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Jeremías 39: La Caída de Jerusalén

Jeremías 39:1  Caída de Jerusalén[a] (2 R 24.20–25.21; 2 Cr 36.17-21; Jeremías 52.3-30) En el noveno año de Sedequías, rey de Judá, en el mes décimo,[b] vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.

El noveno año y el mes décimo era 15 de enero del 588 a.C. Sedequías, hijo del rey Josías y último rey de Judá, gobernó once años, desde el año 597 hasta 586 a.C. Los dos hermanos mayores de Sedequías, Joacaz y Joacim, y su sobrino Joaquín gobernaron antes que él. Cuando llevaron a Joaquín al cautiverio en Babilonia, Nabucodonosor puso a Matanías, de veintiún años de edad, como rey, cambiando su nombre a Sedequías. Este se rebeló en contra de Nabucodonosor, quien lo capturó, mató a sus hijos delante de él y luego lo dejó ciego y lo llevó de regreso a Babilonia donde más tarde murió.

Jeremías 39:2  En el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto,[c] a los nueve días del mes, se abrió una brecha en el muro de la ciudad.

La ciudad cayó el 18 de julio del 586 a.C.. Algunos especialistas, usando un método de cálculo diferente, fechan la caída de Jerusalén en el 587 a.C.

Jeremías 39:3  Entraron todos los jefes del rey de Babilonia y acamparon a la puerta del Medio:[d] Nergal-sarezer,[e] Samgar-nebo, Sarsequim, jefe de los eunucos, Nergal-sarezer, alto funcionario, y todos los demás jefes[f] del rey de Babilonia.[g]

Los oficiales babilonios constituían una junta militar de gobierno. Solamente se menciona a tres de ellos: Nergal – sarezer , de Samgar – nebo , Sarsequim el Rabsaris , y Nergal – sarezer el Rabmag (Nergal-sarezer). Una inscripción babilonia contemporánea cita a Nergal-sarezer como gobernador de Sin-magir (Samgar). «Rabsaris» es el título de un alto funcionario. «Rabmag» ocupa algún alto cargo.

Jeremías 39:4  Al verlos, Sedequías, rey de Judá, y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá.[h]

Por el camino de Arabá : Un amplio valle que se extiende del Mar Muerto al Mar Rojo. Jericó es una ciudad principal del Arabá.

Jeremías 39:5  Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en la llanura de Jericó.[i] Lo apresaron y lo hicieron subir a Ribla, en tierra de Hamat,[j] donde estaba Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cual lo sentenció.

Ribla en tierra de Hamat : Una ciudad siria situada en las riberas del río Orontes, a 56 km al noreste de Baalbec y al sur de Cades. Ribla estaba a 320 km al norte de Jerusalén. Era el centro de operaciones babilónico para gobernar la región.

Jeremías 39:6  Degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de este, en Ribla.[k] Asimismo, el rey de Babilonia hizo degollar a todos los nobles de Judá,

Jeremías 39:7  y al rey Sedequías le sacó los ojos y lo aprisionó con grillos para llevarlo a Babilonia.

Jeremías 39:8  Los caldeos incendiaron la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén.

Jeremías 39:9  Al resto del pueblo que había quedado en la ciudad y a los que se habían adherido a él, con todo el resto del pueblo que había quedado, Nabuzaradán, capitán de la guardia, los deportó a Babilonia.

Jeremías 39:10  Pero Nabuzaradán, capitán de la guardia, hizo que en tierra de Judá se quedaran los pobres del pueblo, los que nada tenían, y les dio viñas y heredades.

Babilonia tenía una astuta política externa hacia las tierras conquistadas. Deportaba a los ricos y poderosos, dejando solo a los muy pobres al mando, por lo que estaban agradecidos con sus conquistadores. Este método aseguraba que las poblaciones conquistadas fueran demasiado leales y débiles para rebelarse.

Jeremías 39:11 Nabucodonosor cuida de Jeremías Nabucodonosor había dado órdenes a Nabuzaradán, capitán de la guardia, acerca de Jeremías, diciendo:

Jeremías 39:12  «Tómalo y vela por él; no le hagas mal alguno, sino haz con él como él te diga».

Dios prometió librar a Jeremías de este problema. Los supersticiosos babilonios, que respetaban en gran manera a los magos y a los que adivinaban la suerte, trataron a Jeremías como un vidente. Debido a que su mismo pueblo lo encarceló, creyeron que era un traidor y que estaba de su parte. Sin duda alguna sabían que aconsejó a Judá que cooperara con Babilonia y predijo la victoria babilónica. Por lo tanto, los babilonios liberaron a Jeremías y lo protegieron.

