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Isaías 56: Profecias de juicio y redención

Isaías 56:1 Así dice el Señor: Preservad el derecho y haced justicia, porque mi salvación está para llegar y mi justicia para ser revelada.

Una profecía que anuncia la salvación de Dios a gente de todas las naciones. Tras el regreso de Babilonia, había muchos prosélitos gentiles del judaísmo. En el reino del Mesías los judíos y los gentiles adorarán juntos a Dios

Isaías 56:2 Cuán bienaventurado es el hombre que hace esto, y el hijo del hombre que a ello se aferra; que guarda el día de reposo sin profanarlo, y guarda su mano de hacer mal alguno.

Dios ordenó al pueblo que descansara y que lo honrara en el día de reposo. Quiere que lo sirvamos todos los días, pero quiere que apartemos uno especial en el que descansemos y concentremos nuestros pensamientos en El. Para los israelitas, este día especial era el sabat (sábado). Algunos cristianos apartan el sábado como día especial, pero la mayoría acepta el domingo (el día de la semana en que Jesús resucitó de los muertos) como el «Día del Señor», un día de descanso y honra a Dios.

El hijo de hombre : Toda la humanidad. Que guarda el día de reposo : Simboliza todo el proceso del arrepentimiento y el firme deseo de caminar con Jehová.

Isaías 56:3 Que el extranjero que se ha allegado al Señor, no diga: Ciertamente el Señor me separará de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí, soy un árbol seco.

El eunuco : Representa a todos aquellos a quienes la Ley prohibía rendir culto a Jehová junto al pueblo de Dios. Isaías proclamó con claridad el mensaje radical de las bendiciones de Dios para todas las personas, incluso para extranjeros y eunucos, quienes a menudo se excluían de la adoración y ni siquiera los consideraban ciudadanos en Israel. Cualquiera que sea su raza, posición social, trabajo o situación financiera, las bendiciones de Dios son iguales tanto para usted como para cualquier otra persona. Ninguno puede excluir de ninguna forma a los que Dios decidió incluir.

Isaías 56:4 Porque así dice el Señor: A los eunucos que guardan mis días de reposo, escogen lo que me agrada y se mantienen firmes en mi pacto,

Isaías 56:5 les daré en mi casa y en mis muros un lugar, y un nombre mejor que el de hijos e hijas; les daré nombre eterno que nunca será borrado.

Isaías 56:6 Y a los extranjeros que se alleguen al Señor para servirle, y para amar el nombre del Señor, para ser sus siervos, a todos los que guardan el día de reposo sin profanarlo, y se mantienen firmes en mi pacto,

Isaías 56:7 yo los traeré a mi santo monte, y los alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.

Jesús citó este versículo cuando expulsó a los cambistas fuera del templo

Isaías 56:8 Declara el Señor Dios que reúne a los dispersos de Israel: Todavía les juntaré otros a los ya reunidos.

Isaías 56:9 Bestias todas del campo, venid a comer, bestias todas del bosque.

Isaías 56:10 Sus centinelas son ciegos, ninguno sabe nada. Todos son perros mudos que no pueden ladrar, soñadores acostados, amigos de dormir;

Isaías 56:11 y los perros son voraces, no se sacian. Y ellos son pastores que no saben entender; todos se han apartado por su camino, cada cual, hasta el último, busca su propia ganancia.

Sus «atalayas» eran los líderes de la nación. Los líderes de Israel estaban ciegos a todo peligro. Indiferentes a las necesidades del pueblo, les preocupaba más satisfacer su propia ambición. Los privilegios especiales del liderazgo pueden provocar que el líder se sacrifique por el bien de su gente o sacrifique a su gente por su propia ambición. Si usted ocupa una posición de liderazgo, utilícela para el bien de su gente.

Isaías 56:12 Venid–dicen–busquemos vino y embriaguémonos de licor; y mañana será como hoy, sólo que mucho mejor.

Esto parece una acusación profética contra los dirigentes pecadores ( atalayas . . . pastores ) de la Jerusalén post-exílica, los cuales se parecerían mucho a los líderes pre-exílicos.

