historia parece adoptar un punto de vista liviano en cuanto a la prostitución? Las prostitutas eran comunes en las culturas paganas como la de Canaán. Las prostitutas públicas servían a las diosas cananeas y eran parte de los cultos religiosos. Se estimulaba la fornicación para que mejorara la fertilidad en las cosechas y el ganado. Eran más respetadas que las prostitutas privadas, a las que a veces se castigaba cuando las sorprendían. Tamar fue arrastrada a seducir a Judá por su deseo intenso de tener un hijo y ser la matriarca de la estirpe más antigua de Judá. A Judá lo arrastró su lujuria. Ninguno de los dos casos era justificable.

Gén 38:24 Sucedió que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada.

Y sea quemada : Judá estaba usando una expresión legal. De nuevo, la Ley Mosaica incorporaría más tarde esta provisión anterior: muerte por fuego a la adúltera o, más comúnmente, por apedreamiento.

¿Por qué Judá fue tan liberal en su relación con una prostituta y, sin embargo, tan dispuesto a ejecutar a su nuera por ser una de ellas? Para entender esta aparente contradicción, debemos entender el lugar de la mujer en Canaán. La función principal de la mujer era dar a luz hijos que perpetuaran la línea familiar. Para asegurarse de que los hijos pertenecieran a su marido, se esperaba que la novia fuera virgen y que después de casados tuviera relaciones sólo con él. Si una esposa cometía adulterio, podría ser ejecutada. Algunas mujeres, sin embargo, no pertenecían a una familia. Podían ser prostitutas del santuario, que eran mantenidas por medio de las ofrendas, o prostitutas comunes mantenidas por los hombres que utilizaban sus servicios. Sus hijos no eran herederos de nadie, y los hombres que las contrataban no adulteraban la línea sanguínea de nadie.

Judá no consideró malo contratar a una prostituta por una noche; después de todo, él con gusto la pagaba. Pero quiso que mataran a Tamar, porque si ella había quedado embarazada como resultado de la prostitución, su nieto no sería parte de su árbol genealógico. Aparentemente la moralidad sexual nunca le pasó por la mente; su único interés era mantener su herencia dentro de su familia. Lo interesante es que fue Tamar, y no Judá, la que actuó para que tuviera herederos legales. Al seducirlo, actuó más en el espíritu de la ley que Judá cuando no quiso enviarle a su tercer hijo.

Esta historia de ninguna manera implica que Dios se hace de la vista gorda ante la prostitución. A través de la Biblia se condena la prostitución como un pecado serio. Si la historia tiene una moraleja, es que la fidelidad a las obligaciones familiares es importante. Dicho sea de paso, Judá y Tamar son antepasados directos de Jesucristo.

Gén 38:25 Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el cordón y el báculo.

El Sello era una identificación personal que colgaba de un cordón ceñido al cuello de su dueño. El báculo poseía probablemente un labrado distintivo en la punta. Tamar tenía aptitudes para el drama; sabía que nadie en la familia podía identificar tan rápido al propietario de aquellos objetos.

Gén 38:26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.

Cuando Tamar reveló que estaba embarazada, Judá, que sin saberlo la había embarazado, quiso matarla. Judá había encubierto su pecado, sin embargo reprochó a Tamar. A menudo los pecados que tratamos de encubrir en nuestras vidas son los que nos molestan más cuando los vemos en otros. Si le indigna el pecado de otros, puede ser que usted tenga la misma tendencia a pecar y no quiera reconocerlo. Cuando reconocemos nuestro pecado y le pedimos a Dios que nos perdone, perdonar a otros es más fácil.

Gén 38:27 Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí había gemelos en su seno.

Gén 38:28 Sucedió cuando daba a luz, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero.

Gén 38:29 Pero volviendo él a meter la mano, he aquí salió su hermano; y ella dijo: !!Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares.

Gén 38:30 Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.

El nacimiento es sin duda un acontecimiento maravilloso. Este es otro incidente por medio del cual la providencia divina otorga al menor de los hijos el lugar preferente.

El relato sobre José se interrumpe para dejar constancia sobre lo sucedido a Judá . Este tiene importancia porque Fares era un antecesor directo de David, y Judá desempeñó un papel importante en la historia del pueblo hebreo. El relato gira en torno al «levirato» (ley matrimonial), una provisión prometida para asegurar linaje, por medio de su hermano, al hombre que moría sin haber tenido hijos.

Este capítulo presenta el carácter inmoral de Judá en contraste con el carácter moral de José. La falta de integridad en Judá resultó en engaño y discordia familiar. En el siguiente capítulo, vemos cómo la integridad de José y sus sabias decisiones reflejan su carácter justo. Su fidelidad se vio recompensada con bendiciones para sí mismo y para su familia mayores de lo que pudo haber imaginado.

Mujeres en el árbol genealógico de Jesús

Tamar, cananea; Rahab, cananea; Rut, moabita y Betsabé que era israelita.

En esta historia que concierne a Judá, la integridad de la descendencia corre peligro. Pero la acción arriesgada de una mujer previene que la descendencia de Judá sea cortada. El hecho es significativo porque de esta descendencia viene el rey David y Jesucristo.

No se nos dice el tiempo exacto en que Judá se aparta de sus hermanos y forma su propia familia independientemente. Pero todos los incidentes narrados en la historia indican que transcurren en un tiempo de por lo menos dos a tres décadas. El problema surge ante el impedimento de continuación de la descendencia. En un sistema patriarcal, la descendencia del primogénito es crucial para la identificación y dirección del clan. Para proveer en casos en que el primogénito moría sin dejar hijo se establece la ley del levirato. Esta ley permitía que el hermano del primogénito muerto sin hijo, le hiciera concebir a la viuda. El hijo nacido era entonces la cabeza del clan. Y este es el caso de Judá. Su hijo mayor muere sin hijos. Y aunque él aplica la ley del levirato con su segundo hijo, éste también, por razones egoístas, muere sin dejar hijos. Judá teme que el mal está en la mujer y engañosamente le promete su tercer hijo, aunque ya decide no darlo en casamiento.

