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Génesis 38: Judá y Tamar

Judá no consideró malo contratar a una prostituta por una noche; después de todo, él con gusto la pagaba. Pero quiso que mataran a Tamar, porque si ella había quedado embarazada como resultado de la prostitución, su nieto no sería parte de su árbol genealógico. Aparentemente la moralidad sexual nunca le pasó por la mente; su único interés era mantener su herencia dentro de su familia. Lo interesante es que fue Tamar, y no Judá, la que actuó para que tuviera herederos legales. Al seducirlo, actuó más en el espíritu de la ley que Judá cuando no quiso enviarle a su tercer hijo.

Esta historia de ninguna manera implica que Dios se hace de la vista gorda ante la prostitución. A través de la Biblia se condena la prostitución como un pecado serio. Si la historia tiene una moraleja, es que la fidelidad a las obligaciones familiares es importante. Dicho sea de paso, Judá y Tamar son antepasados directos de Jesucristo.

Gén 38:25 Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el cordón y el báculo.

El Sello era una identificación personal que colgaba de un cordón ceñido al cuello de su dueño. El báculo poseía probablemente un labrado distintivo en la punta. Tamar tenía aptitudes para el drama; sabía que nadie en la familia podía identificar tan rápido al propietario de aquellos objetos.

Gén 38:26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.

Cuando Tamar reveló que estaba embarazada, Judá, que sin saberlo la había embarazado, quiso matarla. Judá había encubierto su pecado, sin embargo reprochó a Tamar. A menudo los pecados que tratamos de encubrir en nuestras vidas son los que nos molestan más cuando los vemos en otros. Si le indigna el pecado de otros, puede ser que usted tenga la misma tendencia a pecar y no quiera reconocerlo. Cuando reconocemos nuestro pecado y le pedimos a Dios que nos perdone, perdonar a otros es más fácil.

Gén 38:27 Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí había gemelos en su seno.

Gén 38:28 Sucedió cuando daba a luz, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero.

Gén 38:29 Pero volviendo él a meter la mano, he aquí salió su hermano; y ella dijo: !!Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares.

Gén 38:30 Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.

El nacimiento es sin duda un acontecimiento maravilloso. Este es otro incidente por medio del cual la providencia divina otorga al menor de los hijos el lugar preferente.

El relato sobre José se interrumpe para dejar constancia sobre lo sucedido a Judá . Este tiene importancia porque Fares era un antecesor directo de David, y Judá desempeñó un papel importante en la historia del pueblo hebreo. El relato gira en torno al «levirato» (ley matrimonial), una provisión prometida para asegurar linaje, por medio de su hermano, al hombre que moría sin haber tenido hijos.

Este capítulo presenta el carácter inmoral de Judá en contraste con el carácter moral de José. La falta de integridad en Judá resultó en engaño y discordia familiar. En el siguiente capítulo, vemos cómo la integridad de José y sus sabias decisiones reflejan su carácter justo. Su fidelidad se vio recompensada con bendiciones para sí mismo y para su familia mayores de lo que pudo haber imaginado.

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