Profecias de juicio y redención

Exhortación a los creyentes gentiles

Como dijimos antes, esta sección está estrechamente relacionada con el llamado del capítulo 55. El versículo 8 es paralelo a 55:12 que expresa la convicción del profeta de que sus gestiones en Babilonia tendrán los resultados anhelados: El Señor reunirá otros más con sus ya reunidos. La referencia a una nueva ola de inmigración a Judá es evidente, e incluiría también prosélitos al judaísmo.

Decir que el llamado dirigido a los prosélitos sea resultado nada más que de un desesperado esfuerzo por incrementar la población de Jerusalén y de los territorios desolados de Judá es desconocer el espíritu sincero y universal del profeta. A la verdad, el llamado completo de 55:1-56:8 ha sido utilizado como una proclama evangelística, desconectada totalmente de su contexto histórico. Sin embargo, esto no está mal porque el profeta mismo la reviste de un carácter universal.

En esta sección el profeta se refiere a los creyentes gentiles, aquellos asirios, babilonios, persas, y a personas de otros orígenes étnicos, que habían abandonado la esclavitud de los ídolos y habían optado por la fe de Israel. Ahora que los judíos vuelven de la cautividad a su tierra prometida, estos prosélitos pueden tener la inquietud de que ahora, sin duda, Jehová los separaría de su pueblo. Pero no; no sucederá así, pues ellos también tienen acceso al monte de la santidad de Jehová y a su templo.

Dijimos, al comentar el capítulo 55, que el pensamiento del profeta allí fluye paralelo a la oración de David en 2 de Samuel 7:11-29. La presente sección es paralela con la oración de Salomón en 1 Reyes 8, sobre todo el párrafo que se refiere a los extranjeros que acudan a Israel de tierras lejanas a causa del nombre de Jehová. El acceso de los gentiles al templo de Jehová en Jerusalén hará que sea llamado casa de oración para todos los pueblos.

Como hemos demostrado, hay una estrecha secuencia en las ideas de la sección 55:1-56:8. Vemos que los gentiles creyentes mencionados en esta sección están en Babilonia o en Persia, no en la tierra de Judá. Algunos inclusive eran eunucos en la corte del rey de Persia, y eunucos aquí bien puede referirse, no sólo a meros funcionarios de la corte real, sino también a personas castradas. No hay razón para seguir a aquellos comentaristas que trazan una línea divisoria entre los capítulos 55 y 56 y que piensan que en 56:1 empieza un material literario atribuido a otro profeta, aun más desconocido, al que algunos llaman “Tercer Isaías”, quien a partir Deuteronomio 56:9 amonesta duramente a los pecadores de Sion con un tono parecido al del profeta Hageo.

Contra la indolencia y la idolatría

Tenemos en esta sección la mayor evidencia que relaciona al profeta con el estado de cosas en la tierra de Judá antes de la llegada de Esdras y Nehemías. Esta sección se divide en dos partes:

a) En la primera parte se describe la situación calamitosa de los habitantes de Judá bajo el yugo indolente de sus propios dirigentes; y
b) La segunda parte se refiere a la idolatría infiltrada en Judá a causa de pactos y contubernios de algunos judíos prominentes con elementos extraños a los designios y la misión de Israel, como los samaritanos y los hijos de Amón.

La situación calamitosa de los judíos se compara con la de un rebaño abandonado y expuesto a las fieras del campo. Las personas puestas para protegerlo de los peligros de fuera son de lo más ineficientes y constituyen ellos mismos un peligro. A ellos el profeta los describe mediante dos analogías:

(1) La primera analogía es la de los centinelas, puestos en lugares altos y prominentes para poder advertir los peligros que acechan al pueblo de Dios. Pero éstos son centinelas ciegos. No existe mayor descalificación para un centinela que la de no poder ver. Sin embargo, esta ceguera no es física, sino la que es consecuencia de la falta de conocimiento de Dios
(2) La segunda analogía es la de los perros ovejeros, que mediante sus ladridos guían al rebaño de acuerdo con la voluntad del pastor. Ellos están dotados de una in- teligencia especial para entender a su amo, a las ovejas y las circunstancias, Pero, ¡ay! ¡Estos perros no pueden ladrar! Así son los dirigentes amordazados, que no prestan ningún servicio, y sin embargo son comilones e insaciables.