Jeremías 39:13  Por tanto, Nabuzaradán, capitán de la guardia, el jefe de los eunucos Nabusazbán, el alto funcionario  Nergal-sarezer y todos los jefes del rey de Babilonia

¡Qué diferencia hubo entre el destino de Jeremías y el de Sedequías! A Jeremías lo liberaron, a Sedequías lo encarcelaron. A Jeremías lo salvó su fe, a Sedequías lo destruyó su temor. A Jeremías lo trataron con respeto, a Sedequías lo trataron con desprecio. Jeremías se preocupaba por su pueblo, Sedequías se preocupaba por él mismo.

Jeremías 39:14  enviaron entonces a traer a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam[l] hijo de Safán, para que lo llevara a casa.[m] Y habitó en medio del pueblo.

Gedalías hijo de Ahicam

Jeremías 39:15  Dios promete librar a Ebed-melec Estando preso Jeremías en el patio de la cárcel,[n] le vino palabra de Jehová, diciendo:

Jeremías 39:16  «Ve, habla a Ebed-melec, el etíope,[ñ] y dile: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal y no para bien. Y esto sucederá en aquel día en presencia tuya.

Jeremías 39:17  Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes.

Ebed-melec arriesgó su vida para salvar a Jeremías, el profeta de Dios. Cuando Babilonia conquistó a Jerusalén, Dios protegió a Ebed-melec de los babilonios. Dios tiene recompensas especiales para su gente fiel, pero no todos las recibirán en esta vida

Jeremías 39:18  Ciertamente te libraré y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín,[o] porque tuviste confianza en mí, dice Jehová”».

Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías.

En el capítulo se narran la toma de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, la huida y captura de Sedecías y la liberación de Jeremías, terminando con una profecía salvadora relativa al etíope Abdemelec, antiguo libertador del profeta.

El hagiógrafo da la datación exacta de un hecho tan trascendental como la caída de Jerusalén, la Ciudad Santa. El décimo mes del año noveno de Sedecías (v.1) corresponde a diciembre 589-enero 588.

Es la fecha exacta (se dice que comenzó en el día diez de dicho décimo mes) del principio del asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. Este dirigía las operaciones generales desde el cuartel general, instalado en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). El general jefe de las operaciones dirigidas contra Jerusalén fue Nabuzardán. El asedio duró año y medio, ya que los caldeos entraron (se abrió la brecha) en el cuarto mes del año undécimo de Sedecías, es decir, en junio-julio del 587 a.C. El cronista da con detalles los nombres del estado mayor del ejército invasor, que se instaló en la puerta del medio, que nos es desconocida. Se supone que sea una denominación genérica para designar una puerta en el centro de la ciudad. Se la ha querido identificar con la puerta de Efraím, junto al actual santo sepulcro, en el primer muro que unía la colina occidental con la colina del templo.

De los cuatro nombres propios de los babilonios dados en el texto, el tercero y cuarto van acompañados de su título oficial. El primero y el cuarto son nombres idénticos. En la transcripción arriba puesta hemos seguido el texto hebreo, pues el griego y el latino son bastante diferentes. Conocemos una lista de dignatarios de la corte de Nabucodonosor, conservada en un prisma, actualmente en Constantinopla, en la que aparecen los nombres de Nabuzardán y Nergalsareser, que encontramos también en este texto de Jeremías. A este último se le llama “el hombre de Sin-Magir,” que debe de ser lo que el hebreo transcribe como Samgar. Sarsakim debe de ser una ditografía de rabsaris o sar-saris, que significa “jefe de los eunucos.” Nebo debe de ser Nabusezbán, que ha perdido sezban por semejanza con el nombre siguiente. Nergalsareser parece ser el que después será sucesor de Nabucodonosor, al que en las listas de reyes se le llama Neriglisar, que reinó desde el 560 al 556 a.C. El título de rabmag corresponde al nombre babilónico rab-mugi, que se ha traducido por “alto funcionario”en la corte civil. Así, pues, en esta maraña de nombres dados por la Biblia quedan sólo como nombres propios reconocibles en las inscripciones cuneiformes Nergalsareser y Nabusezbán.

Los caldeos atacaron la ciudad sobre todo por el norte, que era el lado más vulnerable y por donde entraron todos los invasores en la Ciudad Santa desde Nabucodonosor a los cruzados. El rey y su estado mayor, viendo la situación insostenible, huyeron por el sur hacia el desierto, por donde el ejército de asediantes estaba más desguarnecido. Atravesó el jardín real, fuera ya de los muros, en la confluencia del Cedrón con el valle de Hinnom (más tarde “Gehenna”), actual er-Rababy. La puerta de entre los dos muros estaba en el sudoeste del Ofel, que se abría en el bastión que obstruía con doble muro el valle del Tiropeón. Los fugitivos tomaron el camino del desierto o Araba, con el ánimo probablemente de refugiarse en Amón, reino que formaba parte de la liga antibabilónica. Araba, que significa “estepa,” es la depresión formada por el lecho del Jordán, pero sobre todo la parte que va del mar Muerto al mar Rojo.