Al final Judá también queda viudo, poniendo en peligro aun más la sobrevivencia de su línea patriarcal. Aquí es donde aparece Tamar, la dos veces viuda y personaje principal en el desarrollo de esta historia. Ella hace varias cosas para ser el instrumento de descendencia de este patriarca. Primero, espera un tiempo suficiente para el cumplimiento de la promesa de casamiento con el tercer hijo. Pero pronto se da cuenta que ello no ocurriría. Segundo, toma la decisión de quedar encinta del mismo Judá. El relato bíblico no menciona la motivación de esta decisión tan riesgosa y de dudosa moralidad. La explicación que se desprende de la historia es que ella toma el privilegio de la descendencia con mucha seriedad y responsabilidad, mucho más que el propio Judá, recipiente directo de la promesa patriarcal. Ella, aunque extranjera, acepta que esta es una descendencia especial y necesaria en los planes de Dios. Es aquí, como en el caso de Abraham al ofrecer a Isaac, que un valor supremo se antepone ante otro de menor trascendencia. Hay similaridad de decisión en la aceptación de embarazo de María arriesgando toda su integridad moral y social y aún su misma vida al convertirse en instrumento del plan de Dios. Para llevar a cabo su decisión se disfraza de prostituta ritual, costumbre social y religiosamente sancionada en la cultura cananea. Así logra tener relación con Judá, de quien concibe hijos mellizos, uno de los cuales (Fares) continúa la línea de descendencia de Judá hasta el mismo Jesucristo.

Tragedias amontonadas

Este capítulo nos presenta una serie de acontecimientos, todos los cuales terminan en tragedia. Así podemos ver:

1. Los hijos de Judá y su pecado:

(1) Er, hijo mayor, quien se casó muy joven con Tamar, era malo ante los ojos de Jehová y murió joven.

(2) Onán, segundo hijo, no quiso tener hijos en nombre de Er; vertió su simiente en tierra para evitarlo; murió porque hizo lo malo ante los ojos de Jehová.

2. Tamar, la nuera, y su pecado:

(1) Resentía al suegro porque no quiso darle el tercer hijo, Sela, para tener prole.

(2) Engañó al suegro, portándose como una ramera.

(3) Consideró que el fin justifica los medios. Su deseo de tener prole le llevó al extremo del pecado del incesto.

3. Judá y sus pecados:

(1) Se alejó de su familia y tomó por esposa a una cananea.

(2) Al morirse la esposa, decidió ceder a la tentación de adulterio o fornicación para saciar sus deseos carnales.

(3) Estaba listo a castigar severamente a su nuera, sin reconocer que él mismo era culpable también. La ley levítica posteriormente condenaba tales actos.

(4) Reconoció que su pecado era mayor que el de la nuera.

Joya bíblica Pero Jehová estuvo con José, y el hombre tuvo éxito. El estaba en la casa de su señor, el egipcio, quien vio que Jehová estaba con él y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.

Es importante aclarar varios detalles para comprender bien esta historia. Primero, la relación de Judá y Tamar fue hecha como parte de un ritual religioso, aceptable social y moralmente entre los cananeos. Entre los hebreos se considera una abominación. Aunque el uso del término “prostituta” en un lugar es el de la prostituta sagrada y en otro el de la prostituta social, la diferencia se puede explicar desde la perspectiva de ambos participantes. Desde el punto de vista hebreo estos actos “religiosos” son considerados perversión social simplemente. Segundo, Tamar queda disfrazada y Judá nunca descubre su identidad. No hay aquí una relación incestuosa intencional o consciente por parte de Judá. Tercero, ambas partes son viudos y disponibles para entablar una relación marital legal. Es cierto que Tamar estaba legalmente “desposada” con el hijo de Judá. Pero dicha relación matrimonial nunca fue consumada y obviamente Judá había anulado ya ese acuerdo legal. Cuarto, Tamar se asegura de la identidad de su pareja tomando como prenda el anillo y bastón, los que servían de documento de identificación personal. Quinto, al ser descubierto todo, Judá reconoce su error (no de relación sexual sino de rehusar su hijo a Tamar) y la acción justificada de Tamar. Esta acción justa es en referencia al empeño de Tamar en conseguir descendencia a Judá. Este empeño es similar al de las hijas de Lot. Sexto, nunca más tienen relaciones sexuales. La única que Tamar permitió fue con propósito generacional y nada más. Tamar fue la madre de los dos hijos de Judá, pero nunca fue su esposa. La relación fue única y con total intención de progenitura. El nombre de Tamar es mencionada en la genealogía de Jesucristo.

No sólo en esta ocasión la descendencia de Judá corre el peligro de extinción. En el tiempo de los Jueces, nuevamente esta línea casi se corta. Y nuevamente la acción fiel y arriesgada de una mujer extranjera permite a la descendencia continuar (ver el libro de Rut). Desde la perspectiva cristiana, todas estas amenazas de extinción de la descendencia de Judá son intentos de impedir el plan redentor de Dios en Jesucristo. Esa amenaza se intensifica con el decreto de Herodes de matar a todos los niños de Belén y sus alrededores. Y en el intento del dragón contra la mujer se aclara que detrás de todos estos incidentes históricos estaba Satanás en su lucha por impedir la salvación del hombre.

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