Ambos, los centinelas ciegos y los perros pastores que no pueden ladrar, se apartan tras sus propios caminos, cada cual tras su propio provecho. Ellos encubren su indolencia e ineficiencia con banquetes de licor.

Con esta doble analogía el profeta alude a los dirigentes espirituales del pueblo. Los centinelas son los profetas y los perros son los educadores y políticos. Con esta clase de dirigentes y guías espirituales que han generado una sociedad injusta e inmoral el profeta desesperadamente considera los extremos que ocasionan que los justos perezcan y los piadosos sean eliminados. En esta situación los que andan en rectitud no pueden anhelar otra cosa que la paz de la tumba.

En los versículos 3 y 4 el profeta tiene palabras muy duras para los samaritanos, aquellos medio hermanos de los judíos, descendientes de los antiguos israelitas que fueron dejados en su tierra por los asirios y de diferentes grupos étnicos paganos traídos por los mismos asirios. Los samaritanos eran los enemigos más hostiles de la pequeña y débil comunidad judía que había vuelto del cautiverio babilónico, como lo revela repetidas veces el libro de Nehemías. Aludiendo a su origen étnico mixto y a su religión sincretista el profeta dice: descendientes de adúltero y prostituta. Es decir, su inclinación idólatra les había venido por la vía de la herencia.

De las intrigas y de la burla de los samaritanos, y también del peligro que representaban a la vida de la débil comunidad judía y a sus esfuerzos para levantar la muralla de Jerusalén nos habla Nehemias 4:4 : ¡Escucha, oh Dios nuestro, porque somos objeto de desprecio! Devuelve su afrenta sobre sus cabezas….

Sin embargo, el profeta no concebía a estos samaritanos como un factor étnico totalmente ajeno a la herencia y a la misión de Israel en la historia, como habría sucedido en el caso de Esdras y Nehemías. Es posible que al llamarles hijos rebeldes, pero de todas maneras hijos, aún los considere dentro del mismo plano que a los judíos. Después de todo, la expectativa profética de la restauración de Efraín, ¿cómo podría ser de alguna manera realidad descartando por completo a los samaritanos, los descendientes de Efraín?

Las palabras duras del profeta contra los samaritanos nos revelan cuán repugnantes eran a la comunidad judía el factor idolátrico de la religión samaritana y sus antiguas prácticas vinculadas con el animismo, los sacrificios humanos, etc. Los versículos 5-8 describen algunas de las prácticas idolátricas de los antiguos samaritanos: el culto asociado a los robles, la adoración de ciertas piedras modeladas por el efecto constante del agua, el culto de la fertilidad asociado con los lugares altos, etc.

El versículo 9 parece aludir a la interferencia de elementos paganos de origen amonita en la vida de la comunidad judía. La palabra rey (mélej), parece ser una alusión a Moloc (Mólej), el Dios de los amonitas. Como es sabido, Tobías el amonita tuvo una nefasta influencia en la vida de Judá. Es posible que los convenios entre los dirigentes judíos y la gente de Tobías hayan incluido rituales relacionados con Moloc. El profeta parece referirse a circunstancias históricas específicas, como una comitiva enviada de Judá a la tierra de los hijos de Amón, posiblemente de parte del sacerdote Eliasib. Es así que escribe: Enviaste lejos a tus mensajeros (tsirim H6887, “representantes”) y te humillaste hasta el Seol.

El estado de cosas era tal que la pequeña comunidad judía parecía haber venido de Babilonia para encontrar su tumba en Sion. El profeta no puede ocultar su preocupación y su desilusión. También Hageo asociaba la crisis económica y material con una grave situación de corrupción espiritual. Sin embargo, cuando no parece haber ningún destello de esperanza, el profeta repite las palabras de Jehová para un minúsculo remanente que aun se aferra a su Dios: Pero el que se refugia en mí tendrá la tierra por heredad y poseerá mi santo monte. Es posible que en las palabras del versículo 12 se aluda al sacerdote Eliasib que había llegado a disponer del área del monte del templo en Jerusalén como su propiedad privada.

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