Sedecías y sus compañeros lograron llegar a las estepas de Jerico, a punto de pasar el Jordán hacia TransJordania. Sedecías logró reunir en torno a Jericó muchos oficiales y soldados fugitivos, pero no pudo organizar la resistencia. Fue capturado por las tropas caldeas y llevado a Ribla, la actual Rible o Rabie, en la región de Jamat o “Hama” en la actualidad, en la Alta Siria, a 34 kilómetros al sur de Homs. Era un centro de comunicaciones muy apto para dirigir las operaciones contra Fenicia y Palestina, y allí estableció Nabucodonosor su cuartel general, como lo había hecho antes Necao II en 609. La sentencia del rey babilonio fue despiadada. Sedecías era un rey vasallo que había quebrantado el juramento de fidelidad. Había sido puesto en el trono por el mismo Nabucodonosor en 598, cuando fue depuesto su sobrino Jeconías. Fueron asesinados sus hijos de tierna edad (ya que el rey entonces no tenía más que treinta y dos años) delante de él. Quería desenraizar toda su descendencia, acabando así con todo posible brote de insurrección posterior. Y en un refinamiento de crueldad, a Sedecías no le quitó la vida, sino que le sacó los ojos para que llevara una vida triste y despreciada en Babilonia, recordando su triste destino. Era costumbre entre los reyes orientales sacar los ojos a los soberanos vencidos y después llevarlos a formar un cortejo con los otros reyes vencidos en torno al rey vencedor mesopotámico. Algo parecido a la costumbre de los generales romanos de llevar en triunfo por las calles de Roma a los reyes bárbaros vencidos. Asurbanipal se gloría de haber cegado a sus enemigos, y en un bajorrelieve asirio se ve a Sargón (721-705) cegando con su lanza al rey vencido postrado a sus pies. Ezequiel había profetizado que Sedecías no vería al rey de Babilonia, y Jeremías reiteradamente dice que le hablaría boca a boca.

El general en jefe de las operaciones en Palestina, Nabuzardán, deportó a las fuerzas vivas de la población judía. Los palacios y templo de Jerusalén fueron pasto de las llamas. Sólo se dejó en Judá a los pobres del pueblo, que no tenían nada, permitiéndoseles cultivar viñas y campos de labor, con cuyos productos habrían de pagar un fuerte tributo al implacable vencedor babilónico.

Nabucodonosor conocía, sin duda por relatos de los desertores hebreos, la actitud de Jeremías durante el asedio, predicando la rendición. Por eso sentía cierta estima por el profeta, aunque no entendiese los motivos religiosos por los que el profeta pedía la sumisión al rey caldeo, instrumento de la justicia divina. Por eso se mostró generoso con él, encargando a su comandante jefe de operaciones, Nabuzardán, que lo tratase con deferencia. Conforme a estas órdenes, los jefes babilónicos libertaron a Jeremías, que aún se hallaba preso en el vestíbulo de la guardia, y se lo encomendaron a Godolías, que iba a ser el gobernador judío puesto por los babilonios después del desastre. Era hijo de Ajicam, protector de Jeremías. Por eso es de suponer que Godolías y el profeta fueran amigos, pues compartían la política de sumisión a Babilonia antes de arrostrar la aventura de una resistencia sin esperanza. Jeremías, pues, quedó habitando en medio del pueblo, es decir, con libertad de acción, participando de las penalidades de los supervivientes. La expresión para que le llevase a su casa parece indicar la reintegración a sus derechos cívicos.

La profecía relativa a Abdemelec quizá fue hecha antes de caer la ciudad en manos de los caldeos, cuando Jeremías fue liberado de la cisterna por su humanitaria intervención. El redactor la pone aquí en el momento de su cumplimiento. Jeremías le promete, en nombre de Dios, que nada le ha de suceder en premio a su buena acción. El eunuco etíope ha dado una lección de religiosidad a todos los judíos, y Yahvé se lo premia con la salvación de su vida en medio de tanta ruina. Jerusalén será destruida en cumplimiento a las palabras de Yahvé, pero él no perecerá en la catástrofe. El buen etíope había creído en Jeremías como hombre de Dios; con ello expresó un acto de fe en el mismo Dios: confiaste en mi.

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