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Isaías 55: A aceptar el don de Jehová

Isaías 55:1 Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno.

Comprad sin dinero : La vida abundante que el Señor ofrece no tiene precio. Jehová se dirige al exilio. Llama al pueblo a apartarse de las influencias babilónicas para que pueda gozar del alimento espiritual que le ofrece su Dios. La comida cuesta dinero, dura poco tiempo y solo satisface necesidades físicas. Pero Dios nos ofrece alimento gratuito que nutre nuestra alma. ¿Cómo lo obtenemos? Vamos, oímos, buscamos y clamamos a Dios. La salvación de Dios se ofrece gratuitamente, pero para que nutra nuestras almas debemos recibirla con vehemencia. Moriremos de hambre espiritual sin su alimento, como sin duda moriremos de hambre física sin el pan diario.

Isaías 55:2 ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia.

Isaías 55:3 Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David.

El pacto que hizo Dios con el rey David fue la promesa de una tierra permanente para los israelitas, donde no habría ninguna amenaza de naciones paganas, ni guerra. Pero Israel no cumplió con su parte del pacto de obedecer a Dios y permanecer apartados de los ídolos. Aun así, Dios estaba dispuesto a renovar su pacto una vez más. ¡El es un Dios perdonador!

Las misericordias firmes a David : define el pacto eterno de Dios en términos de lealtad divina al pacto de David. Pablo aplica esto al vivir en Cristo.

Isaías 55:4 He aquí, lo he puesto por testigo a los pueblos, por guía y jefe de las naciones.

Por testigo a los pueblos : Un nuevo líder asumirá el papel de David. Esta es una referencia a Cristo; todavía Isaías tiene al Siervo en mente.

Isaías 55:5 He aquí, llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía, correrá a ti a causa del Señor tu Dios, el Santo de Israel; porque El te ha glorificado.

Isaías 55:6 Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca.

En anticipación de la restauración de su pueblo, Jehová llama a Israel al arrepentimiento. Se dirige a cualquiera que dude que él está a punto de entrar en acción, y le recuerda que sus propósitos transcienden los planes humanos; el ser humano no siempre es capaz de descifrar con precisión los caminos de Dios; nada puede detener sus decretos. Isaías nos dice que clamemos al Señor mientras esté cerca. Dios no planea apartarse de nosotros, pero a menudo somos nosotros los que nos apartamos o construimos una barrera entre ambos. No espere hasta que se haya apartado de Dios para buscarlo. Es probable que más tarde en la vida nos resulte mucho más difícil volvernos a El. O a lo mejor Dios venga a juzgar la tierra antes de que usted decida volverse a El. Busque a Dios ahora, mientras pueda, antes de que sea demasiado tarde.

Isaías 55:7 Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.

Isaías 55:8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos–declara el Señor.

Israel fue muy necio al actuar como si supiera lo que Dios pensaba y planeaba. Su conocimiento y sabiduría son mucho mayores que los del hombre. Somos tontos al querer encajar a Dios en nuestro molde, al querer que sus planes y propósitos se conformen a los nuestros. En vez de ello, debemos esforzarnos para poder encajar en sus planes.

Isaías 55:9 Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Isaías 55:10 Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come,

La Palabra de Dios , evangelización y expansión, La Palabra de Dios. Tanto la evangelización (la divulgación de las Buenas Nuevas) como la expansión (el engrandecimiento del potencial de nuestra vida bajo Dios) se multiplican mediante la «semilla» de la Palabra de Dios. Jesús también describió la Palabra como una «semilla»; es decir, la fuente de toda salvación y crecimiento espiritual dados por el Padre a la humanidad. Todo crecimiento de la vida dentro de su amor viene por su Palabra, mientras la respuesta humana abre camino a sus bendiciones. Una vez recibida, la palabra de la promesa divina jamás queda estéril. El poder de la Palabra permitirá que se cumpla la promesa que ella encierra. Nunca debemos preguntarnos cómo se desarrolla la fe o cómo alcanzamos sus frutos. La fe viene por el «oír» la Palabra de Dios; o sea, recibiéndola con humildad. Los frutos de la fe constituyen el seguro subproducto, ya sea para la salvación de un alma perdida o para proveer a la necesidad de un discípulo. La Palabra de Dios nunca será infructífera o estéril: ¡En ella reside el poder que le da vida!.

Isaías 55:11 así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié.

Las promesas y planes ( mi palabra ) de Dios se cumplen con tanta seguridad, como sucede con la caída de la lluvia y la nieve en la naturaleza.

