De las intrigas y de la burla de los samaritanos, y también del peligro que representaban a la vida de la débil comunidad judía y a sus esfuerzos para levantar la muralla de Jerusalén nos habla Nehemias 4:4 : ¡Escucha, oh Dios nuestro, porque somos objeto de desprecio! Devuelve su afrenta sobre sus cabezas….
Sin embargo, el profeta no concebía a estos samaritanos como un factor étnico totalmente ajeno a la herencia y a la misión de Israel en la historia, como habría sucedido en el caso de Esdras y Nehemías. Es posible que al llamarles hijos rebeldes, pero de todas maneras hijos, aún los considere dentro del mismo plano que a los judíos. Después de todo, la expectativa profética de la restauración de Efraín, ¿cómo podría ser de alguna manera realidad descartando por completo a los samaritanos, los descendientes de Efraín?
Las palabras duras del profeta contra los samaritanos nos revelan cuán repugnantes eran a la comunidad judía el factor idolátrico de la religión samaritana y sus antiguas prácticas vinculadas con el animismo, los sacrificios humanos, etc. Los versículos 5-8 describen algunas de las prácticas idolátricas de los antiguos samaritanos: el culto asociado a los robles, la adoración de ciertas piedras modeladas por el efecto constante del agua, el culto de la fertilidad asociado con los lugares altos, etc.
El versículo 9 parece aludir a la interferencia de elementos paganos de origen amonita en la vida de la comunidad judía. La palabra rey (mélej), parece ser una alusión a Moloc (Mólej), el Dios de los amonitas. Como es sabido, Tobías el amonita tuvo una nefasta influencia en la vida de Judá. Es posible que los convenios entre los dirigentes judíos y la gente de Tobías hayan incluido rituales relacionados con Moloc. El profeta parece referirse a circunstancias históricas específicas, como una comitiva enviada de Judá a la tierra de los hijos de Amón, posiblemente de parte del sacerdote Eliasib. Es así que escribe: Enviaste lejos a tus mensajeros (tsirim H6887, “representantes”) y te humillaste hasta el Seol.
El estado de cosas era tal que la pequeña comunidad judía parecía haber venido de Babilonia para encontrar su tumba en Sion. El profeta no puede ocultar su preocupación y su desilusión. También Hageo asociaba la crisis económica y material con una grave situación de corrupción espiritual. Sin embargo, cuando no parece haber ningún destello de esperanza, el profeta repite las palabras de Jehová para un minúsculo remanente que aun se aferra a su Dios: Pero el que se refugia en mí tendrá la tierra por heredad y poseerá mi santo monte. Es posible que en las palabras del versículo 12 se aluda al sacerdote Eliasib que había llegado a disponer del área del monte del templo en Jerusalén como su propiedad privada.