Isaías 55:12 Porque con alegría saldréis, y con paz seréis conducidos; los montes y las colinas prorrumpirán en gritos de júbilo delante de vosotros, y todos los árboles del campo batirán palmas.

Estos versículos describen simbólicamente el gozo de la creación por la acción redentora de Dios. Cumplidos en parte durante el regreso de la cautividad, estos versículos poseen, en última instancia, un significado mesiánico y escatológico. Describen la alegría del cosmos ante el reinado de Cristo, así como profetizan el mundo por venir, cuando «la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción».

Isaías 55:13 En lugar del espino crecerá el ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá el mirto; y esto será para gloria del Señor, para señal eterna que nunca será borrada.

Llamado a aceptar el don de Jehová

Las profecías del capítulos 55 y de los primeros 8 versículos del capítulos 56 constituyen quizá las últimas proclamas de nuestro profeta en Babilonia, si interpretamos el verbo haláj en su sentido básico. Como hemos dicho antes, es posible que después de haber inmigrado a Jerusalén nuestro profeta haya vuelto temporalmente a Babilonia para promover la aliyáh, es decir la inmigración a Sion. Esta vez, no sólo la inmigración de judíos ocupa el foco de su atención e interés, sino también de prosélitos, aquellos extranjeros que se han adherido a Jehová. De esto trataremos en la próxima sección.

En la presente sección confrontamos el problema de la contextualización de esta proclama. El imperativo de haláh, que básicamente significa andar, pero que se traduce normalmente con el verbo ir, es la forma lejú. Tres veces aparece la palabra lejú en el versículo 1, y las tres veces ha sido traducido por venid, en lugar de id o acudid, traducción que también es posible si examinamos el versículo 3. Sin embargo, el contexto geográfico apoya la traducción id.

Un caso similar tenemos en 2:3, donde las palabras lejú venaalé han sido tradicionalmente traducidas: Venid y subamos. Pero la perspectiva allí es que las naciones dispersas por todos los lados del mundo se exhortan unas a otras a ir a Sion. No se trata de un llamado para reunirse en algún lugar del mundo, para luego subir a Sion.

También en 55:1, lejú lamáyim debería ser por lo menos considerada con una traducción posible en una nota: id a las aguas o acudid a las aguas. Si atendemos a este pequeño detalle, es posible que el profeta no estuviera expresando su proclama desde Sion, sino en Babilonia. El está animando a los judíos sedientos de libertad y de realización espiritual, a acudir a las aguas, que aquí simbolizan la abundancia espiritual que sólo se encuentra en Jehová. Pero en la mente y corazón del profeta la satisfacción espiritual es más plena si se cumple la voluntad divina con respecto a llevar de regreso a su pueblo, de la tierra de su cautividad a la tierra de promisión: Israel.

A partir Deuteronomio 55:3 y hasta 56:8 el pensamiento del profeta fluye paralelo a la oración de David en 2 de Samuel 7:11-29. El concepto del pacto, que incluye las fieles misericordias demostradas a David (lit. las fieles misericordias de David) puede traducirse mejor prometidas ya que el verbo es suplido. En 2 de Samuel 7:15 y 16 el Señor promete a David con respecto a cada gobernante de su casa real, la dinastía de David: “… no quitaré de él mi misericordia… Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será establecido para siempre.“. Es el rey mesiánico quien ha sido puesto como testigo a los pueblos. Pero no puede ser compatible el designio de realeza con el presente estado de cautividad que todavía forma parte del consciente y del inconsciente de los hijos de Judá.

Sin embargo, el corazón del llamado profético es espiritual. No se trata meramente de inmigrar a Israel, sino de “buscar a Jehová” y volver a él con actitud de arrepentimiento. Los seres humanos solamente piensan en un plano político, nacionalista, religioso. Pero los pensamientos de Dios están en un plano más elevado.

Los versículos 10-13 expresan la firmeza del designio divino con respecto a su pueblo, Israel, y su territorio en el planeta. El mensaje profético, la palabra que ha salido de la boca de Dios, tendrá resultados concretos y en este caso el resultado será la inmigración de los judíos a Israel: Ciertamente, con alegría saldréis [de Babilonia] y en paz os iréis [a Sion]….

Finalmente, el versículo 12 describe los resultados que se verificarán en aquella tierra desolada cuando sus hijos vuelvan a colonizarla y cultivarla. El incremento de la agricultura y de la reforestación servirán de renombre a Jehová, y de señal eterna que nunca será borrada.

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